miércoles, junio 03, 2026

Ni una menos

Esta consigna es un dolor que nos atraviesa. Surge por la cruel realidad con que convivimos. Ni una menos es porque hay varias menos. Algo fracasó, una y otra vez para que no pase. El fracaso no es sólo un sistema que no cumplió lo mínimo necesario. Porque lo que nos debe doler mucho, de un modo lacerante es eso: que si se hubieran hecho pocas cosas hoy serían una más. Una mujer más viva y no muerta. Pero de nuevo, frente al dolor sin piedad, ¿qué hacemos? Pues es simple, seguir a las mujeres: ellas están mostrando siempre que no se debe parar, que con dolor y todo se continúa porque lo que sigue es importante, vital, necesario, urgente y solidario. No se trata de otra cosa. Se trata de comprender que ni una menos, es decir con la serenidad que nace de la convicción, la valentía que nace de la certeza, la seguridad que nace de la justicia que hay mucho que hacer y es ahora el momento de hacerlo. Y es ahora, porque aún hay una menos y eso nos debe doler como ser humano. Eso nos debe movilizar y, sobre todo, comprender de una vez que mientras otra sufra, cargue penas ajenas, sufra la violencia, la humanidad debe estar en alerta permanente, en acción continua y en la intención de trabajar para que no sea así.

 

3/6/2026

Francisco Viola.

Elucubraciones nómadas – II (Inédito)

martes, junio 02, 2026

El país de los otros

Recordemos lo obvio: El arte, ¿te gusta o no te gusta? Cuestiones personales lo deciden, que se
oponen literalmente a otras.  O sea, una opinión es solo eso, una opinión. No pretende justificar otra cosa que por qué algo me resulta agradable.

Dentro de la elección personal no me gusta la auto-ficción. Encuentro que la barrera que se impone para poder asociarlo conmigo es muy agresiva. En la auto-ficción, quien escribe tiene nombre y apellido (pelos y señas, como decían). O sea, es alguien concreto que no puede ser otra persona. Sí, es una tontería, pero, para mí hace toda la diferencia en el gusto. Por eso es diferente cuando la novela está basada en alguien, pero es una ficción. Hay una elección como escriba.

Esa fue la elección de Leila Slimani para escribir “El país de los otros” y, supongo, los otros dos libros de la trilogía. Por más que habla, específicamente, de su familia, lo lleva al terreno de la ficción, cambiando nombres y otras cosas. Pero sin dejar de definir realidades, emociones e ideas. De este modo, yo y otros seguramente, podemos identificarnos con mayor facilidad.

En “El país de los otros”, inicio de la trilogía de Leila, encuentro elementos para reconocerme, aún sin ser ni francés ni marroquí, ni ser agricultor, ni mujer, ni alumna en una escuela marroquí con tinte francés. Porque ahí es donde hace la trascendencia del relato, y la novela, sin pretenderlo, toma ribetes más universales. Porque habla sobre algo que a todos nos pasa. Sí, la autoficción también habla de eso, pero en mi percepción de la lectura, mi percepción de los hechos, más cercana de la piel, hay una diferencia sustancial. En estas novelas, sentí una mayor libertad como lector para apropiarme de ella y poder acompañar el relato de una manera más agradable, como caminando con ella y no siendo sólo un espectador de una película, como ver un documental. Aquí la letra va invocando y evocando recuerdos, experiencias, emociones propias, todo de un modo tan artesanal que nos produce ese placer hermoso de sentirnos en comunidad.

En mi caso, insisto, esto simplemente es una opinión, todo esto tiene que ver con la idea de identidad; porque identificarse con algo tiene que ver con estar y no estar. El tema de Facundo Cabral: “No soy de aquí, no soy de allá” que no es otra cosa que sentir que habitas un espacio donde no todos te reconocen y que no siempre los reconoces pero, algunos sí lo hacen y eso es oro en polvo.

Esto, para mí, es clave dentro de esta idea personal de pensar que toda vida siempre puede ser ficcionada. Donde, de entrada, la otra persona está diciendo: “No, todo lo que les voy a decir es verdad”. No hay chisme, no hay intención que lo busques, aunque sí se puede googlear el contexto histórico, la revolución marroquí, la expulsión del sultán, la guerra y eso es una delicia. Lo que te voy a contar es solo parte del andar nómada de todo ser humano.

Pues simplemente, creo, de eso se trata la literatura y el poder leer. Sumergirte en una ficción, encontrando siempre los hilos que tejen la realidad que uno u otro vive, porque así, ser humano es no sólo estar, verse el ombligo, sino reconocerse en los demás, en la alteridad fundante, en la imperiosa necesidad de ver al otro y ser visto por otro.

 

Francisco Viola

Elucubraciones nómadas –II (Inédito).

viernes, mayo 29, 2026

Me duele la universidad

Soy universitario. Lo sé desde hace tiempo, un poco de herencia y otra de convicción nacida de una perspectiva sobre la institución. He crecido amparado por ella, que no son estructuras de concreto, sino personas que la habitan, la transitan y la comparten. Hay en mí una certeza en su rol y, por ello, un convencimiento de la imprescindible necesidad de su existencia. Creo que la universidad, cuando funciona, cumple un rol social que no puede ser reemplazado. La existencia de la universidad permite imaginar un presente mejor y un futuro deseable. Nunca es posible imaginar una sociedad saludable, equitativa, solidaria, fecunda, creativa, productiva y digna sin una universidad pública, laica, accesible para todos y todas los habitantes.

Pero hoy, me duele un poco mucho. Sin dudas, hay cierto cansancio de los años y ese sabor amargo, que nos conquista a fuerza de hacerse cotidiana, que tiene la injusticia. Soy uno más de los que pueden tirar sobre la mesa alguna situación desprolija, una ocasión en que se dilapidó lo poco que existe; puedo contar, como cualquiera que transita la universidad, el constante desapego del conocimiento y del aprendizaje que pululan en sus aulas, por docentes incompetentes o estudiantes desinteresados u otras razones. No soy original si cuento sobre los acomodados del poder que pude presenciar, la negación de derechos de los que no pueden hablar, las violencias encubiertas en trámites, el despecho por preconceptos y la inútil valía que tienen los méritos académicos, salvo cuando la ruleta del poder acierta. Yo podría agregar, como cualquiera, ejemplos harto conocidos sobre la indignidad de la tarea docente o del transitar de los estudiantes por sus pasillos y aulas, soportando estoica o resignadamente los vaivenes del desapego al proceso central de enseñanza aprendizaje. en aulas y pasillos. El vicio de los que no apuestan por la universidad viviendo de ella, son un rosario en el que cada uno podría agregar una cuenta más. Las leyes son movidas por la brújula inmoral de los intereses demasiado personales y son impías cuando el amperímetro marca que no eres simpático para el poder.

Siempre lo fue, lo recuerdo así desde hace demasiado tiempo. Pero hoy me duele más. No sé si por mi propia impericia para el cambio, trastocada como suicidio social o porque ese límite siempre presente es cada vez más ostensible. La impunidad del poder destraba los límites y el todo vale, sólo depende de utilidades particulares.

Me duele la universidad. Quiero creer en otra posibilidad. Sé que es un vil conformismo que se pretende esperanza y no resignación. Creer en lo mejor es lo que nos queda cuando se ve la inutilidad en lo real. La opción ya la dijo Hamlet y, entonces, no es prudencia, sino cobardía. Tal vez. Pero me voy a refugiar en Camus. Aún creo, por eso aún estoy intentando.

 

29/5/2026

jueves, mayo 28, 2026

Educación sexual: el sexo

 El sexo es una actividad humana que debería ser siempre placentera, consentida y protegida. Si bien involucra una descarga fisiológica innegablemente gratificante, el sexo es mucho más que eso: es un pilar fundamental de la identidad y el bienestar humano. En su práctica se cruzan el placer, los derechos, la comunicación, la compañía y las dinámicas de poder; aunque a menudo se ignore alguno de estos factores, o todos. Por eso, buscar el sexo como actividad es un impulso lógico, sin importar la edad.

En la adolescencia, este impulso se vive con cierta urgencia. Al ser una actividad que el mundo adulto suele etiquetar como prohibida, la experiencia se tiñe de improvisación, apuros y la urgencia de llegar al final. En ese escenario —centrándonos en una dinámica heterosexual— la mujer suele perder en el corto plazo –al no conseguir satisfacción, en ocasiones, por la rapidez del encuentro- pero el varón, sin saberlo, pierde a largo plazo. Ya que es condicionado por la forma de ejecutarlo. Hay riesgo en la mecanización del acto, la ansiedad de desempeño o la incapacidad de conectar profundamente, lo cual limita su riqueza vital futura.

Ya mencioné que la vida sexual debe, siempre, pensar en promover la salud integral de la persona. O sea, tanto lo biológico, como lo psicológico y lo social. Lo que implica promover es generar todas las aptitudes y actitudes necesarias para se potencie el bienestar y, eso incluye, pero no es lo único, lo remarquemos, la protección de los inconvenientes que pueden haber.  Si bien los biológicos son muy mencionados, también hay que promover la protección frente a los otros factores.

En lo biológico parece que todo se limita a evitar ITS (uso del preservativo) como también los embarazos no intencionales (los Métodos anticonceptivos). Sin embargo, dentro de esto los adolescentes (también en las otras edades, valga decirlo) tienen dificultades para habla de estos temas y eso puede generar complicaciones porque se pueden demorar en tomar decisiones. Por eso, volvemos al tema esencial para decidir tener sexo hay que comprender que antes que nada la comunicación debe ser abierta, directa y entusiasta. Muchos antes de las medidas de protección que se tomen y, solo debería crecer en los recursos, tanto durante como en el después. Eso garantizaría mucho una vida sexual placentera, rica y creativa siempre.

Específicamente, sugiero que los adolescentes que ya tienen sexo deben no solo saber sobre el ciclo menstrual de su compañera, sino estar enterado de cuando el periodo menstrual llegue. Si, forma parte de la conversación que se debe tener. Básicamente es el refrán español. Al que le guste el durazno que se banque la pelusa.

Ahora bien, poder hablar sobre eso es una parte, como también como se sintieron y que se puede mejorar. Porque es símil al preservativo para lo psicológico y lo social.  Hay mayores posibilidades de evitar complicaciones y eso, siempre permite zambullirse en el placer con más intencionalidad del placer, disposición para la comunicación asertiva y claridad mental y emocional para cuidarse mejor.

viernes, mayo 22, 2026

Límites

 La vida real siempre son límites. Los que nosotros decidimos y los que los demás nos imponen. Algunos de ellos son lógicos, para nosotros. Otros no lo son. Pero algunos de estos últimos lo aceptamos como normales, porque comprendemos que la vida es relacional. Los límites no son impedimentos, necesariamente, sino estructuras que establecen espacios donde desarrollarnos. Está claro que la palabra límites puede ser un cajón de sastre: todo lo que no se puede. Pero no es valorativa, aunque se la entiende así. El “nada es imposible”, o “los limites sólo están en tu cabeza”, son formas de la llamada “auotayuda marketinera” que desprende a las personas de sus realidades y las machaca con alguna culpabilidad. Lo cierto que tener límites es lo normal. O debería serlo. Asumirlos no implica resignación, sino posibilidades de crecimiento. Respetarlos no es sometimiento, sino comprender que la humanidad sólo existe porque lo relacional prima como ejercicio constructivo de creación colectiva.

Reconocer nuestros límites no implica otra cosa que ser humano. Lo que significa conocerse, reconocer y aceptar al otro (la alteridad excelsa), asumir la comunicación como forma imprescindible de estar, asumir que el crecimiento es posible siempre, instalar la creatividad como un recurso ineludible para crecer y tomar conciencia que hay un bien común.

Si ves a los límites como un impedimento o como inexistentes, tal vez sea hora de empezar a pensar más humano.

domingo, mayo 17, 2026

Every body

Una "revolución copernicana" no pasó, ni la original ni las siguientes tampoco, ni suele pasar por los grandes descubrimientos, sino por darnos cuenta, muchas veces, de algo que está frente a nuestros ojos y que, porque alguien lo explica de un modo contundente y simple, finalmente lo comprendemos claramente, de un modo irreversible. Es, por ello, una evidencia que no considerábamos posible y que luego de percibirla, no podemos dejar de verla.

Voy a tomar el lema del día de la salud sexual en 2026, como algo similar, o sea una revolución copernicana. Porque debe alterar lo conocido y se debe responder a ese "sol como centro". El lema de este año, recordemos es: "Cada cuerpo".

La obvio es contundente: todas las personas tienen el cuerpo que tienen y con ello van por la vida haciendo los caminos que ven como posibles, relacionándose como aprenden y permitiéndose el placer que se autorizan. Es bastante simple y completamente directo. 

Pero, por otro lado, lo sabemos son a los cuerpos a los que critican, se los mutilan, se los condicionan y, sobre todo, se los niegan. No solo por las formas que tienen sino, muchas cosas, pero, sobre todo, lo que representan. Es decir, siempre se afecta a su dignidad. 

Al poner este lema la WAS, lleva la idea de justicia sexual a otro nivel de importancia: porque sobre los cuerpos es donde lo sexual aparece como posibilidad real, necesaria, imprescindible, plena de derechos. Por esto, vuelvo a lo obvio: cada cuerpo merece el respeto y la dignidad que se manifiesta en la certeza de su consentimiento siempre. Todo esfuerzo por los Derechos Humanos siempre debe pasar por este indicador clave: ¿Qué estamos haciendo para que cada persona (con su cuerpo vivido) sea capaz de crear un consentimiento que lo digfnique siempre y que se respete plenamente?

Al responder esto, estoy seguro, comprendemos la pertinencia y la urgencia de trabajar con la justicia sexual.

 

15/5/2026

Francisco Viola 

Nota sexuales (Inédito).


miércoles, mayo 13, 2026

Sobre obviedades

Toda marcha es un acto político. Así de simple y contundente. "Nunca es triste la verdad, lo que  no tiene es remedio", canta Serrat y tiene esa razón contundente con que se viste el arte tantas veces. El problema, si lo hay, es como la palabra “político” esconde una adjetivación, interés o simplemente una defensa reduccionista de algo.

Pero quien ocupa un lugar claramente político debería entender que la política es básicamente un “conjunto de actividades, instituciones y procesos mediante los cuales una sociedad toma decisiones colectivas vinculantes”. En este sentido, una marcha es una forma para defender una idea, sugerir un cambio, proponer algo, denunciar lo que se evalúa como injusto, ilegal o, también, para exigir lo que se considera, necesario, equitativo, justo. Ese movimiento es, claramente, el corazón mismo de una política deseable.

Entonces ¿qué está en juego? Para mi es la piedra angular de los problemas actuales ¿Cómo toleramos o convivimos con la discrepancia? La reacción más vista es la agresión. Hasta tal punto que es habitual. O sea, renunciamos al debate, al pensamiento crítico y a la construcción de soluciones más abarcativas. Lo segundo, luego de renunciar, entramos en la necedad como si fuera el palco real y, al hacerlo, no solo ostentamos la estupidez como emblema, sino que dejamos claro que la idea de grupo no es válida, porque sólo funcionan los convencidos, los fanáticos y los demás deben ser excluidos.

Crear la posibilidad de construir colaborativamente una solución necesita mucho más que tener ideas, sino también la intencionalidad clara de pensar nortes comunes, compartidos. Eso no siempre es posible, lo sé. Entonces, ¿qué norte elegimos? Pues para mí la respuesta siempre debe ser el que sea más inclusivo, más equitativo y con más compromiso y justicia social. No creo que los gobiernos que nos tocaron en suerte tengan ese mismo norte (ni este, ni los anteriores). Entonces, como tantas veces, el feminismo dio en la tecla: lo social es político. Lo que realmente es una esperanza.

13/5/2026

Francisco Viola.

Elucubraciones nómadas II (Inédito)

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