lunes, julio 20, 2026

Defender lo que sea necesario, pero decidirlo

 Es verdad que en esta época —al igual que a lo largo de la historia— no siempre todos
tenemos las palabras exactas para expresar lo que sentimos, defendemos o creemos como verdad. Por eso es tan fácil encontrar a alguien que lo diga de la manera en que nos gusta entenderlo.

En la adolescencia, cuando comenzamos a comprender nuestras limitaciones, buscábamos transcribir a algún poeta sin ánimo de plagiar; simplemente era la forma de declaración de amor más perfecta que encontrábamos. Copiábamos una canción o un poema para entregárselo a quien queríamos.

En esta era de redes sociales, el problema es que cualquiera —tal como lo estoy haciendo yo ahora— puede publicar algo y expresar sus teorías más conspirativas. En realidad, esto siempre ha formado parte de la historia y siempre ha funcionado así; la diferencia es que, por primera vez, empezamos a recibir una cantidad de contenidos que antes jamás habríamos alcanzado.

Eso en sí no me preocupa: es lo humano, lo normal. Sin embargo, cuando uno repostea algo, no está diciendo solamente «esto me gusta» o «esto expresa lo que yo quiero». Está fijando una posición sobre un tema. Y aquí aparece lo llamativo: el hábito de tirar la piedra y esconder la mano. Toda teoría conspirativa basada en opiniones que son fácilmente refutables por los hechos termina convirtiéndose en una «verdad» para muchos.

Estadísticamente, parece que todos los que me rodean piensan igual, y asumimos que esa es la verdad de toda la población. El Mundial, por ejemplo, no ha hecho más que mostrar otra vez esa faceta complotista que lo rodea todo. Parece que ya nada se puede pensar con honestidad: todo tiene un interés oculto, todo es comercial, todo me perjudica, todo daña a unos y beneficia a otros.

No voy a ser el primero en oponerme a la idea de que estas dinámicas existen, porque, sin duda existen, se llama poder y su abuso. Pero creo firmemente que hay límites para ver la conspiración permanente en lo que no me gusta, sin caer en la ingenuidad. Ese límite debería estar marcado por el uso del pensamiento crítico como herramienta eficaz. Y, como he dicho muchas veces, el pensamiento crítico no es algo que se utiliza únicamente para atacar lo que está en mi contra; es, sobre todo y principalmente, para cuestionar mi propia idea más firme y descubrir mis propias debilidades. En eso consiste el verdadero pensamiento crítico.

20/7/2026

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