Nadie me lo pidió, pero lo hago. Tal vez la clave esté en equilibrar el uso que buscamos darle con las garantías y protecciones que debemos exigirme a nosotros mismos. Los argumentos que comparto son conocidos, pero intento decirlos a mi manera, porque en ese matiz personal está la diferencia.
Toda herramienta
es neutra hasta que el ser humano la utiliza. Su creación no es neutral, claro:
responde al principio del ingeniero que ve un problema y busca una solución
influenciada por su contexto e intereses. Pero una vez instalada en la
sociedad, su impacto depende plenamente de la subjetividad de quien la usa, de
sus habilidades y de cuán incorporada tenga una ética del cuidado frente al
potencial destructivo que también nos caracteriza. La IA es una herramienta
más. Posee una capacidad enciclopédica y de procesamiento de datos sobrehumana.
Sin embargo, que una IA pueda corregir este texto y darle una mejor forma no me
quita la autoría de mis ideas ni invalida mi sentido crítico para evaluar el
resultado. Desvalorizar el uso de la IA es negar la capacidad humana de pensar,
de buscar colaboración y de defender ideas, lo que incluye, muchas veces, la
madurez de reconocer cuando estábamos equivocados.
No le doy entidad
humana a la IA; por eso no es mi amiga, pero sí un aliado invaluable. Es lo
mismo que el auto para desplazarme rápido o la pava eléctrica para tener el
mate listo en menos tiempo. Reconozco en ella a una entidad amoral y con
límites claros: quien decide qué parte se apaga y cuál no es siempre el ser
humano, no la máquina. Es verdad que puede moldearse a sí misma por la red de
datos en la que se teje, pero carece de intencionalidad propia; sus recortes y
respuestas son reflejo de lo que nosotros mismos podemos hacer.
La IA existe hoy
como en su momento existieron otras tecnologías, algunas de las cuales causaron
un enorme daño porque el ser humano las utilizó con ese fin. Esa realidad es
innegable. Como bien señaló el filósofo Paul Virilio: "Cuando inventas el
barco, también inventas el naufragio". Por eso, los límites éticos no
deben ponerse en la herramienta, sino en un sistema educativo capaz de
incorporar la tecnología manteniendo siempre como centro la alteridad humana y
los derechos fundamentales.
24/8/2026