martes, julio 28, 2026

El territorio de la dignidad: El cuerpo en la justicia sexual (“Every body” / Cada persona, cada cuerpo)



 Toda realidad humana está situada dentro de un cuerpo. En esta verdad radica la esencia misma de nuestra existencia: si bien lo biológico no nos agota ni nos define por completo, es la superficie sobre la cual transitamos, habitamos y experimentamos el mundo. Todo nuestro equipaje cultural, psicológico y social se encarna en ese cuerpo que poseemos, el cual —incluso desde antes del nacimiento— es moldeado por factores externos que van trazando las rutas de nuestra subjetividad.

En elmarco del Día Mundial de la Salud Sexual (el 4 de septiembre), el trabajo bajo el lema “Every body” cobra una vigencia urgente. Pensar los derechos humanos y la justicia sexual exige comprender que no existen libertades abstractas; cada persona vivencia sus derechos, sus aprendizajes y sus vínculos a través de una corporalidad concreta y dentro de un contexto particular. Por ello, la salud sexual no se agota en el cuidado orgánico, sino en la reflexión crítica sobre cómo permitimos que la sociedad construya, signifique y respete cada cuerpo.

En español, el lema ha sido traducido como “Cada persona, cada cuerpo”, lo que añade una complejidad y una dimensión aún mayores para la reflexión. La idea de “persona” abarca una realidad profunda que introduce matices inevitables y fundamentales a tener en cuenta.

Bajo esta lógica, la educación sexual se impone no solo como una necesidad formativa, sino como una solución ética a las violencias que hoy sacuden a la humanidad. Promover los derechos y la dignidad humana exige preguntarnos qué valor le estamos otorgando permanentemente a esa realidad corpórea. Reconocer que cada cuerpo importa es el punto de partida indisoluble para imaginar, desde la WAS, un horizonte más justo, empático y humano.

El lema de este año da cuenta de que la discusión central pasa por comprender la dimensión biopsicosocial de toda persona, radicada en un cuerpo concreto pero habitada desde una realidad psicosociocultural. En función de ello, no se trata solo de asumirlos como innegables, sino de abordar el concepto de justicia sexual, el cual nos confronta con aquello que aún falta y con las formas en que estos derechos se pueden mejorar, ampliar y efectivizar. En este camino, el indicador más preciado y urgente es el desarrollo del consentimiento: asumido como un hábito, una norma y una obligación ineludible de protección.

28/7/2026

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