Por otro
lado, existe gente que se sale de ese patrón social o cultural —así sea de manera
circunstancial— ya sea por sus comportamientos, hábitos, vestimentas o
decisiones de vida. Son las personas a quienes la sociedad suele tildar de
«raras» simplemente porque no hacen lo que todo el mundo hace.
Diferenciar
lo intrínseco versus lo circunstancial es clave:
-
La
diversidad es previa y ontológica: Es intrínseca al hecho de ser humano.
-
La
rareza es una cuestión de visiones, momentos y elecciones: Está atada a
contextos e inclinaciones personales. Un día puedes estar estadísticamente
dentro de la norma y al siguiente decidir que ese patrón no te conviene; o al
revés: tras haber habitado en la rareza, adaptarte a un molde porque te
reconoces mejor en él.
El límite innegociable: Dignidad y Derechos Humanos
Frente a lo
raro —y ante el choque estético o la incomodidad que pueda generar— nos
comportamos como podemos, porque lo raro nos inquieta, nos interpela, nos hace preguntas.
O sea, es lógico que prefiramos evitarlo. Porque cada quien reacciona en
función de sus posibilidades psicológicas, sociales y afectivas adquiridas por
nuestra educación formal e informal y asumidas por nuestros criterios personales.
Sin embargo, esa reacción jamás puede incluir la violencia, la discriminación
ni ningún otro tipo de acción negativa.
Tanto la
diversidad como la rareza son patrimonios del ser humano. En ambos casos, es la
persona la que está en juego, con toda su dignidad, sus derechos y sus
obligaciones. No existe una jerarquización de la condición humana. Los derechos
humanos son intrínsecos al ser; por ello existe un esfuerzo sistemático por
conservarlos, promoverlos y protegerlos a través de las leyes y los comportamientos
sociales que ordenan la convivencia.
La educación y la rareza como ventana al crecimiento
La
diversidad es inevitablemente humana, pero saber aprovecharla, enriquecerse de
ella y disfrutarla es una decisión personal. Por eso, la educación para la
comprensión de la diversidad es la clave para el desarrollo de la humanidad.
Por eso, por ser humana, toda sociedad se refleja en la forma en que acepta la
diversidad y, también, cómo la defiende y la ataca. Pero sobre todo como es
activa en su defensa, espacio para expresarla y posibilidad de generar riquezas
desde esa diversidad a nivel social y cultural.
A nivel
personal, la experiencia demuestra que las rarezas son verdaderas formas de
preguntarnos cosas sobre nosotros mismos. Son interpelaciones que, si somos
capaces de contemplar de otro modo, nos ofrecen valiosas lecciones. La rareza
le habla a nuestros deseos y a nuestras necesidades no reconocidas; y quizás,
precisamente en esa grieta de lo inesperado, se esconda un indicio de
felicidad.

