jueves, junio 30, 2022

¿Qué hace un profesional de la sexología?

 

Cuidar la salud sexual, sería la respuesta corta, correcta y directa. Pero, sabemos que a pesar de ser corta y correcta, no es directa. Las personas no tienen muy en claro lo que es salud sexual (lo digamos, ni los médicos, muchas veces, tienen la certeza sobre esto). Si lo pensamos un momento, nos damos cuenta que es lógico que sea así. La idea de salud es compleja, incierta e intangible para todos. Funcionamos mejor con la idea de la enfermedad. Esto tengo, esto no tengo, esto lo evito, lo sé evitar, etc. La enfermedad parece, tantas veces, el camino donde el profesional de la salud es el Moisés que nos llevará hasta la tierra prometida, pero sin entrar: la tierra de la salud.

Sumemos a ello que la sexología fue una especie de tierra de nadie durante tanto tiempo. Vista, en ocasiones, como un lujo que sólo pocos podían permitirse y donde las soluciones no eran todas contundentes, a pesar que podían ser muy eficaces en ciertos casos. Luego, podemos afirmar, llegó el vértigo. Así desde los años noventa todo surgió con una rapidez inusitada. Así, pasamos de la época del miedo por el VIH, a nuevas discriminaciones, terapias anheladas, nuevos fármacos -efectivos y eficaces-, un resurgimiento de la problemática de la anticoncepción por la consecuencia lamentable de su uso errado: el embarazo adolescente, la asunción de una vieja situación humana como un problema real –la violencia contra la mujer-, lo que mostró, por varias cuestiones, otro problema silenciado durante siglos y aceptado como natural: el abuso sexual en todo su espectro; también surgieron la reivindicación social y postergada durante tanto tiempo de los derechos de las minorías sexuales y el anhelo de los derecho sexuales como una utopía necesaria. Todo eso, en conjunto, hizo que la sexualidad adquiriese una presencia contundente a nivel social, más allá de su vivencia cotidiana innegable, lo que aumentó la visibilidad de sus dimensiones, y con ello sus opciones y sus requerimientos.


A todo ello se agregaron una suerte de erotización “en estéreo” lo que posibilitó que la moral sexual se modificara, en ocasiones para bien y otras de modo discutible, quizás, sobre todo cuando todo parece válido, o por lo menos defendible. Efectivamente, la manifestación periodística de la liberación sexual como una opción para todas las personas, la publicidad de la diversidad de comportamientos sexuales, todo acelerado a partir de la exacerbación de medios de intercambio de información y contactos. Es una nueva forma de exigir que el ser humano se adapte a lo que no desea, en ocasiones. En ese caldo definido por adelantos sociales, culturales, biológicos y psicológicos se podría pensar que es el marco donde la problemática sexual y la búsqueda de soluciones para ella debería ser una alternativa no sólo válida sino también solicitada fácilmente, exigida sanitariamente e impuesta como parámetro de la salud de la población.

Pero aún se resiste. La sexología aún busca su espacio profesional. Su identidad está dividida entre una suerte de biologicistas del pene –viagra mediante- y unos tantristas de lo holístico –esotéricos mediante-. Sin que esto implique decir que ni “viagra” ni el “tantra” no sean opciones válidas, necesarias, disponibles, exigibles y eficaces.

La sexología es la ciencia que estudia el sexo. De esta simplicidad podemos partir para comprender. Es decir, que consultamos a un sexólogo cuando nuestra actividad sexual no es la que deseamos tener, no es la que pensamos que debemos tener o esa actividad sexual nos interpela por algo. A partir de esas cuestiones debería nacer la consulta con un sexólogo.

Este profesional debería poder orientar a la persona en esas situaciones, según el problema, para procurar una respuesta a ese pedido partiendo del hecho concreto: ¿es realmente esa la queja? Es, en definitiva, lo que hace todo profesional de la salud. Escuchar, evaluar y proponer. En nuestro caso, sobre la actividad sexual procurando hacer que el consultante adquiera herramientas para encontrar satisfacción en la misma o señalándole los caminos a hacer para ello.

La sexología seguirá siendo tierra de nadie mientras los sexólogos no asuman que su actividad profesional sólo alcanzará su verdadera dimensión cuando sea capaz de contribuir en el proceso donde el otro aumenta las dimensiones de su vida sexual, en el sentido que la sexología le da a sexualidad, o sea, como cuestión integral de la persona. Esto, obviamente, dista mucho de una simplificación mecánica o un simple listado de posiciones, aunque esto sea más sencillo de presentar como campo de acción.

 

martes, junio 28, 2022

Día del orgullo gay

 

El 28 de junio se celebra el día que se conoce como del orgullo recordando lo que pasó en los "disturbios de Stonewall" (Nueva York), que sucedieron en 1969. Fue la primera vez que la comunidad gay se alzó contra una redada que la policía de Nueva York realizó en el bar Stonewall Inn, en Manhattan, un lugar de encuentro entre la comunidad homosexual. Este día hoy se conoce como día del orgullo LGBTIG+. Este es un acrónimo de las palabras Lesbianas, Gay, bisexuales, Transexuales e Intersexuales Queer y, donde el “+” es por otras posibilidades no contempladas en las letras anteriores. Que no es otra cosa que expresiones humanas a partir de una identidad personal.

Hay tres elementos transversales para pensar este día ya que son claves para toda nuestra humanidad. El primero señalar la importancia de lo que nos define como especie: la diversidad. Una diversidad que existe, aunque nos afanemos para no verla, despreciarla o ignorarla. Esta diversidad humana no sólo que no es un problema, sino que es una riqueza. Sin diversidad, podemos afirmar, no hay humanidad posible, ni crecimiento espiritual, ni desarrollo social, ni nada. Porque la piedra angular de la humanidad es el encuentro con alguien que es otra persona, la diferencia es inevitable, como que ella nos obliga, nos exige y nos da la maravillosa posibilidad de buscar consensos para construir puentes y espacios para encontrarnos.

La segunda cuestión elemental es que la eliminación de toda forma de violencia es una utopía (lamentablemente) que nos obliga a buscarla y, en ocasiones, concretar medidas concretas para disminuirla, limitarla, evitarla y controlarla. La violencia es el lado oscuro de la humanidad. Nuestro cotidiano lo muestra con tanto énfasis. Claramente la peor violencia es la que se hace contra el otro porque simplemente es otro, más cuando esa violencia se asienta en un odio que, como emoción, se funda en un sinsentido infernal, dado que el odio nunca es inocuo para quien lo tiene.

Lo tercero es uno de los recursos más brillantes que hemos logrado como comunidad, comprender que las personas tenemos derecho y por ello debemos perfeccionar nuestra forma de pensar, de observar el mundo, de escuchar al otro para dar una respuesta colectiva a favor de lo que es necesario. Otorgar derechos, permitirlos, legislar y actuar para ellos, no es otra cosa que una respuesta positiva de las personas para poder crear una sociedad que facilite el bien común que, lo subrayemos, debe evitar todo tipo de violencia.


Pero más allá de las utopías, sabemos que no todos comparten, sienten o ven esto como “normal” (las comillas se imponen, porque se trata de una palabra que la usamos no como reivindicación de una búsqueda necesaria que sería normal que toda persona tenga derecho a expresarse en libertad y que sufra ninguna violencia por ello, sino es utilizada como método coercitivo para marcar a las personas y generar discriminación).  Una sociedad que se empeña en eliminar la violencia, generar derechos y disfrutar la expresión de la diversidad estoy convencido que es una sociedad que busca realmente desarrollarse y aspirar a ser saludable. Los testigos de aquel día mencionan que los que se alzaron contra la redad entonaron la canción «We shall Over come» (En español, Venceremos), lo que nos recuerda una de las evidencias más intensas en nuestra cultura: la música (el arte), sigue siendo una de las formas más sensibles, fuertes, conmovedora y humana de cambiar el mundo. Porque, tal vez, como humanidad estamos llamados a hacerlo: el cambio siempre es ahora.

domingo, marzo 27, 2022

Verdades sobre Educación sexual integral

 

A veces es necesario aclarar lo evidente porque parece que no siempre lo es para todas las personas. Sobre la educación sexual podemos decir muchas cosas. Es más, se las dicen y todos podríamos aportar así diversos ejemplos. Sin embargo, nos centralizaremos en dos elementos objetivos:

a-      En nuestro país existe la ley nacional N° 26.150, aprobada por el Congreso de la Nación, que en su artículo primero establece “que todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal”.

En este sentido, corresponde recordar que el Congreso de la Nación Argentina está conformado por los representantes de todas las provincias que debaten y participan en la elaboración de las leyes; de esta manera, las provincias, por medio de sus representantes, han discutido y participado directa o indirectamente en la elaboración y aprobación de esta ley. Por otra parte, la propia ley refiere a todas las jurisdicciones por lo que se considera que tiene “fuerza de ley nacional” (valga la redundancia en este caso).

b-      La educación sexual es algo que siempre se hizo porque se educa permanentemente. Cualquiera sabe esta verdad, incluso hasta los sectores más conservadores la sostienen. No existe forma que una educación de cualquier tipo no eduque sexualmente, entendiendo como sexualidad la definición real que comprende una dimensión importante y transversal de todo ser humano.

Al aceptar estas dos verdades hay consecuencias muy pragmáticas que debemos defender y decidir.

Sobre la primera, que refiere al alcance de la legislación nacional, nos planteamos: ¿debe aceptarse la discriminación entre los distintos habitantes del país? Es decir, un estudiante argentino recibirá educación sexual como un derecho sólo si nace en las provincias que optaron por “adherirse” a una ley que, subrayemos, en ningún momento pide como condición la adhesión para que la ley se ejecute.

La segunda nos obliga a preguntarnos si vamos a seguir siendo tan irresponsables de discutir la educación sexual, mientras dejamos que se haga cotidianamente, de cualquier forma y por cualquier medio o vamos a ser responsable. Por eso es lo que la ley ofrece, pide, exige, ordena y determina: que la educación sexual integral no puede ser dejada librada al azar, sino debe ser planificada, gestionada, transversalizada y visibilizada.

Es hora de asumir que no existe ninguna creencia aceptable que no defienda que lo más importante es la educación como el antídoto para la violencia, para la infelicidad, para el odio. La educación sexual integral es la apuesta más firme, segura y concreta para crear una sociedad mejor y más acorde con lo que siempre soñamos. Porque es educación y porque tiene que ver con la naturaleza humana. Demorarla en debates equivocados o es mala intención o simplemente es ignorancia.

lunes, marzo 07, 2022

Día de la mujer



Mañana, martes es el día internacional de la mujer. Menuda tarea nos toca ese año al pensar en este día. Un día que nos debe doler. De entrada, es un día que evoca al 8 de marzo de 1909 cuando más de cien mujeres fueron asesinadas por discutir y reclamar sus derechos, por buscar el “pan” necesario y la “calidad de vida” que debería ser innegociable. Se las mató en un incendio en la fábrica donde trabajaban (es una forma de decir, puesto que las condiciones eran bastante deplorables y podríamos hablar de esclavitud, sin enrojecernos). No fue ni por bombones, ni por elogios, ni por flores, fueron asesinadas por pedir sus derechos. Es en 1977 cuando la Asamblea de las Naciones Unidas declaró esa fecha como un día de reflexión sobre la condición de la mujer.

Ahora bien, este año toca pensarlo en medio de una guerra que nos hace sufrir como humanidad pero que es algo sólo humano, aunque nos duela pensarlo así. Efectivamente, es el ser humano la única especie que es capaz de auto infligirse tamaña crueldad y ser capaz de recurrir a la violencia extrema como forma para solucionar los problemas. Agredir de ese modo como si la solución fuese por esas vías, confundiendo poder de daño, con razones, sabiendo que en toda guerra el sufrimiento es incalculabe, inevitable y constante. Pero, además, en nuestro país, la semana pasada, 6 hombres, masculinos (en este caso valga la redundancia) violaron a una mujer en la vía pública y a la luz del día. No fueron ni animales, ni monstruos, fueron seres humanos, quienes son capaces de tamaña violencia contra otra persona.

Por eso, pensar que siga habiendo “día internacional de la mujer”, no es orgullo sino, decepción. Ya que las tragedias, la injusticia, la dominación que dieron motivo a ese día continúan presentes. Días como el “8 de marzo” son modos de recordar que sigue existiendo un grupo de mujeres que sucumben a diario a manos de hombres. Son días para insistir con el hecho que la injusticia está presente y por más que afecta a tantos, dentro del “tantos” aún son la mayoría mujeres. Son días para decir, claramente, que la dignidad de muchos seres humanos se profana a diario por la cantidad de necesidades insatisfechas que tiene gran parte de la humanidad, particularmente, las mujeres. Son días para levantar la voz contra cualquier abuso de poder que permite la esclavización, el ultraje, la denigración, la falta de posibilidades, el mantenimiento de los estereotipos, los límites que se imponen para la dignidad. 

El ocho de marzo es una fecha triste. El ocho de marzo nos invita a recordar que todavía no dimos el paso necesario como humanidad, el que nos permite tratar a cualquiera como igual, como soberano en sus decisiones, como libre en sus convicciones, como necesario para nuestra felicidad. El paso para comprender que los derechos humanos deben ser derechos y no concesiones del poder de turno. Día para comprender que lo vital es necesario e impostergable. Lo necesario es el acceso a la dignidad como algo del "aquí y ahora" para todos y todas. Particularmente este año ONU Mujeres promueve el lema "Igualdad de género hoy para un mañana sostenible".

El ocho de marzo es el recuerdo de una lucha que aspiró a algo mejor y que recibió como pago la muerte cruel. Por ello recordemos que nuestra lucha es por una idea soberana que desea que nuestros cercanos -geográficamente hablando- reciban la dignidad que nace con la vida misma, que tengan la posibilidad de aspirar a ser felices independiente de su cuna, a ser respetados por el simple hecho de estar presentes. Es una lucha contra todo lo que afecta esa posibilidad: la represión de cualquier tipo, la violencia en cualquiera de sus formas y la corrupción como materia prima de la inequidad, la exclusión y la injusticia.

Este día de la mujer, pensemos que la humanidad está en deuda porque aún no logra superar la violencia como una forma de acción. Sin embargo, también nos detengamos un momento para comprender que es esta misma humanidad (tú, yo y los demás), quien puede tener la capacidad de hacer frente a ello. Justamente, somos los humanos quienes podemos generar los espacios, las acciones, las leyes, los hábitos necesarios para poder avanzar en el desarrollo sistemático de la paz, de la no violencia, de la equidad como norma inapelable, de la cultura del buen trato, de la inclusión social que genera el capital humano del crecimiento y del desarrollo humano, de la educación para la vida, que incluye inexorablemente la educación sexual integral- buen día para exigirla con más decisión- como un modo definitivo de crear una sociedad que reconozca y valorice la dignidad de todos sus integrantes protegiendo sus derechos, estimulando su crecimiento y definiendo los límites indiscutibles de la convivencia.

sábado, febrero 12, 2022

El corazón nunca decide

  

La imagen idílica del “corazón” como símbolo del amor, sabemos que no resiste ningún tipo de análisis, salvo el de la metáfora elocuente de los poetas y escritores. El corazón nunca decide, siempre decide el cerebro. A veces, lo hace con más análisis, otras más impulsivo. Algunas con intereses más claros otras con lo que llamamos intuición. Pero siempre decide el cerebro, donde se procesan las emociones y se gestiona las formas de actuar, hasta donde se motiva el deseo y se generan los procesos para liberar los impulsos que podemos tener.

Así que, aun siendo enamorados fervientes, o enamoradizos perdidos, aún convencidos que el sentimiento debe reinar en nuestras vidas, aun cuando sostengamos que el camino a la felicidad está dado por seguir el mandato del amor y no de la razón. Aun en todos esos casos es nuestro cerebro actuando. Así que lo nutramos de lo mejor para que sus decisiones sean las que nos convengan. Por ello fomentemos el autoconocimiento que le permite al cerebro saber lo que deseamos y lo que nos apetece, como también conocer nuestro propio mapa erótico. Le agreguemos las habilidades necesarias para comunicar lo que deseamos, gestionar de la mejor manera los conflictos que pueden aparecer, inevitablemente en la vida, y los recursos necesarios para poder hacer del consentimiento la verdadera puerta de entrada a lo que queremos.

Así que a seguir lo que nuestro cerebro dicta, que no está reñido con la posibilidad cierta de seguir lo que nuestros sentimientos necesitan, aspiran y buscan. El amor, no es la negación de nuestra inteligencia, sino una de las formas que tiene de expresarse y viceversa.

Paradojas sexuales -Francisco Viola

 

martes, diciembre 28, 2021

Deseos 2022


Al comenzar este nuevo año, es lógico que pensemos en deseos. Ese ritual nos hace tan humanos, tan maravillosamente humanos, porque desear es una de las formas de expresión de nuestro ser, tanto de lo que somos como también de aquello que aspiramos a ser.

Desear no es sólo decir cosas que uno imagina, no es tampoco “mentirse un poco” con planes que nos exceden y no creemos realmente. Desear es recuperar vivencias, darles consistencia a los sueños, procurar estímulos y canalizar las convicciones. Desear es ofrecernos la posibilidad de transformar nuestra realidad para que se parezca a aquella realidad que anhelamos, buscando lo que sentimos como necesario y que motiva a la acción. Cuando uno desea, busca los senderos que conducen a ese objetivo o procura los estímulos que hagan más fácil el conseguirlo. Desear no es una metáfora para el movimiento, desear puede y deber ser un motor.

Ahora bien, esto implica que los deseos no salen de la nada, sino de convicciones, experiencias, confianza, necesidades y conocimiento. Por eso los deseos se repiten tanto y tantas veces: no se trata de ser innovador en ellos sino persistente.

Todos podemos hacerlos, por lo tanto, también los hago aquí y los enuncio. Seguramente no hay mucha sorpresa, creo que varios pueden coincidir en uno o en todos de los que a continuación planteo.

Como estoy convencido que la vida debe ser estimulada, deseo que el arte esté presente, y que se permitan el arte como una forma de expresión. No debería existir ser humano que no haga el intento serio de manifestar su sensibilidad de la forma que pueda o quiera.

Como no hay ninguna historia que careza de una buena banda de sonido, deseo que la música os acompañe como sea posible. Una melodía, una canción que se escuche con la emoción sincera que se genera. Y con la música, deseo que haya baile. Como aprendí hace un tiempo, el baile es la forma que tenemos de hacer que algo bueno se movilice dentro de uno y nos hable de la cotidiana sensación de estar bien.

Deseo que este 2022 tenga todo el sexo que se pueda, que no quiere decir otra cosa que la posibilidad cierta de disfrutar el placer de compartir un momento donde la desnudez sea una de las formas de crear momentos. Pero valga decirlo, cuando uno dice sexo, es el que se consiente, porque sino es, simplemente, un crimen.

Deseo que el diálogo no sea una opción sino la decisión permanente que elijamos. Dialogar permite la posibilidad cierta de llegar a la paz, aunque no sea una garantía al 100 %, más es el camino más certero.

Deseo que “compartir lo que se pueda” sea entendido como la forma más segura de generar los cambios que ansiamos. Es muy conocido que lo que se entrega con convicción hacia el otro tiene mayores posibilidades de producir efectos benéficos.

Deseo que la intimidad sea una forma concreta de encontrarse con quien uno quiera. La confesión no es sólo decir lo que uno cree que no está bien, sino una de las formas de mostrar la fragilidad inherente a la humanidad para que sea protegida.

Deseo que la diversidad, bendita diversidad, sea asumida como la riqueza incalculable que tenemos como sociedad que quiere crecer. No hay nada más elocuente que ver que la diferencia sólo nos muestra la maravillosa consistencia de la igualdad.

Desear la salud parece necesario, pero más deseo que se dediquen a su salud (que incluye la salud sexual, lo debo decir), porque ella no viene de arriba, por más que sea un don, sino que se la conquista día a día con los mejores hábitos y la prevención necesaria. Por ello, deseo vacunas para todos, más para los que son anti vacunas y que están perjudicando al resto.

Deseo que la lucha contra la violencia tenga aún mejores resultados, pero, sobre todo, que no genere el daño de su presencia y, mucho menos, que haya que seguir lamentando que haya una menos.

Deseo que la educación que pregonamos como la base de todo, sea una realidad incontestable y, porque ya lo saben, no quita que es bueno repetirlo, que la educación sexual integral sea una realidad constante.

Deseo que el camino a la paz se construya desde nuestro interior y logre ofrecerse a los otros. Nadie construye la paz sin intentar que el otro esté un poco mejor.

Deseo que, por un momento, seamos conscientes de que lo que hagamos, como lo hagamos, debe ser válido desde el momento que es aquí y ahora y procura, con convicción y alguna certeza, un tipo de bien.

En definitiva, deseo que las utopías que ansiamos puedan tejerse en ese momento que somos capaces de construir cuando lo intentamos. Por eso y por más, desear un Feliz 2022 no es otra cosa que la secreta plegaria que siempre ansiamos: un lugar de paz y felicidad bordado en el cotidiano con los recursos que tengamos, pero con la convicción de merecerlo.  

sábado, noviembre 27, 2021

Sobre el sida

 

El próximo miércoles, como cada 1 de diciembre, se celebra el Día Mundial del Sida. Al respecto dice la Organización Panamericana de la Salud: “este día es una oportunidad para apoyar a aquellos involucrados en la lucha contra el VIH y para mejorar la comprensión del VIH como un problema de salud pública mundial”. Este año la campaña tiene el lema: “Pon fin a las desigualdades. Pon fin al sida. Pon fin a las pandemias”. Tres problemas de salud que existen, aunque se realizan esfuerzos sistemáticos y dedicado para hacer frente a ellos. Sin embargo, no se puede evitar que estén presente. Me refiero a la desigualdad, pero sobre todo la inequidad; al problema del sida y, también de las ITS y, finalmente, el problema de las pandemias que siguen ocurriendo.

Sobre lo primero, la Organización Mundial de la Salud dice que las “inequidades sanitarias las desigualdades evitables en materia de salud […] inequidades que son el resultado de desigualdades en el seno de las sociedades y entre sociedades”. En este sentido la equidad, que es un concepto que enaltece a la humanidad, no sólo es urgente, sino que no es utópico, sino muy pragmático. Por eso responde a la pregunta concreta ¿qué hacemos para contrarrestar las inequidades que podemos ver en el cotidiano? Porque, si bien la carga principal está en quienes ejercen el poder de alguna manera, también tiene que ver con el cara a cara, donde somos capaces de generar los cambios que se necesitan. Todos los días, cada uno de nosotros puede hacer algo, es más, seguramente lo hace.


El segundo pedido que existe es “poner fin al sida”. Un desafío enorme al cual la ciencia se encuentra abocada. Pero también hay que asociar este problema con el de las infecciones de trasmisión sexual. ¿Por qué? Porque la prevención sigue siendo la misma, que incluye el utilizar los recaudos en las relaciones sexuales, entre otras cuestiones. El uso del preservativo y del campo de látex en las relaciones. Pero usarlo implica no sólo hacerlo, sino hacerlo bien. Esto es algo que se debe aprender. Nuevamente aparece en escena la educación sexual integral que en unos de sus contenidos incluye esto (con muchos otros) las normas de cuidado frente a las ITS. Pero también figuran las campañas de sensibilización social y los servicios de salud sexual que funcionan en todos los hospitales de nuestro país como recursos para hacer frente a eso. Pero sobre todo, la importancia de combatir los prejuicios y estigmas que, como hoy lo sabemos, afectan a las personas tanto o más que la misma patología.

Lo tercero es poner fin a las pandemias. Esto que puede ser un poco una súplica incluye lo obvio: el comportamiento. Como lo vemos con la pandemia de covid-19. Las formas de poner fin a esto son básicamente dos: respetar las medidas sanitarias indicadas y la vacunación. Sobre lo primero hemos visto que muchas personas no respetan las consignas mínimas y que se esfuerzan en no hacerlo. Sobre lo segundo el cuestionamiento a la ciencia con argumentos pueriles y basados en mensajes virales, siempre alarmistas, siempre sin verdadero basamento, siempre con la intención de generar desconfianza. Las pandemias precisan con constancia comportamientos sociales que reduzcan los factores de riesgo y que estimulen los factores protectores. He aquí el desafío permanente que como sociedad debemos hacer.


Los días, como este primero de diciembre, donde se recuerda los problemas que nos afligen no es sólo una forma de decir que existen, es una forma de mostrar lo que avanzamos. No como una meta conseguida, sino como esos espacios donde podemos respirar porque algunas cosas se realizan. Así que defiendo la idea que vale la lucha cotidiana se merece señalar los logros y, a partir de ello redoblar los esfuerzos para seguir avanzando. Estoy convencido que el trípode es claro: 1)- Educación sexual integral para ofrecer el conocimiento más certero, habilidades para hacer del encuentro un espacio de protección saludable y la defensa de valores que incluye los DDHH y por lo tanto combate el prejuicio y la violencia. 2)- un sistema social, que incluye lo legal, que potencie un marco de derechos y de condiciones para que la equidad sea real y palpable día a día y, finalmente, 3) una idea de salud transversal nacida de la ciencia, pero construida por el respeto hacia el otro.

Poner fin a los problemas, como estos, es una utopía, pero definitivamente, ella nos permite el mejor camino, aquel donde somos capaces, cada día, de hacer algo positivo por el otro, recordando siempre que nosotros también somos ese otro para alguien.

 

 

 

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