Pero quien
ocupa un lugar claramente político debería entender que la política es
básicamente un “conjunto de actividades, instituciones y procesos mediante los
cuales una sociedad toma decisiones colectivas vinculantes”. En este sentido,
una marcha es una forma para defender una idea, sugerir un cambio, proponer algo, denunciar
lo que se evalúa como injusto, ilegal o, también, para exigir lo que se considera, necesario, equitativo, justo. Ese movimiento es, claramente, el corazón mismo de una política deseable.
Crear la posibilidad de construir colaborativamente una solución necesita mucho más que tener ideas, sino también la intencionalidad clara de pensar nortes comunes, compartidos. Eso no siempre es posible, lo sé. Entonces, ¿qué norte elegimos? Pues para mí la respuesta siempre debe ser el que sea más inclusivo, más equitativo y con más compromiso y justicia social. No creo que los gobiernos que nos tocaron en suerte tengan ese mismo norte (ni este, ni los anteriores). Entonces, como tantas veces, el feminismo dio en la tecla: lo social es político. Lo que realmente es una esperanza.
13/5/2026
Francisco
Viola.
Elucubraciones
nómadas II (Inédito)
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