No obstante esta evidencia, es saludable, práctico y maravilloso
sumergirnos en esa cálida sensación mágica que un año nuevo implica que algo (o todo) puede
ser diferente. En definitiva, es la vivencia real que deberíamos tener en cada
segundo: que el próximo puede ser mejor que el vivido.
Pero aceptemos el reto de pensar que el año que viene, quizás, nos permita conseguir lo que falta. Algo así como creer, sin ser muy ingenuos, solo la dosis exacta, que exactamente a continuación lo que sea necesario se encaminará positivamente hacia lo que deseamos. La ecuación se repite, inexorablemente, aunque haya años en que no lo pensemos detallado.
Pero aceptemos el reto de pensar que el año que viene, quizás, nos permita conseguir lo que falta. Algo así como creer, sin ser muy ingenuos, solo la dosis exacta, que exactamente a continuación lo que sea necesario se encaminará positivamente hacia lo que deseamos. La ecuación se repite, inexorablemente, aunque haya años en que no lo pensemos detallado.
Veamos, estos son mis deseos para este 2017 (estoy seguro que varios no he pensado y se agregaran en el transcurso del andar. No hay que andar acotando tanto al deseo). Pero va mi listado incompleto. Creo que son tremendamente
humanos, con unas gotas de elixir de dioses, si existiesen. Son un abanico que me cubre,
desde aquello donde lo corporal sobresale hasta aquello donde el espíritu está en el
centro. Siempre todo presente, aunque sea viendo de costado o haciéndose el
tonto.
Deseo que el trabajo me encuentre inspirado y que la inspiración
produzca más trabajo. De ese trabajo que eleva el espíritu y que, al mismo tiempo te
hace sumergirte en el cotidiano. La vida merece un poco mucho de las dos para
que su complejidad se pueda vivir simplemente. Qué dé el dinero necesario para
que la cabeza esté pensando en cosas más importantes que los problemas que
aparecen porque está faltando.


Deseo que el espíritu se haga un viaje, a donde confluyen los
universos, esos espacios donde vale la pena pensar que la eternidad es una
forma de emborracharse de entusiasmo para hacer esta vida siempre mejor.
Deseo viajar con cuerpo, mente y espíritu. Para ello, tres destinos
ansío con entusiasmo, un número indefinido de libros –y de arte- donde
sumergirme y, por supuestos, esos senderos de sensaciones que vos y yo
conocemos (si, también te incluye).

Deseo ser tan efímero como puedo ser, tan etéreo como valga la pena y,
al mismo tiempo tan cotidiano que siempre merezca una buena conversación,
acompañada por café, vino, agua, whatshapp o sábanas.

Deseo volver a ver a esas personas que me están faltando. Que sus
caminos lleguen hasta donde llegan mis caminos para así que el “momento” alcance
para nuevas flores que emanen esos perfumes que te hacen sonreír el alma
durante el tiempo exacto que andamos necesitando.
Deseo varias experiencias nuevas que rompan la rutina y que no se las
busque por buscar, se las encuentre por hacerlo y que sean tan simples en lo
excelso para sorprenderme de no haberlas intentado antes.
Deseo que mi familia encuentre caminos nuevos sobre cariños viejos y
que mis amigos y mis amigas sean capaces de saborear todos sus deseos para este
tiempo.

Finalmente, deseo que él sea un poco más feliz, en su felicidad hecha
con lo simple y construida con el detalle de lo cotidiano y al hacerlo avance
un poco más en intentar “emplear el inexorable minuto recorriendo una distancia
que valga los sesenta segundos”, como aún lo sigo intentando.
Y, si es mucho lo que deseo, deseo seguir deseándolo un poco más.