lunes, noviembre 02, 2026

Los prejuicios presentes se ven o se escuchan


«Mirar no es solo ver; es una forma de estar atento al mundo cuando las palabras no alcanzan.»

Oliver Sacks


 Las personas hipoacúsicas, aunque no siempre, a veces tenemos que apoyarnos en los labios y en los gestos para escuchar. Apoyarse no quiere decir que uno maneje la técnica, sino que, intuitivamente y por necesidad, empieza a utilizar los recursos que no están en el oído. No de forma perfecta, sino del modo en que se pueda. Así como no siempre se logra acertar las palabras ni leer grandes oraciones mediante la lectura labial —porque al final no me dedico a eso—, también es verdad que a veces acierto y me apoyo en ello. Eso no te hace infalible en la lectura labial ni en la interpretación del comportamiento no verbal, pero definitivamente te acerca a tener mayor exactitud al escuchar esos lenguajes. Igual hay que tener cuidado, porque a veces podemos cometer errores graves.

En cuanto al comportamiento no verbal, también puedo identificar algunas cosas que la gente trata de evitar, y por lo general lo que uno intenta ocultar no siempre es bueno. Por lo tanto, reconozco el desprecio, la indiferencia y el acto de ignorar dentro de lo no verbal. Una vez que empezás a prestar atención a esto, encontrás patrones. No siempre acertás, pero tampoco te equivocás demasiado: hay cosas en la conducta no verbal que, si las ves, no tienen muchas explicaciones distintas.

Sin embargo, cuando hacés este proceso de observación, también te das cuenta de que tenés que resolverlo con vos mismo. Y ahí entendés, de un modo u otro, que no debés hacerte cargo del prejuicio de los demás, incluso de aquellos prejuicios que ni ellos mismos reconocen o de los que te afectan. Tampoco debés explicarlos, porque es salud que perdés, y no siempre la gente está presta a entender una posición diferente.

En definitiva, se trata de asumir una verdad humana y lógica: nadie está obligado a querer a todo el mundo ni a aceptarlo todo; incluso quienes son realmente tolerantes. Todas las personas tenemos puntos donde no queremos soportar ciertas cosas, así de simple, y tenemos todo el derecho a hacerlo. Por esto insisto en lo obvio: nadie tiene por qué hacerse cargo del prejuicio ajeno. A veces se darán cuenta solos, otros no, pero así es la vida misma.

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