sábado, febrero 18, 2023

Carnaval

 El carnaval llega. Con ello llega el color, la música y esa sensación que todos los límites se pueden acomodar de otra forma. Porque pocas festividades asocian de tal manera lo lúdico con todas las edades. Así se une sin problemas la diversión, con lo sensual; lo colorido con lo pasional, lo intenso con lo superficial, lo circunstancial con la vivencia y la fiesta con con la risa y la presencia.

El carnaval fie concebido como un espacio donde uno puede ser uno más, al mismo tiempo de permitirse, si uno se autoriza, a ser otro por un momento tan breve como necesario; efectivamente, vivir el carnaval, siempre debe ser una elección, pero es, luego de la misma, un espacio personal para esa diversión que, por salud, muchas veces necesitamos.

El origen de la fiesta no es preciso, pero si se asocia fuertemente con la época de febrero y con las festividades católicas. Es más, siempre termina el martes antes de lo que se conoce como miércoles de ceniza. Aunque, valga decirlo, algunos sitúan su origen en festividades anteriores, ya sea de los imperios romanos o egipcios. Más allá de su origen, sobresalen como distintivos el color con gran luminosidad, la música con mucho ritmo, el baile con decidida intensidad, las risas con la sensación de libertad, los disfraces con todo el juego que podamos autorizarnos y, valga repetirlo y subrayarlo, la convicción de comprender que la edad no limita vivir esa festividad. Es más, lo lógico es pensar que los años podrían y deberían facilitar la diversión.

Hay una generación, a la cual pertenezco, que también recuerda al carnaval por el uso de agua y de espumas, pero siempre con bailes. En definitiva, el carnaval está asociado a una felicidad efímera, claramente, pero, sincera, dedicada y compartida. Es decir, uno carnavalea porque cree que divertirse es saludable y necesario. Comprendiendo que el carnaval es válido si uno se dedica, sea porque se disfraza con intención de hacerlo o que uno en la fiesta decide liberarse un poco para que la diversión fluya. Finalmente hay carnaval porque hay gente que participa con la misma convicción que uno puede tener. Porque el carnaval es una fiesta que moviliza y facilita que la sensación de alegría surja con cierta intensidad.

Pues, sin pretender ser una guía hacia la felicidad es, por lo menos, indicaciones concretas para buscarla, vivirla y hacerla más constante: la felicidad solo aparece cuando somos sinceros con nosotros mismos y somos capaces de actuar en consecuencia, como también cuando frente a lo que creemos actuamos con la mayor convicción que nos permitimos y que vamos descubriendo. Finalmente, está la verdad de Perogrullo que tenemos: la alegría se reproduce mejor cuando la compartimos.

Así que en este carnaval seamos esos adultos que comprendemos, asumimos y decidimos que lo lúdico es esencial para vivir y que nos hace crecer, porque la risa y la música nos energiza y sólo al compartirla con los demás podemos generar las vivencias que nos permiten ser mejores siempre.. 

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