
Esta
consigna es un dolor que nos atraviesa. Surge por la cruel realidad con que convivimos.
Ni una menos es porque hay varias menos. Algo fracasó, una y otra vez para que
no pase. El fracaso no es sólo un sistema que no cumplió lo mínimo necesario. Porque
lo que nos debe doler mucho, de un modo lacerante es eso: que si se hubieran
hecho pocas cosas hoy serían una más. Una mujer más viva y no muerta. Pero de
nuevo, frente al dolor sin piedad, ¿qué hacemos? Pues es simple, seguir a las
mujeres: ellas están mostrando siempre que no se debe parar, que con dolor y
todo se continúa porque lo que sigue es importante, vital, necesario, urgente y
solidario. No se trata de otra cosa. Se trata de comprender que ni una menos,
es decir con la serenidad que nace de la convicción, la valentía que nace de la
certeza, la seguridad que nace de la justicia que hay mucho que hacer y es
ahora el momento de hacerlo. Y es ahora, porque aún hay una menos y eso nos
debe doler como ser humano. Eso nos debe movilizar y, sobre todo, comprender de
una vez que mientras otra sufra, cargue penas ajenas, sufra la violencia, la humanidad
debe estar en alerta permanente, en acción continua y en la intención de
trabajar para que no sea así.
3/6/2026
Francisco
Viola.
Elucubraciones
nómadas – II (Inédito)
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