viernes, junio 05, 2026

 

Hoy soy rojo y maricón. Porque hoy me duele la razón por la cual Federico murió: lo mataron por una forma de pensar, una forma de sentir una forma de gozar diferente. Morir porque alguien cree que la belleza o la diferencia son un delito, sin otra prueba que tener el poder o el fusil. No debería tener lugar en el mundo, pero lo cierto es que Federico fue fusilado por eso.

Que los versos se sigan diciendo, que a ellos aún se acuerda el mundo entero y por ello se acuerda que viviste. Si, lo sabemos: el que apretó el gatillo desaparece en el limpio silencio del olvido. Tú, Federico, estás vivo, pero me duelen los años que te quitaron, por el placer que no se pudo vivir, por todos los versos que nunca pudiste escribir. Una historia trunca sin ningún sentido.

Me sigue doliendo, la herida todavía sangra porque no es cosa del pasado sino del presente. Porque no importa nada, no se ha ganado mucho si por esas experiencias, no hemos logrado evitar que alguien muera por lo inevitablemente humano: que el otro sea siempre diferente, que exista porque el otro lo merece siempre, que la dignidad nunca sea vapuleada porque no concuerda con mi estrechez mental. No hemos logrado evitar que alguien muera por lo inevitablemente humano: la bendición de ser diferente. Que la dignidad nunca sea vapuleada por no concordar con la estrechez mental ajena

García Lorca la historia dice que estás vivo en cada verso, letra que repetimos. Pero sigue doliendo que haya gente que aún por pensar diferente o por sentir diferente. por gozar de otro modo, aún sea condenada. Hoy, en pleno siglo XXI, Federico vive y Federico muere. ¿Cuál es la excusa ahora?"

 

5/6/2026 (Aniversario del Natalicio de Federico García Lorca

Francisco Viola. Elucubraciones nómadas II (Inédito)

 

Gacela de la muerte oscura":

"Quiero dormir el sueño de las manzanas,

alejarme del tumulto de los cementerios.

Quiero dormir el sueño de aquel niño

que quería cortarse el corazón en alta mar."

 

Oficina y denuncia" (Poeta en Nueva York)

"Yo denuncio a toda la gente

que ignora la otra mitad,

la mitad irredimible

que levanta sus montes de cemento..."

¡Yo escupo en vuestra cara!"

 

Fábula y rueda de los tres amigos

"Cuando se hundieron las formas puras

bajo el cri-cri de las margaritas,

comprendí que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,

abrieron los toneles y los armarios,

destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.

Ya no me encontraron.

¿No me encontraron?

No. No me encontraron."

jueves, junio 04, 2026

La militancia y la praxis crítica

Militar por una causa que se considera justo es fundamental. No hay margen para las dudas. La militancia, lo sabemos con poquito que nos pongamos a ver la historia, genera la fuerza necesaria para cambiar lo urgente y necesario, transformándolo en un cambio tangible. Sin militancia no habría tantos derechos que se demoraron demasiado en hacerse presentes. La militancia es una lucha de un grupo de personas por algo que se pretende. Es una fuerza que buscar modificar el entorno social y es muy pragmática. Por eso es lógico que deba ser un movimiento homogéneo en la idea que se busca y sin muchos grises. Está claro que así funciona. Está bien esto. Lo militante necesita eso, porque su rol es otro es la fuerza de cierto poder, es el estallido que golpea la mesa y abre puertas. Pero hace falta la otra instancia. Porque ese movimiento vital, debe pasar, en algún momento, a la instancia constructiva de nuevos marcos, nuevas políticas, nuevas leyes, nuevos comportamientos. Allí donde se concreta hace falta otras modalidades de acción que lo consigan. Porque para que algo funcione es necesario construir consensos, discutir hipótesis y, estoy completamente convencido, aplicar el pensamiento crítico operativo. Esto no es otra cosa que alguien actúe como abogado del diablo. Si esa persona es callada, no se puede expresar, el proceso no se concreta positivamente. Eso es crucial para ser eficaces o más productivos. El abogado del diablo no puede ser militante. Pero quien puede llevar adelante el cambio, necesita hacerlo.

En la discusión actual las personas deben participar lo más que puedan, pero no solamente como militantes, sino como quienes pueden aplicar el cambio o generar las condiciones para que ese cambio sea realista, rápido y eficaz.

El militante es capaz de silenciar –hasta es lo indicado en la militancia- al que se opone. Las ideas son blanco y negro. O estas a favor de lo que digo, o estas en contra, lo que conlleva que estés equivocado. En ese campo esto es lógico. Hay algo de fanatismo inocultable. Insisto, hay instancias especiales donde esa militancia es vital, porque mueve los paradigmas existentes y arrastra con energía vientos de cambio. La humanidad consiguió más derechos cuando esa militancia actúo para decir Basta, por aquí no, por allí sí. Sin matices y de forma coordinada y contundente.

Pero, luego, en algún momento que se comprendió que el tema necesita un cambio, las personas deben pasar a ser capaces de otra discusión, que lleva al tema militante al terreno de la operacionalización critica de la realidad (Arquitectura Operativa del Cambio), que siempre es interrelacional, contextual y habitado por personas con un pensamiento crítico operativo. Allí no sólo son las certezas de las personas las que juegan, sino, también, la capacidad de análisis de los escenarios, aun de los distintos. Aquí es ese pensamiento crítico operativo el que debe reinar, actuar y, sobre todo, generar preguntas incomodas que faciliten que el cambio sea real, durable y positivo. Pero, aclaremos, no es una visión teórica que navega en el razonamiento infinito, sino la búsqueda concreta, específica y dirigida de los cambios que la militancia pretende. No es la visión de la discusión sin fin, la intelectualización sin propósito y la vuelta al mundo eterna en palabras. Es un proceso racional sobre el tema que la militancia motoriza para hacer que el cambio sea habitable, concreto y con la mayor rapidez que el cambio lo permita. No es la serenidad y prudencia como disruptores del andar, sino ellos como actores concretos del avance.

En el terreno de la sexualidad, ambos espacios -militancia y cambio operativo- son necesarios. Sólo que estimo que "l problema surge cuando la militancia pretende ocupar el espacio de la operatividad, el ciertas ocasiones. Para ser más claro, la militancia acelera –supuestamente- el cambio de paradigma, pero creo que en realidad genera más anticuerpos para el cambio, porque el cambio surge del poder circunstancial y no de la creación crítica del conocimiento que genera autoridad que, en el terreno de la sexualidad, debe basarse en los Derechos Humanos, principalmente. Es más, si la militancia no permite crear, alimentar y defender ese espacio operativo, separado de lo militante, el cambio es superfluo, basado en el poder y siempre genera conductas reactivas y, con ello, retrasamos el camino para el cambio o dejamos a mucha gente vulnerable fuera de los mecanismos protectores. Por eso la militancia puede cambiar, por ejemplo, una ley, pero el cambio operativo real produce cambios en los vínculos y eso hace que el cambio sea más real porque nace adentro de uno.

Mientras lo militante acalla los discursos que dudan, que se oponen, que cuestiona, el cambio operativo crítico de-construye los discursos para crear nuevas certezas compartidas, busca que los opuestos no se opongan, sino que toleren y participen y toma los cuestionamientos como fuerza de crecimiento. Porque el que está en contra de esta o aquella militancia forma parte de la sociedad que debe cambiar. Como se incluye el proceso de cambio. Es la pregunta que una praxis crítica debe solucionar. Obviamente, creo que el silencio de los opositores no es el camino. Eso no implica que haya urgencias que necesitan el peso de una ley ya, aunque no estemos convencidos. Cuando algo hace daño inmediato, la solución es urgente, sin dilaciones. Hay momentos donde la operatividad se concreta por el grito de alerta urgente. Esto también debemos diferenciar.

A lo que apunto no es la instancia esa, sino a la construcción de cualquier cambio. Eso siempre conlleva escuchar al otro, al diferente, al incomodo, al retrógrado, quizás. Porque desde esa escucha activa, dejando que el otro se exprese, se puede construir de otro modo. Pero sin confundir el exponer ideas a permitir cualquier acción. La sutil diferencia que siempre hay entre alimentar vínculos a través de la empatía, generar obligaciones a partir de un bien común y la tolerancia con lo que no concordamos. Permitir el disenso no es aceptar que se violen los Derechos Humanos NUNCA JAMÁS. Aunque me parece ridículo aclarar esto, siento que estamos en tiempos donde aclarar lo obvio, es una necesidad de protegerse ante el mecanismo de poder intolerante que usan los necios y, en ocasiones, ellos están en la mejor militancia.

miércoles, junio 03, 2026

Ni una menos

Esta consigna es un dolor que nos atraviesa. Surge por la cruel realidad con que convivimos. Ni una menos es porque hay varias menos. Algo fracasó, una y otra vez para que no pase. El fracaso no es sólo un sistema que no cumplió lo mínimo necesario. Porque lo que nos debe doler mucho, de un modo lacerante es eso: que si se hubieran hecho pocas cosas hoy serían una más. Una mujer más viva y no muerta. Pero de nuevo, frente al dolor sin piedad, ¿qué hacemos? Pues es simple, seguir a las mujeres: ellas están mostrando siempre que no se debe parar, que con dolor y todo se continúa porque lo que sigue es importante, vital, necesario, urgente y solidario. No se trata de otra cosa. Se trata de comprender que ni una menos, es decir con la serenidad que nace de la convicción, la valentía que nace de la certeza, la seguridad que nace de la justicia que hay mucho que hacer y es ahora el momento de hacerlo. Y es ahora, porque aún hay una menos y eso nos debe doler como ser humano. Eso nos debe movilizar y, sobre todo, comprender de una vez que mientras otra sufra, cargue penas ajenas, sufra la violencia, la humanidad debe estar en alerta permanente, en acción continua y en la intención de trabajar para que no sea así.

 

3/6/2026

Francisco Viola.

Elucubraciones nómadas – II (Inédito)

martes, junio 02, 2026

El país de los otros

Recordemos lo obvio: El arte, ¿te gusta o no te gusta? Cuestiones personales lo deciden, que se
oponen literalmente a otras.  O sea, una opinión es solo eso, una opinión. No pretende justificar otra cosa que por qué algo me resulta agradable.

Dentro de la elección personal no me gusta la auto-ficción. Encuentro que la barrera que se impone para poder asociarlo conmigo es muy agresiva. En la auto-ficción, quien escribe tiene nombre y apellido (pelos y señas, como decían). O sea, es alguien concreto que no puede ser otra persona. Sí, es una tontería, pero, para mí hace toda la diferencia en el gusto. Por eso es diferente cuando la novela está basada en alguien, pero es una ficción. Hay una elección como escriba.

Esa fue la elección de Leila Slimani para escribir “El país de los otros” y, supongo, los otros dos libros de la trilogía. Por más que habla, específicamente, de su familia, lo lleva al terreno de la ficción, cambiando nombres y otras cosas. Pero sin dejar de definir realidades, emociones e ideas. De este modo, yo y otros seguramente, podemos identificarnos con mayor facilidad.

En “El país de los otros”, inicio de la trilogía de Leila, encuentro elementos para reconocerme, aún sin ser ni francés ni marroquí, ni ser agricultor, ni mujer, ni alumna en una escuela marroquí con tinte francés. Porque ahí es donde hace la trascendencia del relato, y la novela, sin pretenderlo, toma ribetes más universales. Porque habla sobre algo que a todos nos pasa. Sí, la autoficción también habla de eso, pero en mi percepción de la lectura, mi percepción de los hechos, más cercana de la piel, hay una diferencia sustancial. En estas novelas, sentí una mayor libertad como lector para apropiarme de ella y poder acompañar el relato de una manera más agradable, como caminando con ella y no siendo sólo un espectador de una película, como ver un documental. Aquí la letra va invocando y evocando recuerdos, experiencias, emociones propias, todo de un modo tan artesanal que nos produce ese placer hermoso de sentirnos en comunidad.

En mi caso, insisto, esto simplemente es una opinión, todo esto tiene que ver con la idea de identidad; porque identificarse con algo tiene que ver con estar y no estar. El tema de Facundo Cabral: “No soy de aquí, no soy de allá” que no es otra cosa que sentir que habitas un espacio donde no todos te reconocen y que no siempre los reconoces pero, algunos sí lo hacen y eso es oro en polvo.

Esto, para mí, es clave dentro de esta idea personal de pensar que toda vida siempre puede ser ficcionada. Donde, de entrada, la otra persona está diciendo: “No, todo lo que les voy a decir es verdad”. No hay chisme, no hay intención que lo busques, aunque sí se puede googlear el contexto histórico, la revolución marroquí, la expulsión del sultán, la guerra y eso es una delicia. Lo que te voy a contar es solo parte del andar nómada de todo ser humano.

Pues simplemente, creo, de eso se trata la literatura y el poder leer. Sumergirte en una ficción, encontrando siempre los hilos que tejen la realidad que uno u otro vive, porque así, ser humano es no sólo estar, verse el ombligo, sino reconocerse en los demás, en la alteridad fundante, en la imperiosa necesidad de ver al otro y ser visto por otro.

 

Francisco Viola

Elucubraciones nómadas –II (Inédito).

viernes, mayo 29, 2026

Me duele la universidad

Soy universitario. Lo sé desde hace tiempo, un poco de herencia y otra de convicción nacida de una perspectiva sobre la institución. He crecido amparado por ella, que no son estructuras de concreto, sino personas que la habitan, la transitan y la comparten. Hay en mí una certeza en su rol y, por ello, un convencimiento de la imprescindible necesidad de su existencia. Creo que la universidad, cuando funciona, cumple un rol social que no puede ser reemplazado. La existencia de la universidad permite imaginar un presente mejor y un futuro deseable. Nunca es posible imaginar una sociedad saludable, equitativa, solidaria, fecunda, creativa, productiva y digna sin una universidad pública, laica, accesible para todos y todas los habitantes.

Pero hoy, me duele un poco mucho. Sin dudas, hay cierto cansancio de los años y ese sabor amargo, que nos conquista a fuerza de hacerse cotidiana, que tiene la injusticia. Soy uno más de los que pueden tirar sobre la mesa alguna situación desprolija, una ocasión en que se dilapidó lo poco que existe; puedo contar, como cualquiera que transita la universidad, el constante desapego del conocimiento y del aprendizaje que pululan en sus aulas, por docentes incompetentes o estudiantes desinteresados u otras razones. No soy original si cuento sobre los acomodados del poder que pude presenciar, la negación de derechos de los que no pueden hablar, las violencias encubiertas en trámites, el despecho por preconceptos y la inútil valía que tienen los méritos académicos, salvo cuando la ruleta del poder acierta. Yo podría agregar, como cualquiera, ejemplos harto conocidos sobre la indignidad de la tarea docente o del transitar de los estudiantes por sus pasillos y aulas, soportando estoica o resignadamente los vaivenes del desapego al proceso central de enseñanza aprendizaje. en aulas y pasillos. El vicio de los que no apuestan por la universidad viviendo de ella, son un rosario en el que cada uno podría agregar una cuenta más. Las leyes son movidas por la brújula inmoral de los intereses demasiado personales y son impías cuando el amperímetro marca que no eres simpático para el poder.

Siempre lo fue, lo recuerdo así desde hace demasiado tiempo. Pero hoy me duele más. No sé si por mi propia impericia para el cambio, trastocada como suicidio social o porque ese límite siempre presente es cada vez más ostensible. La impunidad del poder destraba los límites y el todo vale, sólo depende de utilidades particulares.

Me duele la universidad. Quiero creer en otra posibilidad. Sé que es un vil conformismo que se pretende esperanza y no resignación. Creer en lo mejor es lo que nos queda cuando se ve la inutilidad en lo real. La opción ya la dijo Hamlet y, entonces, no es prudencia, sino cobardía. Tal vez. Pero me voy a refugiar en Camus. Aún creo, por eso aún estoy intentando.

 

29/5/2026

jueves, mayo 28, 2026

Educación sexual: el sexo

 El sexo es una actividad humana que debería ser siempre placentera, consentida y protegida. Si bien involucra una descarga fisiológica innegablemente gratificante, el sexo es mucho más que eso: es un pilar fundamental de la identidad y el bienestar humano. En su práctica se cruzan el placer, los derechos, la comunicación, la compañía y las dinámicas de poder; aunque a menudo se ignore alguno de estos factores, o todos. Por eso, buscar el sexo como actividad es un impulso lógico, sin importar la edad.

En la adolescencia, este impulso se vive con cierta urgencia. Al ser una actividad que el mundo adulto suele etiquetar como prohibida, la experiencia se tiñe de improvisación, apuros y la urgencia de llegar al final. En ese escenario —centrándonos en una dinámica heterosexual— la mujer suele perder en el corto plazo –al no conseguir satisfacción, en ocasiones, por la rapidez del encuentro- pero el varón, sin saberlo, pierde a largo plazo. Ya que es condicionado por la forma de ejecutarlo. Hay riesgo en la mecanización del acto, la ansiedad de desempeño o la incapacidad de conectar profundamente, lo cual limita su riqueza vital futura.

Ya mencioné que la vida sexual debe, siempre, pensar en promover la salud integral de la persona. O sea, tanto lo biológico, como lo psicológico y lo social. Lo que implica promover es generar todas las aptitudes y actitudes necesarias para se potencie el bienestar y, eso incluye, pero no es lo único, lo remarquemos, la protección de los inconvenientes que pueden haber.  Si bien los biológicos son muy mencionados, también hay que promover la protección frente a los otros factores.

En lo biológico parece que todo se limita a evitar ITS (uso del preservativo) como también los embarazos no intencionales (los Métodos anticonceptivos). Sin embargo, dentro de esto los adolescentes (también en las otras edades, valga decirlo) tienen dificultades para habla de estos temas y eso puede generar complicaciones porque se pueden demorar en tomar decisiones. Por eso, volvemos al tema esencial para decidir tener sexo hay que comprender que antes que nada la comunicación debe ser abierta, directa y entusiasta. Muchos antes de las medidas de protección que se tomen y, solo debería crecer en los recursos, tanto durante como en el después. Eso garantizaría mucho una vida sexual placentera, rica y creativa siempre.

Específicamente, sugiero que los adolescentes que ya tienen sexo deben no solo saber sobre el ciclo menstrual de su compañera, sino estar enterado de cuando el periodo menstrual llegue. Si, forma parte de la conversación que se debe tener. Básicamente es el refrán español. Al que le guste el durazno que se banque la pelusa.

Ahora bien, poder hablar sobre eso es una parte, como también como se sintieron y que se puede mejorar. Porque es símil al preservativo para lo psicológico y lo social.  Hay mayores posibilidades de evitar complicaciones y eso, siempre permite zambullirse en el placer con más intencionalidad del placer, disposición para la comunicación asertiva y claridad mental y emocional para cuidarse mejor.

viernes, mayo 22, 2026

Límites

 La vida real siempre son límites. Los que nosotros decidimos y los que los demás nos imponen. Algunos de ellos son lógicos, para nosotros. Otros no lo son. Pero algunos de estos últimos lo aceptamos como normales, porque comprendemos que la vida es relacional. Los límites no son impedimentos, necesariamente, sino estructuras que establecen espacios donde desarrollarnos. Está claro que la palabra límites puede ser un cajón de sastre: todo lo que no se puede. Pero no es valorativa, aunque se la entiende así. El “nada es imposible”, o “los limites sólo están en tu cabeza”, son formas de la llamada “auotayuda marketinera” que desprende a las personas de sus realidades y las machaca con alguna culpabilidad. Lo cierto que tener límites es lo normal. O debería serlo. Asumirlos no implica resignación, sino posibilidades de crecimiento. Respetarlos no es sometimiento, sino comprender que la humanidad sólo existe porque lo relacional prima como ejercicio constructivo de creación colectiva.

Reconocer nuestros límites no implica otra cosa que ser humano. Lo que significa conocerse, reconocer y aceptar al otro (la alteridad excelsa), asumir la comunicación como forma imprescindible de estar, asumir que el crecimiento es posible siempre, instalar la creatividad como un recurso ineludible para crecer y tomar conciencia que hay un bien común.

Si ves a los límites como un impedimento o como inexistentes, tal vez sea hora de empezar a pensar más humano.

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