miércoles, enero 11, 2023

Preguntas para el amor


 

¿Cuántas preguntas alguien debe responderte para saber que es la persona indicada para ti? Es decir, ¿cuáles son las respuestas que alguien deben ser diferentes para saber, a ciencia cierta, que con esa persona no te llevarías bien? No como prejuicio, sino como respuestas sinceras y que sean lo suficientemente claras para ti de modo que puedas afirmar que el amor no está en esa dirección.

Lo que puede parecer un juego de detectives es una ambición de muchas personas y, también, una propuesta que existe. Efectivamente, hay 36 preguntas definidas por el psicólogo neoyorquino Arthur Aron en un estudio preliminar sobre los niveles de intimidad interpersonal. Estas preguntas motivaron a Mandy Len Catron, a escribir un libro que se llama “Cómo enamorarse de cualquier persona, siguiendo estos pasos”, donde explora si se puede acelerar el proceso que lleva a la intimidad entre dos extraños haciendo que respondan a una serie de preguntas específicas.


Más allá de lo preciso e interesante de las preguntas se parte de una hipótesis que podemos comprobar: todo ser humano tiene temas axiales en su vida, puntos innegociables que debe respetar si pretende conservar la paz, desarrollar sensaciones ciertas de alegría, convivir con el placer de manera asidua y sentirse lo suficientemente acompañada para crecer como personas. Básicamente, estar en una relación donde percibamos el amor como algo vivido. No estamos hablando de lo que puedan ser simples opiniones porque ellas, obviamente, pueden variar a lo largo de la vida y de las circunstancias. No me refiero a esto, sino a aquellas cuestiones que son más estables y constantes. Temas importantes (que sólo pueden ser dos o tres, creería) que uno reconoce, sinceramente, como imprescindibles. No necesariamente porque los contrarios o diferentes sean malos, sino porque la mayoría de las personas prefiere lo conocido, aun en lo novedoso.


Es decir, sostengo que al cabo de los años descubrimos que hay cosas nos relajan, y otras que nos molestan; las que nos estimulan positivamente y las que sacan lo peor de adentro de uno; aquellas que buscamos con ahínco y las que preferimos evitar para disfrutar momentos de bienestar, en todo su abanico posible. Porque, lo señalemos, el bienestar es un estado y, por ello, tiene una gama de matices posibles. Esencialmente, quiero señalar que las personas tenemos lugares y momentos que sabemos que son los buenos para uno. Es lógico, entonces, que los prefiramos, sin condenar a nadie. O sea, todos tenemos posibilidades ciertas de hacer las preguntas buenas que nos permitirán saber si esa persona es la adecuada y, obviamente, la otra persona también debería hacerlo, porque una relación es un puente que dos personas recorren.


Esta idea implica una verdad concreta: lo prioritario sería saber cuáles son las preguntas que debemos tener respuestas para que nuestra vida de parejas (donde tantas veces pasa el amor) sea lo óptima que podamos vivir y que, por ser humanos, nos merecemos. Pero no hay un formulario pre-concebido, más allá que existan tests y ejercicios en varias revistas. Sin embargo, se puede hacer una guía, aunque no nos animemos. ¿Por qué no nos animaríamos? Porque para hacerla debemos hacer tres cosas que no siempre nos gustan hacer: vernos al espejo con la mayor sinceridad (procurando el autoconocimiento), confiar en lo que valemos (es decir, fomentar la autoestima) y, a partir de eso, preguntarnos ¿Qué cosas no deseamos nunca para nosotros? Y respondernos la pregunta esencial: ¿Cuáles son los tres (un número como cualquier otro) elementos que me dan la felicidad y que yo puedo garantizarle a quien amo? (*). Finalmente, saber que precisamos recibir para que nuestra felicidad no sea solo una ficción que nos contamos.

Si lo hacemos, puedo afirmar, tendremos mayores posibilidades de estar en el lugar y el momento que queramos, porque lo podremos construir. En definitiva “hacer el amor”, no es sólo sexo, sino una forma artesanal de construir la compañía que enriquece las vidas.

 

*Nota aclaratoria: no es nada material, ni nada tan abstracto que solo puedan ser palabras bonitas, ni slogan publicitarios.

 

jueves, enero 05, 2023

Reyes Magos


 

El 6 de enero se celebra la festividad de Reyes Magos. Son eventos que tienen alguna magia o
evocan infancia, es decir ya no son sólo festividades religiosas, sino simbólicas de las que uno puede apropiarse sin que deba ser un convencido. En esta festividad, en particular, circula una parte de un poema de don Miguel de Unamuno
, que suele emocionar y generar cierta nostalgia de otrora. Dice esa parte: Agranda la puerta, padre, //porque no puedo pasar;// la hiciste para los niños, // yo he crecido a mi pesar. // Si no me agrandas la puerta, // achícame, por piedad;// vuélveme a la edad bendita //en que vivir es soñar.

Al leerlo el texto es común, decía, que sintamos esas sencilla, nostálgica y hermosa sensación de niñez, la que básicamente implica añorar una época donde la simplicidad parecía lo habitual, la mentira inexistente (salvo por los juegos inocuos  como “Yo no me comí el pedazo de tarta con la boca con merengue), la risa se muestra casi como respiración, los regalos siempre son sorpresas aguardadas  (tal vez porque no había tanta exigencias), el cariño era constante y se manifestaba sin tapujos, los juegos eran siempre con otro, las rencillas duraban lo que demoraba en comenzar otra actividad y el aprender era una aventura que no se paraba porque la buscábamos. Una época en que la jugar en la calle era jugar en un lugar seguro y que las golosinas no tenían tantos sellos para decirnos que estaban mal. Uno añora la idea de esa niñez donde había una familia –armada como fuera, pero familia, en fin- que era la encargada de retarnos sin violencia y amarnos sin condiciones.

Pero, un día descubrimos que ese idilio, aun cuando lo hayamos vivido cada uno de nosotros, no era jamás para todos los niños y niñas. Porque la pobreza siempre existió, porque la violencia contra la niñez no es nueva, porque los atropellos si ahora se ven, antes se ocultaban. Es decir, añoramos la imagen que tenemos de aquella otra niñez y está bien así, porque cuando la imaginamos lo hacemos pensando en lo que la niñez debería recibir siempre. El famoso “los niños/as primero” más que un eslogan colorido, se debe convertir en un plan de acción.

Pero, estamos en este 2023. La niñez se la vive en estas épocas y con estas condiciones. Allí los que soñamos volver a ser niños, somos los adultos que debemos garantizar que nuestra sociedad sea lo suficientemente saludable para que “los locos bajitos” (Serrat dixit) sean capaces de disfrutar todo lo posible, porque es el camino para garantizar una sociedad mejor. Eso lo sabemos todos, un mejor material (una infancia sana, educada, protegida, creativa, amada) crea un mejor producto: una sociedad sin violencia, más justa y equitativa, menos conflictiva. No como normal sino como consecuencia.

Sin querer, ya está claro el mejor proyecto que podemos pensar para este 2023: eliminar la violencia contra la niñez, no sólo la que va directamente contra ella, sino aquella que enseñamos con el ejemplo, por lo tanto, debemos reducir la carga de violencia social que se expone tanto en las palabras como en los hechos. Ya se sabe que la pobreza es un drama, pero cuando llega a la infancia es, sobre todo una crueldad, porque en nuestro país debería ser algo evitable. La educación, nos cansamos de pregonar que es la solución de base para la inequidad y la injusticia. Pues ella debe orientarse a ser aún más educación que por definición es integral. No me canso de repetir, no hay educación verdadera, sino incluye la educación sexual integral como constituyente real y necesario.


Así que, hoy asumamos ese rol de “padre que debe agrandar la puerta” para la niñez y sepamos que sólo se podrá hacer si nos comprometemos en ampliar derechos y que estos lleguen a todos los niños y niñas que nos rodean. El trabajo está claro, entonces, como diría el otro español: ¡Argentinos, a las cosas!

 

lunes, diciembre 26, 2022

Deseos para el 2023

Fin de año, un día diferente en el calendario como casi todo el año y un número que cambia. Sin embargo, el ritual continúa siempre. Nos imaginamos que empezamos un nuevo ciclo y está bien que así sea. Las personas necesitamos la pausa, el festejo y el creer que lo que viene será mejor. Además, este año terminamos campeones del mundo y estoy seguro que tantos los deseamos allá en diciembre del año 2021 que podemos imaginar –y aceptar la ficción- que los deseos bien pensados se cumplen.

Pues les quiero compartir mis deseos con la secreta pretensión que ustedes puedan tomar letra para asumir alguno de ellos como propios. Así que vamos por la tarea. Deseo un 2023 que tenga uno de los trípodes más virtuosos que podemos concretar: en primer lugar, vínculos que nos permitan sentirnos en esa compañía que nos hace crecer y nos da el coraje para intentar siempre lo que nos permite sentirnos útiles, capaces, dispuestos cercanos; en segundo lugar salud, que no es sólo lo que el chequeo dice –aunque es tan importante hacerlo y valga como recordatorio- sino aquella que nos permite sentir que nuestras capacidades de hacer cosas y compartirlas sólo tienen el límite de nuestra decisión y, finalmente, que las emociones y los sentimientos se puedan expresar. La vida está siempre mejor cuando somos capaces de exteriorizar las emociones positivas y dejar que fluyan (el 18 de diciembre pasado hemos visto que todos y todas tenemos esa capacidad).

También deseo que el arte, esa capacidad maravillosa de tejer -con lo que tenemos de talento o intención-, algo para mostrar la sensibilidad que hace pensar o sentir y que eso sea el trampolín para cambiar el mundo. Nuestra vida siempre necesita del arte, ya sea siendo testigo de aquel o producirlo. Yo estoy convencido que las personas tenemos la capacidad de expresar con arte algo de lo que vivimos, sentimos y creemos. Así que elige el que quieras y acomete con ello con el entusiasmo del principiante y la convicción del decidido. Hay tantas posibilidades y lo que importa es asumir esa posibilidad y dedicarnos lo necesario.

Otra cosa que siempre debe formar parte de los deseos son los viajes, porque creo que somos nómadas por definición, aun cuando nos quedemos en el mismo lugar toda la vida. Lo creo porque esta, cada vida, es un recorrido permanente encontrando a tantas personas en el camino. Pero, soñemos que este año nos tocará ese viaje que hemos deseado desde siempre, como prueba de esperanza.

La comunicación como nuestro norte de aprendizaje que sea uno de los deseos de este 2023. Todos sabemos que, independiente de nuestras capacidades para comunicar, aún podemos hacerlo mejor siempre. Para eso sólo es necesario escuchar un poco más, ejercitar la empatía con seria disposición e intentar siempre en las formas de perfeccionar lo que queremos decir. La claridad en decir lo que sentimos, deseamos, necesitamos y no queremos es el camino más seguro hacia nuestra felicidad y, de ese modo, a la de los demás que nos acompañan. En esto valga que desearía que haya más mensajes personales y menos emojis y copy and paste. Para eso, libera el corazón y avive el seso (Manrique dixit) y que cada uno diga más de todo lo que uno quiere decir.

Porque esta columna tiene como tema central la sexualidad y, además, porque la creo axial para la humanidad van mi deseo también para que el sexo tenga la importancia que reúne la libertad, el consentimiento siempre, el placer como intención serena pero indiscutible, la intimidad como posibilidad cierta para ser más humanos y el cuidado como condición necesaria innegable. Pero también el convencimiento irrenunciable que sólo una educación sexual integral puede contribuir a crecer como sociedad siempre.

También deseo que la fiesta del 31 sea siempre como toda fiesta que nos merecemos: con la alegría de compartir, la sensualidad del baile, la diversidad en la comida, los abrazos que siempre nos acercan, los besos que ansiamos, las palabras que nos animamos a decir. Por eso que la fiesta se repita todo el año, regularmente, con las excusas que queramos.

Por todo eso, valga decir y brindar por un Feliz 2023.






jueves, diciembre 22, 2022

Regalos

 Un escritor americano, Gary Chapman, escribió un libro que se llama los cinco lenguajes del
amor. Dice el autor que ellos son: Palabras de afirmación, Tiempo de calidad, Actos de servicio, el Contacto físico y Dar regalos. Cada punto parece muy simple y obvio. Sin embargo, sabemos por experiencia que no lo son. Nos cuestan mucho o poco, pero nos cuestan. Es más, hoy que estamos en navidad, por ejemplo, pudimos ver el problema de los regalos, aunque también el placer de los mismos. El problema surge porque elegir un regalo es una prueba muy dura. Dura tarea, casi olvidada por algunos que encontraron dos salidas honrosas a este laberinto: no hacer regalos o pasarle la obligación al obsequiado con la famosa pregunta, “¿qué quisieras de regalo?”. Terrible pregunta, que al recibirla nos entierra en disquisiciones de todo tipo. Así, el obsequiado pretender salir de la encrucijada a través de respuestas desgastadas: "cualquier cosa", "no te preocupes", "no es necesario", "un detalle" o la más simple y alejada de la realidad: “nada”. Pero esas frases, tan vetustas y sin sentido, no nos liberan, sino que nos convierten en parte del suplicio que es elegir un regalo. Claro, no podemos responder lo que deberíamos: no me compliques la vida. Es tu decisión pues es tu regalo hacia mí. Así que resuélvelo tú. Tú lo debes elegir y tiene que producirme placer. Si no has conseguido saber lo que quería a través de nuestras conversaciones, a ti de decidir. Pero, irremediablemente, caemos en la trampa. Respondemos con evasivas, pero respondemos. Allí nos encontramos en medio de una situación complicada: decir que queremos que nos regalen.

La última vez que me pasó me dije que no podía soportar esta afrenta a la sorpresa sin decir algunas cosas al respecto. Es necesario reaccionar sino, ¿qué sentido tendrán los papeles de colores y los moños si ya no habría sorpresas? ¿Cómo podremos jugar con nuestro deseo si lo que pedimos se concretara sin tener que pasar por ese “ir y venir” que sólo el deseo produce?

Me resisto a ello. Pero al mismo tiempo comprendo que no todos piensan así y por ello uno termina, a veces, con regalos inconsistentes que se amontonan o que no tienen ningún recuerdo escondido en su contenido. Entonces, pensé que deberíamos tener nuestro propio manual de los regalos. Es decir, saber que queremos y que cosas no nos producen placer. Pero, sobre todo, saber qué es lo que le produce placer a esa persona que, apelando a la idea de Chapman, recibe nuestro lenguaje del amor.

Para pensar en los regalos, creo que debemos recordar lo obvio: un regalo es algo que se desea. Pueden ser algo que sea caro o sino, algo que sea practico o sino, un detalle que habla de mensajes, de recuerdos, de expectativas y de momentos compartidos.

Para saber el deseo, es importante haber compartido un momento, nunca más bien definido como una intimidad compartida, allí es cuando se aprende el color de los ojos cuando la otra persona desea, el anhelo que persigue un corazón, las ansias de un viaje que se construye. Los regalos caros, casi no son regalos, pues no se piden, se exigen (salvo algunos niños que todavía no reconocen que esos papelitos de color son el objeto del deseo de algunos indeseables). Los regalos prácticos son equilibrados, a la mitad de las personas les produce incomodidad pedirlos y al resto les parecen necesarios, pero no saben cómo darlos, por incomodidad. Los últimos, los que llevan mensajes, no se pueden enunciar se deben descubrir con la sorpresa y el aliento contenido cuando el papel se rompe con una pizca de desesperación y un anhelo que nos pide ser niños por un segundo más. Por eso, no preguntes que quiere alguien como regalo, sondea tu ánimo, equilíbralo con tu día, tradúcelo en el otro, acomódalo a tu billetera y apáñate como puedas.

En definitiva, el lenguaje del amor siempre debe traducir, lo que fuera en un te tengo tan presente porque tu existencia me hace sentir bien. En esto, es importante recordar lo que Fernando Pessoa sintetizo tan bien: “El valor de las cosas no está en el tiempo que duran. Sino en la intensidad con la que suceden. Por eso hay momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables”. Así que, por esas personas, valga decir siempre Felicidades con un regalo.

viernes, diciembre 16, 2022

Jugar la final del mundo….(y ganarla)


Hoy se juega la final y, aquí, en nuestro país, deseamos fervientemente que se dé el título. Que luego de tantos años seamos campeones mundiales. La pelota rodará y en ese momento pensaremos que es un evento fundamental para la vida. En esa situación siempre me acuerdo de una hermosa y profunda reflexión de Alejandro Dolina. El locutor –y tanto más- dijo que el secreto del futbol –como del teatro- es zambullirnos en la ficción de creer que eso que pasará durante noventa minutos y, por lo tanto, el resultado es trascendental, manteniendo la certeza mental que no lo es. Es decir, jugar a creer y al hacerlo permitirnos la emoción que emana de eso. Porque lo que sale de esa emoción es verdadero, necesario y poderoso. Así abrazarse por un gol, alegrarse a más no poder por el título es real y eso es algo que debemos comprender y disfrutar.


En esto me quiero detener. En esas situaciones que nos permitimos jugar, introduciéndonos en una pequeña ficción, que la reconocemos como tal, pero que nos permite vivenciar cosas que son deseables, lindas, buscadas, soñadas, como también necesarias para la vida cotidiana. Es decir, sumergirnos en el juego sin perder de vista la realidad nunca.  Esto es axial para el arte (el teatro y el cine están allí, debemos creer que este personaje vuela o que ciertas historias pueden ser verdad, por ejemplo), en el futbol (donde imaginamos que la alegría será eterna por haber ganado este mundial). Pero también en otras situaciones donde podemos disfrutar. En este caso me quiero referir a cuando nos permitimos participar, crear o proponer una fantasía sexual. Porque en el sexo también se debe jugar, ya que lo lúdico es lo que nos permite esa instancia donde nos imaginamos algo, nos divertimos haciéndolo y lo disfrutamos compartiéndolo.

Vuelvo, entonces a las fantasías sexuales que son escenarios que nos hacemos para disfrutar con alguien de una instancia sexual, apelando a una combinación persistente de imágenes eróticas, pensamientos y/o sonidos que aparecen en la mente para promover la excitación sexual. La fantasía, antes que nada, debe ser una instancia lúdica, donde nos creemos, por un momento que eso que decimos que haremos –no siempre hace falta concretarlo, alcanza con decirlo y creerlo- o lo que concretamente hacemos –a veces hay fantasías que se quieren, se pueden y se llevan a cabo- son útiles no por el juego específico, sino porque nos permite el deleite de lo compartido, del placer que sale de algo completamente circunstancial, pero sobre todo, porque eso nos permite que en ese instante podamos utilizar las emociones positivamente, la comunicación como la herramienta más útil para el encuentro y que la búsqueda del placer compartido tenga el sentido real que debe tener: una forma simple de encuentro, de compañía y de tejer vínculos. Por eso la fantasía es saludable en la medida que cumpla los tres requisitos básicos que la vida sexual debería tener como norte: 1- el consentimiento como medica central e imprescindible para participar; 2- la búsqueda del placer como intento de concretar la actividad como modo de deleite, siempre respetando en el otro y en uno mismo el punto (1), obviamente y 3- El evitar el daño como medida preventiva, activa y concreta, lo que incluye, innegablemente no tomar riesgos prevenibles, no afectar los valores que se sostiene y tener claro que el punto 1 está presente siempre.


Así que en este domingo nos comprometamos a creer que es posible el disfrutar a partir de tomar decisiones y, como los otros 45 millones (aproximadamente y con mucha confianza) ser campeones del mundo, otra vez. 

martes, diciembre 06, 2022

Derechos Sexuales, como Derechos Humanos


Ayer se celebró el Día de los Derechos Humanos, como cada 10 de diciembre. Se toma ese día como conmemoración por la adopción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 1948. Ese documento fundamental proclama que hay derechos inalienables que corresponden a todas las personas, independientemente de su raza, color, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Si lo pensamos podemos comprender que los principios que son enunciados en esa Declaración Universal, hace más de setenta años, son, sin lugar a dudas, un camino bien balizado para construir sociedades más equitativas, justas y pacíficas. Pero, lamentablemente, también podemos ver que aún falta tanto para recorrer este sendero hacia la utopía más humana de todas: la que nos dice que podemos –y merecemos- vivir en un mundo en paz, con equidad, sin tanto sufrimiento por la violencia, la inequidad e la injusticia.


Ahora bien, dentro de esos derechos Humanos reconocidos desde hace un tiempo se visibiliza que están incluidos los que se llaman los derechos sexuales, al ser
parte de los derechos humanos básicos. Son derechos tan importantes como el derecho a la vida, a la salud y a la libertad, con los que están directamente relacionados. Los Derechos sexuales, como derechos humanos fundamentales y universales, son declarados como tal, luego de mucho andar, en el 13ª. Congreso Mundial de Sexología, en 1997 (Valencia, España) y es revisada y aprobada por la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología, WAS, el 26 de agosto de 1999, en el 14º Congreso Mundial de Sexología (Hong Kong, República Popular China). La declaración inicial enunciaba once derechos para conocer, defender y promover. Actualmente son enunciados 16. Ellos son: 1.- El derecho a la igualdad y a la no-discriminación; 2.- El derecho a la vida, libertad y seguridad de la persona; 3.- El derecho a la autonomía e integridad del cuerpo; 4.- El derecho a una vida libre de tortura, trato o pena crueles, inhumanos o degradantes; 5.- El derecho a una vida libre de todas las formas de violencia y de coerción; 6.- El derecho a la privacidad; 7.- El derecho al grado máximo alcanzable de salud, incluyendo la salud sexual que comprende experiencias sexuales placenteras, satisfactorias y seguras; 8.- El derecho a gozar de los adelantos científicos y de los beneficios que de ellos resulten.; 9.- El derecho a la información; 10.- El derecho a la educación y el derecho a la educación Integral de la sexualidad.; 11.- El derecho a contraer, formar o disolver el matrimonio y otras formas similares de relaciones basadas en la equidad y el pleno y libre consentimiento; 12.-El derecho a decidir tener hijos, el número y espaciamiento de los mismos, y a tener acceso a la información y los medios para lograrlo; 13.- El derecho a la libertad de pensamiento, opinión y expresión; 14.- El derecho a la libre asociación y reunión pacíficas.; 15.- El derecho a participar en la vida pública y política.; 16.- El derecho al acceso a la justicia y a la retribución y la indemnización.

Sugiero que pensemos en estos Derechos, primero, a partir de nuestras propias experiencias, ya sea para ver como estuvieron presentes y al estarlo, ver cómo fueron la fuente donde abreva nuestra felicidad y, caso contrario, si algunos de ellos no estuvieron presentes, imaginar cuanto hubiese crecido nuestra felicidad si hubiesen sido respetados. En este pequeño ejercicio que les propongo están los dos elementos necesarios para comprender, defender y promover los derechos sexuales: la certeza que los mismos no sólo son posibles, sino necesarios y la segunda que forman parte del legado que tenemos cuando pensamos en un mundo mejor para nuestros descendientes.

Si, existe la posibilidad que alguien al hacer el ejercicio que propongo no vean a estos derechos como esenciales. Si, sé que esto puede pasar, lamentablemente. Pero eso no me inquieta tanto. Es parte de la historia humana. Hubo una época que había gente que no creía que la esclavitud fuera un problema, por citar un ejemplo contundente. Por eso no pasa por allí el problema, sino por los demás, los que creemos que esos derechos, como tantos otros, son una necesidad indiscutible, porque en ese grupo de personas es donde radica la esperanza cierta de un futuro como deseamos: sin violencia, como mejor trato humano, con toda la dignidad que un ser humano se merece y, sobre todo, con la posibilidad cierta de hacer que el disfrutar y el amar sean posibles siempre.

 

jueves, noviembre 17, 2022

Vida y muerte

 

Está siendo habitual, en estas épocas, que algunos activistas vayan a los museos a tirar un producto contra algunas obras de arte famosas, como un modo de llamar la atención sobre el grave problema que existe por el cambio climático. Esta semana le tocó a "Muerte y vida", de Klimt. Esaas personas optaron por este mecanismo para hacer una denuncia que creen –nosotros también la creemos- válida, urgente e imprescindible. Sin embargo, eligieron una de las formas contra las que uno se opone completamente. Efectivamente eligieron el, para nosotros popular e indefendible, escrache.

Veamos la secuencia de datos que podemos disponer: En primer lugar, hay una causa muy sensible y necesaria para la humanidad. Esto es cierto, ya que es indudable que el cambio climático, que nos afecta a toda la humanidad presente y futura, es un problema sobre el que debemos hacer algo con rapidez. Existen cumbres y acciones concretas en varios lugares al respecto. No todas las personas de la humanidad son negligentes y no todos los que tienen poder solo promueven el daño. Ese pensamiento no sólo es negativo, sino erróneo. En su libro “En defensa de la ilustración” el autor Steven Pinker, con datos sólidos, muestra que no sólo se han hecho cosas, sino que hemos avanzado en el buen sentido. Antes que nadie vocifere, avanzar en la dirección no es haber llegado, sino tener claro donde ir. ¿Todos? Claro que no, aún hay gente que prioriza lo propio –sus riquezas y su cuota de poder- más que el bien común. Pero esto es algo inevitablemente humano.


Lo segundo, frente a un problema grave, en este caso el daño que produce el cambio climático, decido hacer algo de mucho impacto para generar conciencia y decirles a los poderosos que hacen daño, remarcarcándoles que lo importante es la humanidad y no la riqueza a cualquier precio. Por eso, por ejemplo, podemos constatar que el ser humano ha demostrado, con mucha persistencia, que es capaz de crear una cultura de paz, una conciencia de belleza, sin destruir lo que ve, lo que los demás aprecian. Entonces los activistas reflotan un principio real: la humanidad conoce ha podido y puede, en tantas ocasiones, alterar el curso de la destrucción. No por nada, el ser humano ha producido arte, como una forma de mostrar no solo su sensibilidad sino de estimularla como uno de los dispositivos para crear un mundo mejor.

Lo tercero, como no me escuchan en mis alegatos, llamo la atención. Para eso, elijo el camino que creo el más productivo para ello, sea por mi objetivo, sea por la publicidad que genero para poder hablar. Así elijo hacer este enchastre en una obra de arte que algún ser humano, con una sensibilidad particularmente exquisita, produjo y que sigue generando que tantas personas crean que la sensibilidad frente a la alteridad (porque el arte sigue siendo eso) es clave para cambiar el mundo. O sea, como camino para denunciar lo justo, lo que hace daño a todos y todas, optó esta gente elige hacer daño y crear injusticia. No eligieron hacer una ronda y cantar canciones ecológicas frente al cuadro, sino procurar poner incomodos a ocasionales visitantes y tomar el riesgo de dañar una obra de arte. O sea, un escrache en todas las reglas, el efecto negativo y vicioso que nace, como vimos, de un reclamo justo. O sea, lo que esta gente hizo no es otra cosa que tomar la justicia por sus manos, sin apelar a ninguna justicia humana como posible solución. No hay forma, para mí, que esto tenga sentido.

El último cuadro “ultrajado” como dije fue “Muerte y vida” de Gustav Klimt. Pues valga como metáfora. Entre la vida y la muerte el ser humano es capaz de todo lo que pueda. Ojalá que nuestra vida sea capaz de pasar defendiendo las causas justas siempre, promoviendo el arte como un recurso imprescindible, concretando acciones para que el mundo sea mejor y haciendo el menor daño posible. Justo lo que estas personas no logran hacer. Ni tampoco en cualquier escrache, valga decirlo.

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