Toda realidad humana está situada dentro de un cuerpo. En esta verdad radica la esencia misma de nuestra existencia: si bien lo biológico no nos agota ni nos define por completo, es la superficie sobre la cual transitamos, habitamos y experimentamos el mundo. Todo nuestro equipaje cultural, psicológico y social se encarna en ese cuerpo que poseemos, el cual —incluso desde antes del nacimiento— es moldeado por factores externos que van trazando las rutas de nuestra subjetividad.
En elmarco del Día Mundial de la Salud Sexual (el 4
de septiembre), el trabajo bajo el lema “Every body” cobra una vigencia
urgente. Pensar los derechos humanos y la justicia sexual exige comprender que
no existen libertades abstractas; cada persona vivencia sus derechos, sus
aprendizajes y sus vínculos a través de una corporalidad concreta y dentro de
un contexto particular. Por ello, la salud sexual no se agota en el cuidado
orgánico, sino en la reflexión crítica sobre cómo permitimos que la sociedad
construya, signifique y respete cada cuerpo.
En español, el lema ha sido traducido como “Cada
persona, cada cuerpo”, lo que añade una complejidad y una dimensión aún
mayores para la reflexión. La idea de “persona” abarca una realidad profunda
que introduce matices inevitables y fundamentales a tener en cuenta.
Bajo esta lógica, la educación sexual se impone no
solo como una necesidad formativa, sino como una solución ética a las
violencias que hoy sacuden a la humanidad. Promover los derechos y la dignidad
humana exige preguntarnos qué valor le estamos otorgando permanentemente a esa
realidad corpórea. Reconocer que cada cuerpo importa es el punto de partida
indisoluble para imaginar, desde la WAS, un horizonte más justo, empático y
humano.
El lema de este año da cuenta de que la discusión
central pasa por comprender la dimensión biopsicosocial de toda persona,
radicada en un cuerpo concreto pero habitada desde una realidad
psicosociocultural. En función de ello, no se trata solo de asumirlos como
innegables, sino de abordar el concepto de justicia sexual, el cual nos
confronta con aquello que aún falta y con las formas en que estos derechos se
pueden mejorar, ampliar y efectivizar. En este camino, el indicador más
preciado y urgente es el desarrollo del consentimiento: asumido como un hábito,
una norma y una obligación ineludible de protección.
28/7/2026


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