martes, junio 02, 2026

El país de los otros

Recordemos lo obvio: El arte, ¿te gusta o no te gusta? Cuestiones personales lo deciden, que se
oponen literalmente a otras.  O sea, una opinión es solo eso, una opinión. No pretende justificar otra cosa que por qué algo me resulta agradable.

Dentro de la elección personal no me gusta la auto-ficción. Encuentro que la barrera que se impone para poder asociarlo conmigo es muy agresiva. En la auto-ficción, quien escribe tiene nombre y apellido (pelos y señas, como decían). O sea, es alguien concreto que no puede ser otra persona. Sí, es una tontería, pero, para mí hace toda la diferencia en el gusto. Por eso es diferente cuando la novela está basada en alguien, pero es una ficción. Hay una elección como escriba.

Esa fue la elección de Leila Slimani para escribir “El país de los otros” y, supongo, los otros dos libros de la trilogía. Por más que habla, específicamente, de su familia, lo lleva al terreno de la ficción, cambiando nombres y otras cosas. Pero sin dejar de definir realidades, emociones e ideas. De este modo, yo y otros seguramente, podemos identificarnos con mayor facilidad.

En “El país de los otros”, inicio de la trilogía de Leila, encuentro elementos para reconocerme, aún sin ser ni francés ni marroquí, ni ser agricultor, ni mujer, ni alumna en una escuela marroquí con tinte francés. Porque ahí es donde hace la trascendencia del relato, y la novela, sin pretenderlo, toma ribetes más universales. Porque habla sobre algo que a todos nos pasa. Sí, la autoficción también habla de eso, pero en mi percepción de la lectura, mi percepción de los hechos, más cercana de la piel, hay una diferencia sustancial. En estas novelas, sentí una mayor libertad como lector para apropiarme de ella y poder acompañar el relato de una manera más agradable, como caminando con ella y no siendo sólo un espectador de una película, como ver un documental. Aquí la letra va invocando y evocando recuerdos, experiencias, emociones propias, todo de un modo tan artesanal que nos produce ese placer hermoso de sentirnos en comunidad.

En mi caso, insisto, esto simplemente es una opinión, todo esto tiene que ver con la idea de identidad; porque identificarse con algo tiene que ver con estar y no estar. El tema de Facundo Cabral: “No soy de aquí, no soy de allá” que no es otra cosa que sentir que habitas un espacio donde no todos te reconocen y que no siempre los reconoces pero, algunos sí lo hacen y eso es oro en polvo.

Esto, para mí, es clave dentro de esta idea personal de pensar que toda vida siempre puede ser ficcionada. Donde, de entrada, la otra persona está diciendo: “No, todo lo que les voy a decir es verdad”. No hay chisme, no hay intención que lo busques, aunque sí se puede googlear el contexto histórico, la revolución marroquí, la expulsión del sultán, la guerra y eso es una delicia. Lo que te voy a contar es solo parte del andar nómada de todo ser humano.

Pues simplemente, creo, de eso se trata la literatura y el poder leer. Sumergirte en una ficción, encontrando siempre los hilos que tejen la realidad que uno u otro vive, porque así, ser humano es no sólo estar, verse el ombligo, sino reconocerse en los demás, en la alteridad fundante, en la imperiosa necesidad de ver al otro y ser visto por otro.

 

Francisco Viola

Elucubraciones nómadas –II (Inédito).

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