Hace poco, un colega me confesó que lo suelen considerar como amable, pero que no entiende por qué le dan esa etiqueta, ya que él se reconoce como parco. Siente que sus acciones no encajan en los parámetros habituales de lo que hoy se vende como "bondad". Me terminó de quedar claro cuando me dio un ejemplo: le incomoda ir a un servicio de comida rápida y que lo atiendan con sonrisas gigantescas y sobreactuadas, impostadas solo para demostrar que se está siendo "amable".
Esa
anécdota me estimuló una reflexión profunda sobre el siglo XXI. Siento que
estamos tan influenciados por los estereotipos y tan obsesionados con lo
políticamente correcto, que perdimos la capacidad de leer entre líneas.
Exageramos las muestras de cortesía para que nadie pueda acusarnos
objetivamente de no serlo. Hoy la amabilidad parece necesitar marquesinas,
ruido y ostentación, cuando en realidad es algo sutil que se percibe en la
piel. Al perder la capacidad de decodificar el lenguaje no verbal y la riqueza
de los matices, la sociedad empezó a exigir exhibicionismo en lugar de
percepciones, prefiriendo el griterío sin sentido antes que los mensajes que
producen un efecto concreto en el alma.
Ante este
panorama, nos queda una pregunta urgente: ¿Cómo somos capaces de educar a las
nuevas generaciones para que comprendan que, en la era del ruido, menos es más?
¿Cómo enseñamos a dar ese "menos que es tan concreto" que traduce
emoción, sentido y acompañamiento en gestos pequeños, silenciosos, pero
profundamente evidentes?
1.
Rehabilitar la atención y la lectura analógica
No se puede
leer entre líneas si se vive apurado o hiperconectado a una pantalla. La
amabilidad de baja intensidad nace de notar lo que el otro necesita antes de
que lo grite. Sostengo que para conseguir eso debemos educar con dedicación en
la observación y el silencio. Enseñar a mirar a los ojos, a registrar el tono
de voz, el cansancio en los hombros ajenos o las manifestaciones silenciosas
pero llenas de palabras de un amigo. Aprender a descifrar el cuerpo es el
primer paso para conectar desde la verdad y no desde el manual de autoayuda.
2. Validar
la "presencia silenciosa" por sobre el aplauso
Vivimos en una
cultura del rendimiento donde parece que lo que no se publica en redes
sociales, no existe. El peligro es criar "actores de la empatía" en
lugar de personas empáticas. Por ello, como antídoto y estrategia habría que
volver a prestigiar los actos invisibles. Enseñar que sostener una puerta,
levantar algo que a un extraño se le cayó, o simplemente sentarse en silencio
al lado de alguien que sufre, tiene un valor infinito. El mensaje educativo
debe ser claro: el impacto de tu acción se mide en cómo hiciste sentir al otro,
no en cuántos testigos tuviste.
3. Fomentar
la coherencia emocional sobre la corrección política. Esto implica una
Educación Sexual Integral basada en la educación sexual integral —valga la
redundancia— y no en los discursos analfabetos que pululan sobre esta urgencia.
Una verdadera educación que no sea una coreografía rígida de "por
favores" y "gracias" vacíos, sino el desarrollo de una educación
emocional que haga que un gesto, incluso parco, sea genuino y oportuno. Educar
en la amabilidad real es enseñar a respetar el espacio, el tiempo y la dignidad
del otro de manera natural, sin buscar recompensas ni validaciones. Esto debe
nacer de establecer la coherencia entre reconocer mis propios sentimientos y
emociones, para ofrecerlas a los demás en la medida en que procuren el bien
común.
En
definitiva, todo esto implica volver a lo sutil, pero con carga axiológica, lo
que es un acto de resistencia cultural, cada vez más urgente.
Lo comprendemos
fácil: quien es amable de verdad no necesita sobreactuar, porque su presencia
se siente sin necesidad de levantar la voz. Por eso el desafío es educar eso en
un mundo lleno de marquesinas encandiladoras, que implica volver a encender las
luces pequeñas: esos detalles cotidianos que no buscan el aplauso, pero que
abrigan el día de cualquiera, donde nace el respeto por el otro, y las posibilidades
ciertas de crear espacios saludables para habitar.
5/7/2026
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