Oliver Sacks
Las personas
hipoacúsicas, aunque no siempre, a veces tenemos que apoyarnos en los labios y
en los gestos para escuchar. Apoyarse no quiere decir que uno maneje la
técnica, sino que, intuitivamente y por necesidad, empieza a utilizar los
recursos que no están en el oído. No de forma perfecta, sino del modo en que se
pueda. Así como no siempre se logra acertar las palabras ni leer grandes
oraciones mediante la lectura labial —porque al final no me dedico a eso—,
también es verdad que a veces acierto y me apoyo en ello. Eso no te hace
infalible en la lectura labial ni en la interpretación del comportamiento no
verbal, pero definitivamente te acerca a tener mayor exactitud al escuchar esos
lenguajes. Igual hay que tener cuidado, porque a veces podemos cometer errores
graves.
En cuanto al
comportamiento no verbal, también puedo identificar algunas cosas que la gente
trata de evitar, y por lo general lo que uno intenta ocultar no siempre es
bueno. Por lo tanto, reconozco el desprecio, la indiferencia y el acto de
ignorar dentro de lo no verbal. Una vez que empezás a prestar atención a esto,
encontrás patrones. No siempre acertás, pero tampoco te equivocás demasiado:
hay cosas en la conducta no verbal que, si las ves, no tienen muchas
explicaciones distintas.
Sin embargo,
cuando hacés este proceso de observación, también te das cuenta de que tenés
que resolverlo con vos mismo. Y ahí entendés, de un modo u otro, que no debés
hacerte cargo del prejuicio de los demás, incluso de aquellos prejuicios que ni
ellos mismos reconocen o de los que te afectan. Tampoco debés explicarlos,
porque es salud que perdés, y no siempre la gente está presta a entender una
posición diferente.
En definitiva, se
trata de asumir una verdad humana y lógica: nadie está obligado a querer a todo
el mundo ni a aceptarlo todo; incluso quienes son realmente tolerantes. Todas
las personas tenemos puntos donde no queremos soportar ciertas cosas, así de simple,
y tenemos todo el derecho a hacerlo. Por esto insisto en lo obvio: nadie tiene
por qué hacerse cargo del prejuicio ajeno. A veces se darán cuenta solos, otros
no, pero así es la vida misma.

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