oponen literalmente a otras. O sea, una opinión es solo eso, una opinión. No pretende justificar otra cosa que por qué algo me resulta agradable.
Dentro de
la elección personal no me gusta la auto-ficción. Encuentro que la barrera que
se impone para poder asociarlo conmigo es muy agresiva. En la auto-ficción, quien
escribe tiene nombre y apellido (pelos y señas, como decían). O sea, es alguien
concreto que no puede ser otra persona. Sí, es una tontería, pero, para mí hace
toda la diferencia en el gusto. Por eso es diferente cuando la novela está
basada en alguien, pero es una ficción. Hay una elección como escriba.
En “El país
de los otros”, inicio de la trilogía de Leila, encuentro elementos para reconocerme,
aún sin ser ni francés ni marroquí, ni ser agricultor, ni mujer, ni alumna en una
escuela marroquí con tinte francés. Porque ahí es donde hace la trascendencia del
relato, y la novela, sin pretenderlo, toma ribetes más universales. Porque habla
sobre algo que a todos nos pasa. Sí, la autoficción también habla de eso, pero
en mi percepción de la lectura, mi percepción de los hechos, más cercana de la
piel, hay una diferencia sustancial. En estas novelas, sentí una mayor libertad
como lector para apropiarme de ella y poder acompañar el relato de una manera
más agradable, como caminando con ella y no siendo sólo un espectador de una película,
como ver un documental. Aquí la letra va invocando y evocando recuerdos,
experiencias, emociones propias, todo de un modo tan artesanal que nos produce
ese placer hermoso de sentirnos en comunidad.
En mi caso,
insisto, esto simplemente es una opinión, todo esto tiene que ver con la idea de
identidad; porque identificarse con algo tiene que ver con estar y no estar. El
tema de Facundo Cabral: “No soy de aquí, no soy de allá” que no es otra cosa
que sentir que habitas un espacio donde no todos te reconocen y que no siempre
los reconoces pero, algunos sí lo hacen y eso es oro en polvo.
Esto, para
mí, es clave dentro de esta idea personal de pensar que toda vida siempre puede
ser ficcionada. Donde, de entrada, la otra persona está diciendo: “No, todo lo
que les voy a decir es verdad”. No hay chisme, no hay intención que lo busques,
aunque sí se puede googlear el
contexto histórico, la revolución marroquí, la expulsión del sultán, la guerra
y eso es una delicia. Lo que te voy a contar es solo parte del andar nómada de
todo ser humano.
Pues simplemente,
creo, de eso se trata la literatura y el poder leer. Sumergirte en una ficción,
encontrando siempre los hilos que tejen la realidad que uno u otro vive, porque
así, ser humano es no sólo estar, verse el ombligo, sino reconocerse en los
demás, en la alteridad fundante, en la imperiosa necesidad de ver al otro y ser
visto por otro.
Francisco
Viola
Elucubraciones
nómadas –II (Inédito).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario