Ese cuerpo
lo habitamos como podemos, como aprendemos y como nos relacionamos; lo
habitamos según cómo nos autorizan y cómo nos autorizamos a nosotros mismos en
función del valor, la estima y el reconocimiento que le damos. Ante esta
evidencia accesible para todos, resulta fácil recordar que en la historia de la
humanidad no todos los cuerpos fueron permitidos. Han existido —y existen—
formas de coartar la libertad de ser, llegando a mutilaciones físicas y
simbólicas impuestas por las dinámicas de poder de cada época.
La
sexualidad es una condición ontológica de la especie humana y un elemento axial
de la dignidad. Ella se expande, se expresa, se manifiesta y se habita en la
propia corporalidad. Es esta dimensión encarnada la que delimita y abre todas
las extensiones de existencia. Agreguemos que el ser humano es un ser definitivamente
cultural, ya que el entorno social y cultural define los sentidos que le
permitirán desarrollarse. Por esto motivo todo esfuerzo para garantizar esta sexualidad
debe sostenerse sobre un trípode fundamental:
1.
Educación (Formal e Informal)
Debe
orientarse siempre a una noción del cuerpo basada en la dignidad y el respeto
por la alteridad. La diversidad no es una excepción, sino la condición natural
de la especie humana. Es necesario ir más allá de lo biológico para enseñar a
valorar la diferencia y desmontar los prejuicios que históricamente han
clasificado o marginado ciertos cuerpos.
2.
Autonomía y Consentimiento
El cuerpo
es propiedad inalienable de quien lo habita; por lo tanto, es cada persona
quien debe establecer los criterios de su uso y vivencia. El consentimiento
debe entenderse como un principio permanente, consciente y soberano, que
despoje a cualquier tercero o estructura de poder de la potestad sobre la
corporalidad ajena.
3. Salud,
Expresión y Goce
El cuerpo
debe ser sinceramente el espacio donde la capacidad de expresarnos, disfrutar y
cuidarnos se ejerza sin barreras. El ámbito de la salud no solo implica la
ausencia de enfermedad, sino la garantía del bienestar integral y el placer,
libres de restricciones ideológicas, estigmas o prejuicios impuestos por el
poder.
Este
trípode demuestra que defender la salud sexual es defender la libertad humana
en su sentido más primario: el derecho inalienable a existir, sentir y ser
respetado en el cuerpo que habitamos.
5/8/2026

