martes, julio 21, 2026

La duda necesaria

 Desde siempre el ser humano ha convivido con la incertidumbre. Frente a ella ha tratado de no sucumbir y, obviamente, muchas veces ha negado su existencia. Es decir, desde siempre hay momentos en que, con un esfuerzo de asertividad, ha expresado opiniones e interpretaciones del mundo con total certeza, negando la posibilidad de que haya incertidumbre. Es normal, es humano.

Partiendo de lo obvio, el ser humano solo es capaz de interpretar lo que le pasa, lo que le llega, las relaciones y los gestos que tiene la gente. Para bien o para mal, simplemente interpreta porque, como dije alguna vez, el hombre no es un homo sapiens, sino un homo interpretans. Nietzsche lo afirmó con claridad: no hay hechos, sino interpretaciones. Aunque todos sabemos qué si hay hechos, pero los seres humanos habitamos en el mundo de las interpretaciones que es donde pasan las relaciones, realmente.

Lo que me preocupa de este siglo XXI es que las redes sociales casi tratan de evaporar el concepto de incertidumbre. La gente emite no solo opiniones, sino interpretaciones sobre lo que los demás hacen o pueden hacer sin necesidad de recurrir a ningún hecho, sin necesidad de contrastar nada con la realidad. Las emiten como afirmaciones labradas en bronce y hechas por un dios en la piedra; termina siendo una sentencia más que otra cosa. Ellas no necesitan respuestas porque no hay preguntas ciertas que nacen de la duda sincera. Cualquier respuesta implica la negación de lo que se dice porque el otro está mintiendo, el otro es ciego, el otro es falaz, ingenuo o demente. Nunca el aporte permite crecer. Jamás permitir el pensamiento crítico como normal.

Frente a esto, defiendo la idea que necesitamos volver a creer en la incertidumbre como el caldo de cultivo donde los conocimientos crecen, los prejuicios se disuelven y podemos crear un mundo quizás un poco más equitativo y generoso.

21/7/2026

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