La educación es un derecho de las personas, del cual nadie debería ser
privado. Lo sabemos. Los padres y madres tantas veces luchamos contra niños que,
por algún capricho, no quieren ir a la escuela e insistimos en la importancia
de hacerlo.



Quiero insistir que la educación sexual integral es un camino real para mejorar las posibilidades de ser mejores y, entre otras cosas, de prevenir la violencia. La educación sexual es hoy un camino muy concreto, bajo constante análisis y estudio, que permite integrar no sólo conocimientos, sino fortalecer valores deseables, urgentes, necesarios e imprescindibles y, también, para desarrollar habilidades para que los educandos tengan mayor posibilidad de vivir y de construir un mundo mejor. Resistirse a esto es lógico en aquellos que defienden una “ideología machista”. De ellos esperamos eso. La pregunta esencial sería “Los que no la defendemos, ¿seguiremos paralizados al respecto? O, finalmente, exigiremos una educación sexual integral que, entre sus considerandos, está el recuperar mucho la comunidad educativa. Este próximo 25 de noviembre es el día de lucha contra la violencia contra la mujer. Tal vez sea un buen momento para exigir que la educación sea el camino como siempre pregonamos para conseguir que la violencia machista se pueda eliminar.