En la
adolescencia, este impulso se vive con cierta urgencia. Al ser una actividad
que el mundo adulto suele etiquetar como prohibida, la experiencia se tiñe de
improvisación, apuros y la urgencia de llegar al final. En ese escenario
—centrándonos en una dinámica heterosexual— la mujer suele perder en el corto
plazo –al no conseguir satisfacción, en ocasiones, por la rapidez del
encuentro- pero el varón, sin saberlo, pierde a largo plazo. Ya que es condicionado
por la forma de ejecutarlo. Hay riesgo en la mecanización del acto, la ansiedad
de desempeño o la incapacidad de conectar profundamente, lo cual limita su
riqueza vital futura.
En lo
biológico parece que todo se limita a evitar ITS (uso del preservativo) como
también los embarazos no intencionales (los Métodos anticonceptivos). Sin
embargo, dentro de esto los adolescentes (también en las otras edades, valga
decirlo) tienen dificultades para habla de estos temas y eso puede generar complicaciones
porque se pueden demorar en tomar decisiones. Por eso, volvemos al tema
esencial para decidir tener sexo hay que comprender que antes que nada la comunicación
debe ser abierta, directa y entusiasta. Muchos antes de las medidas de protección
que se tomen y, solo debería crecer en los recursos, tanto durante como en el después.
Eso garantizaría mucho una vida sexual placentera, rica y creativa siempre.
Ahora bien, poder hablar sobre eso es una parte, como también como se sintieron y que se puede mejorar. Porque es símil al preservativo para lo psicológico y lo social. Hay mayores posibilidades de evitar complicaciones y eso, siempre permite zambullirse en el placer con más intencionalidad del placer, disposición para la comunicación asertiva y claridad mental y emocional para cuidarse mejor.
