martes, marzo 03, 2026

Percepciones

Los domingos, generalmente, es noche de milonga para mí. Voy a ver bailar, principalmente y, muy de vez en cuando logró bailar (pero es para otra reflexión). O sea, observo mucho y bailo mucho menos de lo que desearía. Tengo responsabilidad razonada en ello. Hay, realmente, una intención de ética del cuidado. Pero por observar capto detalles (no tantos, tampoco soy bueno observando) que me llevan a escribir ideas (en estas, en ocasiones, acierto en los pensamientos y en las palabras para decir algo que puede ser adecuado). Pero reconozco que el estímulo creativo de lo que observo anida en mí.

Hace años leí un libro de Albino Luciani: Ilustrisimos señores. En el el, el dice que un bar es un buen lugar para identificar los caracteres de las personas. Yo, ayer pensé que dijo eso porque no había visto una milonga. Creo que allí se puede ver más el carácter y hasta la personalidad de las personas, porque se ven distintos comportamientos y, si sabes observar, percibir con claridad esos destellos del carácter de las personas. No como sentencia, ni juicio final, sino que hay detalles que te permitirían vislumbrar a ciertas personas o darte indicaciones por donde van. En algunos casos, estoy seguro, de forma univoca y, en otros, como sugerencias de cómo son.

Pensando en eso, por deformación profesional, pensé en parejas y los problemas que motivan consultas. Diría que una pareja establecida, para poder tener mejores recursos para que su vida sea más placentera, viva y creciente, debería intentar bailar –aprender si es necesario- tango. No porque deban bailarlo bien, necesariamente, aunque es maravilloso si consiguen hacerlo (Recordando que hay personas, como uno, que tiene limitaciones estructurales para el baile, no para disfrutarlo, eso sí). Pero no lo digo por eso, sino porque el carácter de las personas florece en ese esfuerzo que tiene aprender a bailar un tango: tomar conciencia del cuerpo de uno y de la pareja, aceptar las propuestas, procurar claridad para comunicar mensajes, la serenidad para trasmitirlos y recibirlos, la flexibilidad para responder, la intencionalidad del abrazo dedicado a otra persona, la aceptación de las sugerencias, la permeabilidad frente a las respuestas, el valor del silencio, la integridad del sentir, la validez del disenso y el ritual –pagano, mas esencial- de la intimidad compartida en un momento en la búsqueda de un placer, de la conexión y de las sensaciones. Porque una pareja debe tratar de ser consciente, percibir y desarrollar todo eso para mejorar.

Para los que no son pareja, la mayoría en las milongas, se trata de disfrutar la tanda entregado a la excelsa sensación del instante efímero. Pero, estoy persuadido, que bailar tango es un ejercicio para la vida, porque se puede disfrutar sólo si se escucha al otro y se deja que el otro te escuche, a través de la tolerancia a los errores, las certezas del instante y el asumir que todo placer puede volver a comenzar, en la próxima tanda. Y, la metáfora más hermosa: siempre habrá un abrazo que te contenga un instante.

 

1/3/26

Francisco Viola. Elucubraciones nómadas –II (Inédito)

 

jueves, enero 01, 2026

Año nuevo (2026 o cualquiera)

 
Un año nuevo empieza. Lo sabemos, no es otra cosa que la continuidad del tiempo vital. Ayer fue miércoles, hoy jueves y la diferencia está en ese número final de una fecha que se modifica. Es algo obvio y, todo lo sabemos. Pero, ese mínimo cambio, en este año un 5 por un 6, como pasa todos los años, nos general el impulso vital de pensar que las cosas se van a modificar de algún modo porque, independiente de tus creencias, algo diferente puede pasar. Un año nuevo es una esperanza y con ello se van colando deseos, deudas impagas, explicaciones no dadas y también las que necesitamos con urgencia, ansias de lo diferente o de lo mismo que ya tenemos, pero más fuerte. Un año nuevo es una promesa imposible, pensada como algo real. Un año nuevo es, básicamente, una nueva función que nos permitimos. No es magia, no es destino, ni otra cosa que el renovar esfuerzos, tal vez, no insistir en tonterías, o desafiar nuestra lógica y hacer lo diferente esta vez. 
Es la posibilidad que nos damos cada mañana de hacer algo mejor con lo que tenemos o buscar lo que nos falta. Por alguna rara ilusión pensamos que esa posibilidad se da cada vuelta de la tierra (365 días y horas), porque así podemos creer que es real. Pero, aunque nos cueste la única verdad que nos cuesta, somos nosotros siempre, en cada instante, porque podemos hacer las cosas mejores o cambiar el rumbo de lo que estamos haciendo y sintiendo que es incorrecto. No creo en esta magia del cambio de año  (Aclaro: si creo en la magia que dos personas pueden creer y crear, eso siempre), pero no en la magia que dice que las cosas sólo pasan son porque nos proponemos: la tonta ley de la atracción. Yo le doy mucha importancia a la vida real y sé que, objetivamente, hay circunstancias que nos rodean y nos generan, en ocasiones, muchas dificultades. Cada uno sabe los escenarios donde están, las circunstancias que lo rodean y, en ocasiones, lo ahogan. No existe ley de la atracción que nos defienda de lo cotidiano. Pero si creo que hay otros que nos rodean y que en ello hay una realidad que nos permite pensar en esperanzas. Creo, definitivamente, que la palabra puede ayudar, que la mirada del otro es algo que puede ofrecer fuerzas y entusiasmo. Que los abrazos son un súper poder, que las caricias son energía en estado puro. Que los besos pueden ser el aire que nos falta en momentos. Que aun cuando la soledad te rodea inmutable, no estamos solos, aunque no seamos capaces de crear puentes. Por eso, estoy completamente persuadido, que un año nuevo es igual a un día nuevo, una ocasión maravillosa para intentar nuevamente ese baile de ayer. Vivir es sólo intentar con convicción, a pesar de otros fracasos, de habitar el mundo, siendo siempre ese otro que alguien necesita y esperar que ese otro también esté presente para ti. Sea jueves 1 de enero o jueves 17 de septiembre, la función puede empezar nuevamente.

1° /enero /2026

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