“O valor das coisas, não está no tempo em que elas duram. Mas na intensidade com que acontecem. Por isso existem momentos inesquecíveis, coisas inexplicáveis e pessoas incomparáveis....” Atribuido a Fernando Pessoa
miércoles, diciembre 30, 2009
Mediocridad
martes, diciembre 29, 2009
Distribución de la riqueza
Desde tiempos inmemoriales dos cosas me parecen que fueron evidentes: que la riqueza se distribuye mal y que mejorar ese error sería la base de un principio de equidad que conduciría a un desarrollo necesario en una sociedad. Justicia social que le llaman. Aceptada la premisa, en un juego maniqueo, podemos decir que la humanidad se dividiría entre los que están a favor de distribuir las riquezas de forma equitativa, y los que no. Hasta hay todo bien. Casi estamos diciendo una perogrullada. Sin embargo, hay una complicación. El cómo distribuir la riqueza de forma equitativa. Aquí, todo empieza a convertirse en un problema mayúsculo.
Pero dejemos claro una cosa -obvia, elemental y hasta estúpida-: puedo estar de acuerdo con la necesidad imperiosa e impostergable de distribuir la riqueza al mismo tiempo que estoy en contra de una forma particular de querer hacerlo. Porque son dos cosas distintas, lo primero un principio de justicia y necesidad y lo segundo una estrategia, metodología o mecanismo de llevar a cabo algo.
Sólo, los imbéciles o los aprovechadores políticos querrían mezclar estas dos cosas haciendo ver que son lo mismo.
Dicho esto, agreguemos también que estamos a favor de los planes sociales, la asignación universal por situaciones particulares que a los habitantes les puede pasar y las ayudas necesarias para que las necesidades básicas estén satisfechas. Es un principio de equidad el que sostiene estas ideas. Si, estamos de acuerdo que ese tipo de distribución de la riqueza se haga, entendiéndola como un paliativo ante la urgencia mientras resolvemos las cuestiones de base: las causas de la mala distribución de la riqueza.
Entonces, se preguntará, ¿cuál es el problema? En una pequeña sutileza que termina siendo el angulito que hace que dos caminos se separen a lugares distintos. Lo que cohabita bajo el manto de esta distribución de riquezas. Allí si, estoy en contra.
En otros términos, estoy en contra de un proceso de distribución de la riqueza que incluya impunidad económica para grandes grupos como para todo el arco político (presidentes, expresidentes, gremialistas, jueces, parlamentarios, punteros). No es tan complicado de comprender: distribución de riquezas sin control excesivo, bien obsesivo de las cuentas de los que deben regular la distribución no es una buena estrategia.
La distribución de las riquezas tampoco puede ser acompañada de un sistema de enriquecimiento ilícito. Una distribución de la riqueza que no contemple que las ayudas sociales sean reemplazadas por trabajos estables que implican dignidad, por salud y educación para todos evidentemente es una forma negativa de ver a esta.
Hay que favorecer que toda la riqueza que tiene una sociedad se distribuya. Esto no implica simplemente que los que más tienen dejen de acaparar ganancias, sino también evitar que la clase política se enriquezca vía los procesos oscuros, la falta de un sistema independiente de control y de decisión sobre lo visto en el control de gestión. Un sistema de control que realmente sea capaz de actuar sobre la estructura vigente que se presente, a todas luces, como un sistema viciado soy el dueño de distribuir la riqueza a quienes son leales a mi propio ego. Un sistema cuasi feudal, sin entrar en mucho análisis. El objetivo de estas maniobras es, generalmente, mantener a quienes precisan en mi redil.
Finalmente dejemos algo claro: hay que distribuir todas las riquezas. Las monetarias, que en este mundo permiten acceder a necesidades elementales: comida, el pequeño lujo de algún placer –que uno elija y no que sea el “para todos” impuesto, educación de nivel, salud necesaria para cada uno en cada momento, pero también trabajo digno, acceso a bienes culturales, desarrollo intelectual, fomento de opciones creativas, debates constructivos y todo lo que podamos fomentar como riquezas. Lo que a la postre permiten que una sociedad aspire a su superación colectiva.
El camino para distribuir la riqueza es imperioso caminarlo. Sólo sabiendo donde queremos llegar, los atajos valen. Sino, son nuestras propias contradicciones, nuestras propias miserias, nuestras propias ineficiencias quienes son la brújula. El final, necesariamente será no haber hecho más rico a quienes deseamos darles riquezas. Distribuir la riqueza en pocas manos, aunque sean diferentes sigue siendo un atropello. Defender a quienes hacen eso es, también, un crimen.
martes, 29 de diciembre de 2009
sábado, diciembre 26, 2009
Estado laico …y si!
Antes que nada una aclaración. Consideramos al estado como el grupo de personas que están encargadas de hacer cumplir las reglas establecidas, siguiendo el orden dado por la constitución que funda a ese estado. El estado es un conjunto de personas circunstanciales que debe procurar una noción de bien común para todos y todas.
Hecha la aclaración debo decir que si pienso, creo, defiendo y promuevo un estado laico. No se adelanten con la inquisición, por favor. Las creencias están omnipresentes en las personas. Las personas creen independiente de las religiones. Estas pueden contribuir –lo hacen de hecho- en fomentar las creencias y ofrecer rituales, siempre necesarios para los humanos.
Un estado laico siempre esta formado por personas que creen, que sienten y viven sus creencias con mayor o menor apego. Con mucho o poco entusiasmo. Con claros ejemplos de maquillaje circunstancial o convicción del momento a momento.
Pretender un estado laico es un acto de fe. Efectivamente es confiar que las creencias que cada uno y cada una que los integran puedan tener se orienten a la idea central que tienen muchas de las religiones: el bien común como un deseo ferviente de integración.
Un estado laico no es contrario a las ideas matrices que gobiernan la verdadera espiritualidad de los seres humanos: pensar en la trascendencia, en la necesidad del otro y en la protección de quienes, permanente o circunstancialmente, necesitamos un buen samaritano.
sábado, 26 de diciembre de 2009
viernes, diciembre 25, 2009
saramago y caín
jueves, diciembre 24, 2009
Navidad
Mi madre dice que en toda navidad debe haber tres colores: Blanco, rojo y verde. Colores que significan más que colores, sino que representan algo: el verde, la esperanza, el rojo, los sentimientos y el blanco, la pureza. Es maravilloso pensar las cosas en función de estos colores.
Para mí, también es una imagen de los tiempos de nuestra vida. Así, veo el verde esperanza como nuestro pasado. Es allí el terreno donde pueden surgir las esperanzas más reales. No podemos negar esas cosas –positivas y negativas- que nos hicieron llegar hasta aquí. Sólo viéndolas podemos acentuarlas, mejorarlas, cambiaras y ver las cosas con esperanzas. domingo, diciembre 20, 2009
Contra la tortura
martes, noviembre 25, 2008
La violencia imperceptible
Resumiendo el proceso al que me refiero se puede decir: un grupo de personas dictamina que uno de ellos es alguna cosa considerada negativa (agresivo, torpe, cerrado, teórico, etc.) y consideran que esa “cualidad” es contraria a la actitud de los demás pertenecientes al grupo. Este proceso puede ser formal o informal, directo o indirecto, no precisa por lo tanto una forma estructurada pero si, constante. El grupo puede hasta llegan a afirmar que si ellos responden con la misma moneda de comportamiento es por exclusiva responsabilidad del primero. Así, si uno es agresivo es porque el otro lo ha sido en primer lugar. Esto siempre coronado con una versión oral en la que se ha hecho hasta lo imposible para mostrar y que el otro corrija ese error. Así, a pesar de los buenos servicios (siempre, según la versión oficial, plenos de tolerancia, cariño, respeto y dedicación) la otra persona no logra modificar sus hábitos erróneos. No es que sea “estigmatizado” sino que él se esfuerza en seguir con el mismo comportamiento. Termina el proceso consiguiendo adeptos externos que “validan” la sentencia. A estos se los consigue por la utilización del principio bushiano, casi como una amenaza solapada de “estás conmigo o contra mi”.
En definitiva lo que se presenta como un problema es la interpretación que se utiliza sobre el otro, quien tiene que se someterse a las dos posibilidades que surgen, en primera instancia: aceptar el planteo de la mayoría o rebelarse ante ese planteo. Pero, sabiendo que en ambos casos será con un costo para él y, generalmente, un costo altísimo pagado en discriminación, en depresión, en aislamiento, en baja estima entre otras cosas.
La violencia imperceptible es una de las más terribles, porque no se le da importancia, porque no se cree que ella exista de la forma que existe, porque los autores de ella, muchas veces, son vistos como seres incapaces de violencia, porque las víctimas son personas que no creemos que puedan sufrir por este tipo de acciones.
La violencia imperceptible, pero eficazmente cruel, está presente entre nosotros y nosotras mucho más de lo que imaginamos y, paradójicamente, tiene como única solución la misma herramienta que utiliza, la palabra. Sólo evitamos la violencia cuando la palabra del otro puede surgir, cuando evitamos a cualquier precio, silenciar al otro. Parece simple, pero no lo es, ni las familias, fuente imaginaria de amor y comprensión, lo logran muchas veces. He aquí un desafío de nuestra humanidad.
Lunes, 20 de Noviembre de 2006
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