martes, junio 27, 2023

Sobre el orgullo gay

 

Este miércoles -28 de junio- se celebra lo que se conoce como el día del orgullo del movimiento LGBTQ+. Ese día se conmemora los disturbios en Nueva York (EEUU) ocurridos en el año 1969, que marcaron el inicio del movimiento de liberación homosexual. Todo comenzó con una redada policial en el pub llamado Stonewall Inn, situado en un barrio de la ciudad mencionada de EEUU. Como respuesta, surgieron, de forma espontánea, diversas revueltas y manifestaciones violentas, como protesta contra un sistema que perseguía a los homosexuales. Esos movimientos son considerados como las primeras muestras de lucha del colectivo homosexual en Estados Unidos y en el mundo. Se consideran los precedentes de las marchas del Orgullo Gay.

Lo pensemos, un grupo de personas adultas, con libertad y capacidad de consentir estaban
procurando disfrutar la vida, tal vez pensando en placer, seguramente hablando, quizás –lógicamente- ofreciéndose cariño y compañía como hacemos los seres humanos cada tanto -señalemos que deberíamos hacerlo más veces para conseguir que la paz sea más constante-. Pero volvamos a ese grupo de gente en un bar seguramente algunos de los presentes se amaban como sólo pueden amar las personas, otros, como puede pasar, solo pensaban en tener sexo consentido con quien estuviera disponible, también, debería haber alguno que lloraba penas de amor. Eso estaban haciendo. Por alguna razón trasnochada, alguien dijo que eso era una mala idea y que esa acción debía ser reprimida. Como lo hicieron en otras ocasiones, quizás pensaron, vamos, ponemos las cosas en orden y punto. Pero, esta vez, las personas agredidas dijeron con acciones lo que ya pensaban: ¡basta! Seguramente exteriorizaron lo que muchos ya sentían como verdad irrefutable: somos quienes somos, nos expresamos sin producir daño y debemos estar orgullosos.

Lo sigamos analizando: gente viviendo como personas, haciendo lo que las personas hacen y disfrutando y otro grupo de personas haciendo lo que no queremos: impedir la libertad, coartar la vivencia íntima y limitar la expresión personal de las emociones, los sentimientos, los afectos, o simplemente, lo que tengo ganas que no afecta a los demás. ¿De qué lado uno se pone? ¿De los opresores contra la humanidad, por el detalle que sea, o del lado de la defensa convencida de los seres humanos para que puedan expresar como lo sienten?

Tal vez, hoy, más de 50 años de ese hecho histórico, podemos comprender lo obvio: amar sigue siendo la forma que tenemos los seres humanos de crear momentos efímeros, pero con la intensidad de la eternidad, la sincera posibilidad del encuentro en que la intimidad es la convicción de reconocer a otro como igual, como vital, y que al hacerlo podemos permitirnos la serena posibilidad de transformar tormentas en calma, la real sensación que la vida sólo es posible porque alguien tiene la libertad de ser capaz de tejer el sólido puente creado con la nada, pero, definitivamente, imprescindible con alguien. Comprendiendo, sin dudar, que amar es una vivencia humana que sólo existe entre seres iguales, libres, que consienten, y que es la posibilidad de permitirnos la paz, el placer, el futuro que tenemos. Entonces, ¿porque olvidamos que el único color del amor que existe es el que vemos cuando lo sentimos? O sea, porque no aprendemos que los demás pueden sentir de otro modo y que, si eso no incluye violencia, coerción no es a nosotros decir nada.

Se trata de comprender que sólo somos humanos porque hay otro siempre para amar. Por eso, renovemos ese viejo sueño de siempre: que nunca nadie nos diga a quien amar y que, un día, seamos capaces de aceptar que sólo la libertad es necesaria para hacerlo y con ello elegir a la persona que queramos para eso y esperar que sea reciproco.

 

 

domingo, junio 18, 2023

Dia del padre - 2023


La vida es un camino constante aun cuando nos quedemos sentados. El tiempo pasa inexorablemente, pero, si nos damos cuenta en los detalles, cuando eso pasa, en realidad la vida te muestra que el camino tiene tanto valor porque hiciste el paso anterior y también el siguiente. Porque al final el camino es importante porque uno es testigo, protagonistas y espectador de lujo. Aunque todos los días hay siempre un evento, a veces simple a veces más profundo que te muestra que la vida es un poco de tantas cosas, hay momentos que parecen totalmente circunstanciales pero que si abrís los sentidos percibís que tiene las dimensiones infinitas que solo un ser humano puede producir.

Hoy, 18 de junio de 2023, se celebra el día del padre en mi país. Este es mi 15° año como padre y celebré todos con la alegría de tener a mi hijo, él como un recordatorio de lo que está bien y que todo toma otro valor siempre. Cada año diferente pero también rico en sensaciones y colores. Siempre pleno de gestos, desde un desayuno con café con leche frio, aclarando que no sabía manejar el microondas, hasta los regalitos que el colegio o la madre le daba para obsequiarme, siempre, todo regado con unas palabras escritas en un papel. No quería nunca más, que eso, porque siempre iba envuelto en un abrazo sincero, elocuente y pleno de todo lo bueno.

Un día, sin darte cuenta, tu hijo te compra un regalo con su propio dinero. Ese día te sentís otra persona. Más feliz también, pero comprendes que tu hijo hizo otro paso más a la inevitable y potencialmente enriquecedora autonomía que uno siempre desea para sus hijos. En ese gesto te das cuenta que "tu" niño sigue madurando a un buen ritmo y sentís que eso te da la sencilla felicidad de la vida. Y, sin soberbia, crees que como dicen los chinos "yuan bėi" - Tener una gran sensación de satisfacción al haber hecho algo que crees fue ejecutado a la perfección- es posible y sos parte. Pero no por ti, sino solo porque acompañaste lo que ya estaba allí.

Un feliz día del padre siempre es, en definitiva, porque ves a tu hijo feliz y que va avanzando en su propio camino por la vida.

martes, mayo 30, 2023

Intimidad

 La intimidad es una eternidad concentrada en un instante. Dura lo que dura. No más que ello, ni menos. Dado que la intimidad es acción, sería un verbo, pero que sólo se conjuga en presente. La intimidad es “aquí y ahora”. No existe intimidad en pasado ni en futuro, por ello no sería ni promesa, ni recuerdo. Hago una sutil observación sobre esto: toda intimidad nace teñida con los colores de las otras intimidades vividas, pero nunca es una reproducción y, valga decir, toda intimidad vivida alimenta el deseo de una nueva intimidad a vivir. Pero no confundirse, es sólo presente, porque la intimidad se la vive.

A la intimidad me gusta definirla como ese momento compartido donde la desnudez alcanza un nivel superlativo de humanidad. Cualquier desnudez, puesto que la intimidad es exhibir la fragilidad para descubrir la fortaleza de sentirse protegida. Aun siendo pasajera, aun siendo circunstancial, la intimidad nos revela naturalmente.

Hay personas que tienen la capacidad de generar desnudez y otras que tienen la capacidad de crear las condiciones para la intimidad. Fabuloso cuando van junto pero sabiendo que son dos cosas diferentes. Ni siquiera complementario, lo que no quita que es sublime cuando están juntos.

Quizás por ello creo que nunca se debe renunciar a la posibilidad de compartir intimidad, nunca jamás se debe intentar hacerlo. Sin embargo, la madurez del espíritu surge cuando aprendemos como protegernos, sin escondernos, como disfrutarla sin tomar riesgos, como producirla sin pagar cualquier precio.

Desarrollar intimidad sólo es posible porque nuestra humanidad está hecha para el encuentro, desde la alteridad inevitable. Comprenderlo es hacer un paso más en nuestra evolución. Dentro de esa intimidad, obviamente, tiene un lugar especial –o debería tenerlo- aquella en la que lo sexual forma parte de ese espacio que creamos. La intimidad sexual es ese pequeño lujo que nos podemos permitir como especie y que depende solamente de la cualidad más importante que tenemos a nivel sexual: la capacidad de consentir, que es una acción que surge de la habilidad de aceptar lo que deseamos, enunciando lo que queremos y disfrutando lo que sentimos.

Una vez que el consentimiento actúa y nos permitimos la intimidad por esa vía debemos comprender que aparece la necesidad imperiosa de la comunicación. Porque en la intimidad sexual, uno es el guía adecuado para la otra persona. Nadie en el mundo sabe más de su propio cuerpo, de sus sensaciones, de lo que disfruta que uno mismo. Pero allí surge el nexo esencial: la capacidad de comunicar con palabras y gestos, con la mayor claridad lo que nos gusta y no nos gusta en esa intimidad sexual. Sobre eso aparece el tercer factor clave: como nos permitirnos descubrir nuevos senderos pudiendo dejar que nuestro deseo se materialice en fantasías sexuales, que no es otra cosa que relatos que contamos porque nos produce sensaciones placenteras y estimula nuestra excitación. Nota aclaratoria importante: las fantasías no siempre son para ser realizadas, algunas cumplen su función sólo por ser dichas. La palabra es también un útil de excitación.

El punto importante, obvio, pero que debemos recordar es que esa intimidad incluye la desnudez, donde se expanden, se viven, se concretan las sensaciones. Esto nos recuerda que la desnudez es de nuestro propio cuerpo, por lo tanto, aprendamos a conocer esa desnudez, asumirla como una necesaria realidad y, principalmente, a apreciarla en sus infinitas formas.


Al final hemos construido un pequeño manual de lo obvio: la intimidad sólo es posible, porque, en primer lugar, somos capaces de aceptar que tenemos un cuerpo, que conocemos y descubrimos, que apreciamos y cuidamos; en segundo lugar, porque somos capaces de valorar la intimidad y decidirnos a tenerla, lo que sólo surge porque tenemos el poder de consentir, como acto personal, incuestionable e imprescindible; en tercer lugar porque aprendemos a comunicar que no es más que escucharnos, escuchar y decir lo más cercano y preciso, lo que deseamos, sentimos y queremos.

La intimidad, incluida la sexual, estoy seguro es un seguro para que nuestra vida no sólo sea satisfactoria, sino lo que ambicionamos, una creación excelsa.

jueves, mayo 18, 2023

Sexualidad y vejez

Los seres humanos tenemos la capacidad de envejecer. Está en nuestra naturaleza. La Organización
Mundial de la Salud (OMS) define a envejecer como el "proceso fisiológico que comienza en la concepción y ocasiona cambios en las características de las especies durante todo el ciclo de la vida; esos cambios producen una limitación de la adaptabilidad del organismo en relación con el medio. Los ritmos a que estos cambios se producen en los diversos órganos de un mismo individuo o en distintos individuos no son iguales”. Es decir que hay dos cosas que señalemos como claves: cada cual envejece de modo diferentes y lo más importante, envejecer no nos quita esencia, sino, lo máximo que puede hacer es generar limitaciones y, muchas veces adaptaciones a lo nuevo. Agreguemos como dato que según las Naciones Unidad
en 2030 habrá más mayores de 60 años que menores de 15 en América Latina.

Ahora bien, en relación a lo que nos toca, la vida sexual, el ser humano cuando envejece también debe, en ocasiones, adaptar su ritmo a la edad. Pero, no hay razón para que la vida sexual no continúe si uno tiene la intención. Valga decir una obviedad más: esto implica que los seres humanos viejos también desean, hacen y disfrutan la vida sexual o, siendo correctos, pueden hacerlo e idealmente, deberían hacerlo por sus múltiples beneficios, porque, sin importar la edad, las personas podemos desear tener sexo y disfrutarlo. Esa maravillosa cualidad humana es permanente: ¡qué maravilla la máquina humana! Podemos afirmar, aunque parezca reduccionista.

Sin embargo, hay varios factores que pueden afectar la vida sexual con la edad: cambios físicos obvios que muchas personas tienen por la edad. Además, nuestros cuerpos cambian y la mayoría de las veces no se asocian con la imagen que la sociedad dice de cómo deben lucir los cuerpos para ser deseables. Esta
distorsión afecta la autoimagen y, por ende, la autoestima, lo que puede limitar los contactos. Además, hay cambios metabólicos que pueden perjudicar el rendimiento sexual. La buena nueva es que hoy existen propuestas terapéuticas que pueden contribuir a que eso mejore. Pero tiene el potencial limitante clave, se debe consultar. Eso significa que la persona adulta debe asumir que desea tener actividad sexual, en una sociedad que solapadamente decimos que esas personas son “asexuadas”. ¡Minga que lo son!, no poder decir que uno es sexuado y deseante no es no serlo ni tampoco no desear. También, señalemos hay situaciones médicas que dificultan la vida sexual, sea patologías (como artritis y artrosis, el dolor crónico, prolapsos vaginales, hipotiroidismo entre otras. Como también la necesaria ingesta de varios medicamentos que pueden afectar la respuesta humana. Pero para ello, la solución sigue siendo la misma, asumir que se quiere tener la vida sexual, consultar sobre ello y ver las posibilidades reales que tenemos para, dentro de un abanico muy grande de opciones, disfrutar.

Lo otro que es un limitante es lo social que, muchos lo saben, nos cuesta ver, reconocer y actuar. Eso nace, sin dudas de la creencia, ya mencionada, de la a-sexualidad de los adultos mayores. Pero comprendamos que esa simplicidad conceptual la hacemos porque nos resuelve la vida, pero se opone totalmente a la realidad y por más que lo digamos y lo repitamos, no es así. Las personas somos sexuadas siempre y por lo tanto siempre podemos desear y vivir la vida sexual.

Esta perogrullada es importante porque genera una evidencia esencial, el envejecimiento mejora en la medida que desarrollamos los recursos en la vida para poder vivir mejor cada vez, sea en lo más tangible (la jubilación, el estado de salud, por citar ejemplos) como también en lo que parece menos tangible pero que es más importante: lo vincular, la intimidad y el placer. No aprendemos a ser viejos, aprendemos a adaptarnos porque identificamos núcleos esenciales de vital importancia, como también la importancia vital que tiene las actividades lúdicas, la intimidad y el placer. El camino sigue siendo el mismo siempre: autoconocimiento, priorizar lo importante, aceptar las posibles limitaciones, adaptarse y apoyarse en lo necesario y zambullirse en el lujo humano del placer. Entonces, como diría el viejo Tato: ¡Good show!, hasta que la muerte nos separe del placer.

 

 

 

viernes, mayo 05, 2023

Sexualidad y discapacidad


Soy hipoacusico. Es decir que tengo una discapacidad. No escucho bien y sé que eso me ha privado de algunas cosas. Es una realidad descriptiva. Soy, además un ser sexuado y como tal, confieso, me gusta el sexo y lo puedo disfrutar. También es descriptivo. Ahora bien, cuando se combinan estas dos realidades aparece una dificultad: no siempre escucho, por ejemplo, lo que me pueden decir en la intimidad. Pero, no obstante, con hipoacusia y todo, puedo disfrutar la vida sexual si se da la oportunidad. Algo tan obvio como humano. Disfrutamos con los sentidos que tenemos, no con las carencias. Disfrutamos con las posibilidades que desarrollamos, no con las que nos faltan. Algo tan evidente como que mi discapacidad no impide ni el deseo, ni la actividad, ni el placer. ¿Porque estas obviedades? Podrían preguntar. Pues la respuesta es simple: La relación entre discapacidad y sexualidad ha sido ignorada, maltratada, condicionada, limitada, estigmatizada, imposibilitada, silenciada muchísimo tiempo y, por más que hoy hay voces, pedidos, exigencias, intenciones, motivaciones, acciones, leyes y compromisos, aún sigue siendo un tema que nos cuesta ya que aún genera una controversia, independiente de lo que diga la ciencia. Por ello, vamos con algunas aclaraciones.

A] La sexualidad es una cualidad humana irrenunciable porque forma parte de su identidad que se manifiesta de varios modos. Es decir, podemos renunciar a tener actividades sexuales, como decisión propia pero no dejaremos de ser sexuados nunca. Este es el punto capital para pensar la asociación de la sexualidad con cualquier contingencia humana, sea natural (edad), adquirida tanto por herencia o por circunstancia circunstancia (discapacidad o alguna enfermedad –que no son lo mismo). La sexualidad siempre está presente.

B] La vida sexual activa es una de las posibilidades ciertas para todo ser humano que permite una mejor calidad de vida ya que genera bienestar, entre otros beneficios. ¿Esto hace que estemos obligados a la actividad sexual? Obviamente no. Señalemos que eso es una decisión personal, no podemos imponerla como conducta (es más, el hacerlo es un delito). Pero es lógico que todo ser humano pueda querer tenerla, porque el deseo por la actividad sexual existe. A lo largo de la historia se sostuvo, contrario a la verdad, que las personas con discapacidad no querían y/o  no debían tener interés sexual, por eso hemos actuado de modo injustificadamente restrictivo, ilógicamente condenatorio, excesivamente paternalista y absurdamente anticientífico. Lo que, sobre todo, ha hecho que neguemos que las personas con alguna discapacidad tengan derecho a ser todo lo humano que son.

Frente a lo dicho tenemos tres cuestiones a pensar y hacer:

1-      A nivel social como hacemos para fomentar que la sexualidad y discapacidad se la favorezca positivamente. En este punto entra en juego las leyes que van a favor de la autonomía de las personas, la protección de las mismas y los recursos que se consideran necesarios implementar para que las personas con discapacidad puedan disfrutar de la vida sexual. Un punto importante en esto es establecer un sistema de protección ante la violencia que puede aparecer en este grupo en particular.

2-     


A nivel familiar: La pregunta clave a hacernos es ¿cómo hacemos frente a la inquietud que genera que alguien que tenga una discapacidad cualquiera, pueda vivir la vida en todas sus dimensiones? Se puede comprender dos cosas: que la familia se preocupe por eventos o situaciones en las cuales quien tiene una discapacidad se exponga es lógico y que sabemos que la vida sexual, como la vida relacional, siempre son un constante carrusel de situaciones. Pero no por eso la evitamos, sino que aprendemos a tener los cuidados y a desarrollar actividades a favor. Aquí entra el rol de la educación sexual integral, también frente a la discapacidad y frente a quienes conviven con personas con esa situación.

3-      A nivel relacional. La pregunta básica sería ¿Cómo vemos a quien tenemos al frente? ¿Esa persona que nos genera inquietud por lo que le pasa, como nos afecta? ¿Nos genera preocupación, miedo, ansiedad u otras cosas? Esto, básicamente tiene que ver como manejamos lo que es diferente, la diversidad, lo no formateado según nuestras ideas.

    Resumiendo: la discapacidad no elimina el deseo de una vida sexual. Existe y es importante. Tener inquietudes sobre eso es normal porque no sabemos y, entonces, hagamos lo que hacemos cuando no sabemos, aprendemos y no simplificamos la realidad con estereotipos, mitos y mentiras. Porque como seres humanos nos merecemos siempre ser más humano y contemplar al otro, en sus necesidades y sus posibilidades, con el más completo respeto, con la convicción de sus derechos y con la intención del bienestar.

 

 

 

jueves, abril 20, 2023

Atracción erótica

 A las personas nos gusta relacionarnos. Lo hacemos desde siempre, es parte de nuestra capacidad humana y, podemos decir que es una necesidad que tenemos. Esto es independiente de cuanto seamos capaces de disfrutar la soledad. En esa búsqueda de relaciones podemos establecer vínculos de muchos tipos y con variados niveles de compromiso. Dentro de las opciones están las que nos permiten relacionarnos con alguien con un interés romántico/sexual/erótico. Es decir, alguien con quien tenemos el deseo de iniciar o mantener una relación de pareja o sólo pasajera, que puede surgir, entre varias opciones, del agrado y simpatía hacia esa persona, lo que es traducido como “el magnetismo”, que es lo que se siente hacia alguien sin demorarnos en explicarlo. Esa atracción puede ser, a veces, el simple deseo de tener sexo como parte del repertorio de encuentros.

Básicamente me siento atraído sexualmente por alguien porque descubro en esa persona algo que me motiva lo suficiente para imaginar (fantasear), procurar o consentir –si me proponen- actividades de carácter sexual. Algo que debería ser tan simple pero que nos cuesta, muchas veces. Porque el sexo sigue limitado, muchas veces, por varias cuestiones, algunas sociales y otras personales. Cuando me refiero a limitadas quiere decir que me impiden hacerlas o disfrutarlas según mi deseo. Eso no implica jamás, ignorar las dos condiciones esenciales que debemos respetar en una relación sexual: la primera que sea siempre decidida por uno mismo, nunca coercitiva, ni manipulada, ni como moneda de cambio obligada; la segunda que siempre tenga como premisa central el cuidarnos: tanto física como mentalmente. Simplificando: no hacer nada sexualmente que no queramos, ni que nos haga daño.

A partir de esas dos bases, vamos a pensar la atracción erótica como una traducción que nuestro cuerpo hace, por nuestros sentidos, del deseo que sentimos por alguien. Por ello, deseamos a personas que tienen lo que nos estimula de alguna forma física y mentalmente (aquí incluyamos, también, la imaginación, por ejemplo, cuando vemos el cuerpo de una persona pública que parece ideal para nuestros cánones de belleza, la deseamos porque estimula nuestra imaginación).  

Ahora bien, esto desencadena una verdad de Perogrullo: todas las personas son atractivas eróticamente para alguien, aunque no todos somos atractivos para todas las personas. Allí entra en juego a quienes orientamos nuestro deseo, es decir, con cuál grupo de personas nos sentimos más atraídos, permanentemente atraídos o deseamos compartir momentos eróticos. Con quien privilegiamos imaginar, procurar y concretar la búsqueda del placer de manera saludable: porque la atracción erótica, guiada por nuestra orientación, busca llegar a algún placer o debería pensar en hacerlo siempre y cuando se respete la autonomía de las personas. Esta es la realidad humana por excelencia que nos hace tan humanos como nos merecemos.

Esa atracción erótica que alguien nos genera, nosotros también la generamos. Sugiero para
desarrollarla pensar en tres elementos que la pueden propiciar en este camino de ida y vuelta. El primero es comprender que la autoestima nace de nosotros mismos y del valor que nos damos como personas. El punto a favor es claro: valemos como personas siempre. Desde esa base podemos trabajar para mejorar siempre. Segundo, la atracción erótica busca concretar relaciones y un punto ineludible debe ser el cuidarnos, tanto física como mentalmente, como mencionamos. Por eso el autoconocimiento es vital. El tercer elemento es que esta atracción se comunica con palabras y con gestos. Tanto lo verbal como lo no verbal son recursos axiales porque permiten no solo consentir, sino también gestionar lo que destruye la atracción erótica: la violencia.

Los seres humanos somos seres eróticos. Es inevitable. A cada uno decir que hace con eso. Esa es la libertad que nos merecemos también.

miércoles, abril 05, 2023

Pascuas

 Se celebran las Pascuas (las de resurrección y las de Pésaj). Independiente de la fuerza de nuestras creencias, las fiestas tienen el valor que nos autorizamos. Porque las fiestas, sean cuales sean, sirven para el encuentro, el afecto, la cooperación, los detalles. De ese modo, toda fiesta termina siendo una buena excusa para ser humanos. Esto lo señalo sin pretender desvalorizar la fe de nadie, porque como bien aprendimos, cada cual cree en lo que quiere y con la intensidad y profundidad que siente.

Cuando uno dice que “se autoriza” debemos recordar que las personas construyen sus actividades sociales no sólo por las fuerzas que las regulan (sociales, religiosas, culturales) –aunque son muy importantes, sino desde su propia realidad, donde se misturan recuerdos temores y previsiones (según la fórmula borgeana). Lo que significa que festejamos no sólo como aprendemos, sino como creemos que debemos hacerlo. Es decir, que toda celebración se construye desde la propia creencia que se edifica desde la autoestima y se canaliza por medio de los entornos donde nos sentimos acogidos y se expresa como lo sentimos en este aquí y ahora. Lo que, para mí, implica comprender que todo festejo siempre conlleva un camino y que, aunque sea obvio, lo recordemos, todo camino tiene una historia. Llegamos a donde estamos por haber venido, transitado, compartido. Somos siempre consecuencia de una historia previa. Esto es algo maravilloso porque nos da un sentido de comunidad siempre. Toda fiesta es siempre una comunidad que está en juego, grande o pequeña pero concreta.

Permítanme poner en claro lo que acabo de decir. Festejamos lo que decidimos, en este caso las pascuas -sean católicas o judías que nuevamente coinciden- conlleva reconocer que somos parte de una historia de quienes venimos y también lo seremos para los que nos siguen. Lo segundo, festejamos porque no los merecemos y eso debe estar comprendido con no sólo decir sino asumir que debemos valorizarnos y, al hacerlo debemos apreciarnos un poco siempre. Lo tercero que se festeja de muchas maneras, pero siempre debe incluir dos cosas mínimas: cierto placer y la comunicación porque todo festejo implica otro real y presente.

Puedo parecer obsesivo y hasta monotemático pero no por eso deja de ser algo evidente: el párrafo anterior sólo se pude desarrollar de la mejor manera si implementamos una educación sexual integral porque es el modo más específico, eficaz y concreto para desarrollar los recursos para que nuestro propia biografía tenga mayores posibilidades de permitirnos crecer con salud, porque desarrollará nuestra autoestima mejor, favorecerá nuestra comunicación y propiciará un mundo que sea mejor, porque permitirá que el ser humano pueda concretar ese mensaje que la pascuas intenta decir: la humanidad está llamada a la paz, a la alegría, al amor. 

Así que hoy es bueno pensarlo y sentirlo, pero recordando sin discusión que mañana hay que volver a trabajar para poder concretarlo. Pero hoy, valga decir: ¡Jag Pesaj Sameaj y Felices Pascuas!

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