lunes, marzo 25, 2019

Docencia universitaria

Hace poco presencié una “conferencia” de un colega médico. Donde hacía mención a que un buen día lo invitaron a dar clases y como “ama la docencia” no lo dudo. Su “vocación” se cumplía. Más allá de él, su afirmación me generó esta reflexión. En primer lugar porque la escuché muchas veces de colegas que incursionaron, se mantienen y hacen docencia universitaria.
La docencia universitaria hecha porque se ama la docencia parece que es un buen argumento. Sin embargo no habla de lo que solemos pedir a otras actividades, tanto profesionales como artesanales, el saber hacerla. La docencia, entonces, adquiere un rol de hobby. Lo hago porque me gusta, lo hago porque sacrifico mi tiempo para ella, lo hago como una actividad “humana”. Pero, por ser hobby, solo voy tocando de oído y agrego ocasionalmente, herramientas conceptuales, recursos activos y desarrollo profesional independiente de la práctica en si misma. No me expongo al control exhaustivo y no dispongo de más tiempo que el que me sobra, todo bajo la increíble coartada de lo mal pagada. Recuerdo que una coartada lo es porque se basa en hechos reales usados como forma de ocultar algo.
Al mismo tiempo le damos un valor esencial a la docencia, la creemos como una de las formas más elevadas de construir futuros. Ella, bien hecha, siembra lo que deberá crecer y genera el cambio hacia una sociedad más humana. No solo lo repetimos, sino, estoy seguro, lo creemos como la única utopía real que vivimos.
Entonces, de repente, no sólo la amamos, sino debemos ser amados por “aportar” nuestro granito de arena para el futuro maravilloso de nuestra humanidad. Somos artífices de lo que viene o, por lo menos, hemos puesto nuestro esfuerzo.
Todo está bien sólido, salvo que pensemos que el amor no alcanza. Como diría el viejo proverbio: a Dios rogando  y con el mazo dando”. O sea, ¿Si la docencia necesitaría más que “amor”? ¿Cuánto dispondríamos para ello? Dicho en términos más pragmáticos: ¿usted se operaría con un cirujano cardiovascular que sólo tiene como antecedentes “amar operar corazones”? o, ¿le pediría (confiaría) que sus credenciales son un poco más relacionadas con el saber exigido?

La docencia es una profesión. No un hobby. Entenderlo va a costar demasiado. Hay demasiado “amor” escondiendo mediocridad.

miércoles, marzo 20, 2019

Ateos


Ateos es quien no tiene Dios. Es utilizado, generalmente, para referirse a quien no cree en Dios. En mi medio, se suele referir, por lo general, a quien no cree en el Dios católico, por el simple hecho de ser la religión más tradicional. Ya no, la más popular. Así, he conocido a muchos ateos, algunos que se revindican por eso y otros que no lo hacen pero se identifican con esa postura. En ese tratar con ellos me hizo ver que existen diferentes tipos. No de manera taxativa y cerrada he clasificado a los ateos que conozco en cuatro grupos. Los describo a continuación. Cabe señalar que no es una clasificación ni exhaustiva, ni académica, sino simplemente debida a mi particular manía de clasificar. Vamos con ello:
Ateos por razón: son aquellas personas que vengan o no de una creencia se toman el tiempo de razonar sobre ella y por ello toman partido “lógico” por el ser ateos. Estas personas no creen pero tampoco hacen apología de ello. Es más puede hasta parecerle simpático alguna actitud religiosa. No quiere que todos sean ateos, no tiene animosidad contra los creyentes, no busca convencer a nadie. Este ateo comprende que el que cree es dueño de creer y de seguir rituales y que los mismos sólo tienen el valor que tiene cualquier ritual.
Ateos por ambiente: son aquellas personas que crecen en un ambiente donde lo religioso no está presente o tiene valor más “colorido” como circense o secundario y por lo tanto terminan siendo ateos por qué es lo que conocen. No creen que sea una opción para ellos.
Ateos por bronca: son aquellas personas que estuvieron muy identificados con lo religioso y que su separación de esa creencia fue debida a algo que los lastimó o por presenciar algo que perjudicó a alguien. Son aquellos que se presentan como ateos pero que su rol es más que eso, es revindicar que todo el mundo debería ser ateo y que no serlo es por culpa de la religión, dueña de todos los males.
Ateos por vagancia, sin convicción simplemente lo son porque ser ateos le sale más “barato” en término de esfuerzos, energías, cosas a hacer y demás. No revindican el ateísmo, simplemente no ocupan su tiempo en pensar eso. Estos, obviamente, serían creyentes si la religión sería cuestión de menor esfuerzo. Es verdad que, en otras épocas, era más “cómodo” ser creyente, todos lo eran. Entonces los rituales eran también lugar de encuentro, los debates eran una simplificación pero permitía estar dentro. Hoy ser creyente implica un mayor esfuerzo, de rituales que no todos participan, de discusiones que uno quiere tener, de posiciones más discutidas, de saberse no tan bien visto.
Esta “clasificación” es un simple ejercicio. Es más, estoy seguro que pueden surgir algunas otras opciones Sn embargo, me parece relevante subrayar que el ateo por razón me parece admirable mientras que el ateo por bronca me parece más peligroso. Porque en definitiva la bronca siempre puede esconder la violencia y eso hace que el otro pueda sufrir. Antes que salten por el famoso tema de “defender a curas pedófilos”, valga aclarar que para todos los seres humanos deberían caerles las generales de la ley y ningún grupo debería darle algún tipo de inmunidad. Esto lo señalo porque  hay que  tener cuidado de cometer el mismo error que se comete con “todo planero es un motochorro”, “todo empresario es un esclavizador” y así se puede seguir.
Nunca jamás pensé ni escribí que un delito deje de ser delito. Valga decirlo antes que nada. Mi postura no tiene que ver con eso, sino con el hecho que recordar un viejo principio de las relaciones humanas: la bronca no es la mejor consejera. La razón puede darnos mejores argumentos aun en esos casos.


19/3/19

viernes, marzo 08, 2019

Mujer


He conocido mujeres. Algunas me dieron todo, otras bastante, algunas pocos, varias nada. La mayoría de las veces independiente de mis méritos. Lo único que espero que lo hayan hecho libres y soberanas de hacerlo.
He conocido mujeres que he encontrado bellas, que he deseado, algunas hasta me desearon. Pero también mujeres por las cuales no sentí deseo ni nada. Es más algunas que no vi lindas. Con muy pocas junte deseos, belleza y sentimiento. Con algunas solo deseo, quizás. Me han devuelto un poco de ello y, en ocasiones, hemos coincidido. Lo único que espero que cada vez que lo hayan hecho hayan sido ellas quienes han decidido.
He conocido mujeres leales, otras no tanto y hasta aquellas que me han traicionado. Sin que ello sea nunca muy grave, valga decirlo. He conocido mujeres que me deslumbraron con su inteligencia, otras que me sorprendieron por lo tonta o ignorante. Lo único que espero que no hayan sentido ni envidia negativa, ni desprecio.
He conocido mujeres brillantes, empoderadas, sensuales, asertivas, teóricas, prácticas, indiferentes, con cuerpos de todo tipo pero aún más con mentes diversas. Mujeres superficiales, profundas hasta donde yo nunca conseguiría llegar. He conocido mujeres que he admirado y otras que nada que ver. Mujeres trabajadoras, holgazanas. Mujeres ricas opulentas como también pobres más allá de lo justo.
He conocido mujeres artistas con una sensibilidad que conjuga universos y otras con una sensibilidad casi nula. Mujeres que bailaban para expresarse y otras que sólo se movían por obligación. Mujeres que repetían roles y que los creaban.
He conocido mujeres con discursos machistas, mujeres con declaraciones feministas, mujeres verborrágicas, mujeres sin palabras, mujeres calladas y con palabras vacías. Mujeres que se sometían, mujeres que dominaban, mujeres que gritaban y otras que murmuraban. Mujeres que solo querían guerra, que buscaban únicamente amor y otras que iban andando en su vida dispuesta a lo que llega.
He conocido mujeres pacíficas, violentas, indiferentes, comprometidas, capaces, profesionales y amas de casa. Mujeres que se sentían orgullosas de ser madres y decididas por no serlo. He conocido mujeres felices y tristes. Mujeres que reían a más no poder y las que contenían la risa. Las que lloraban y las otras, las que hacían llorar. Y la lista puede seguir más aún.
Podría decir que casi lo mismo para hombres. Casi todo, o –con muchas licencias- semejante. Esa es la humanidad. Esa es nuestra riqueza somos diversos y, si estamos disponibles, la vida es encuentro.
¿Entonces? Porque el día de la mujer. No porque sólo son geniales, hermosas, empoderadas, sin capacidad de rendirse. No, la humanidad es todo. Es el día de la mujer porque sé que la lucha para que los derechos sean siempre universales, indiscutibles, permanentes, constantes e indiscriminados está aún vigente. Estamos lejos de haber llegado a la meta, aunque estemos decididamente más cerca que otras épocas. Porque la inequidad aun golpea fuerte. Porque la violencia contra ellas sigue siendo una constante que no todos consideran como lo que es: nuestra deficiencia como humanidad. Porque la libertad es libertad si lo es para todas las personas. Porque todo eso es porque somos humanos y no por otra razón.

O sea, lo sepamos la humanidad aún está en deuda con la humanidad.

8 de marzo

Soy varón. Nací de una mujer, tuve un hijo con una mujer. Me enamoré de mujeres. Conviví con ellas, aprendí de ellas, discutí con ellas, atendí a ellas de diversas formas y me atendieron también. Me enseñaron mujeres y enseñé a mujeres. 
Mi vida es buena porque ellas hicieron tanto, me dieron tanto, me permitieron tanto. Pero sigo siendo varón. Forma parte de la especie humana por ello. Cometo errores, a veces, aciertos. No creo capaz de cometer violencias. Soy esa parte de la humanidad que cree en la paz y la no-violencia como verdades indiscutibles, por más que nos cuesta más de lo que debería. Soy esa parte de la humanidad que se siente privilegiado de pertenecer a una especie con tal diversidad que es capaz de la riqueza inenarrable de la humanidad toda.
Soy esa parte de la humanidad que hoy, 8 de marzo, no exalta virtudes, sino que exige derechos, que clama por las injusticias, que hoy, detrás de ellas, revindica a la humanidad que lamenta que la violencia esté presente, que aun deba lucharse por derechos elementales, obvios y adquiridos tantas veces sólo para los “otros”.
Hoy 8 de marzo, no hay felicitaciones aunque si recuerdo a todas las mujeres que me hicieron ser, me permitieron ser y fueron conmigo. Hoy, sin flores ni bombones ni nada  de eso, quiero sostener las banderas que ellas sostienen, porque, lo confieso, las necesito. No hay forma que mi humanidad sea mejor si la violencia sigue existiendo así, si los derechos no son realidad, si la libertad no es un poema sino la forma real de vida que tenemos y necesitamos.

Hoy 8 de marzo, nuevamente, estamos pidiendo que la humanidad sea definitiva y completamente humana.

viernes, marzo 01, 2019

Certezas inevitables



El gobernador afirmó que en “Tucumán se hace Educación sexual”[1]. Aquí debemos darle la derecha, es así. No hay lugar a dudas. La educación sexual es inevitable: ya se hace. Se realiza aun cuando la desidia, la ignorancia, el silenciamiento, la intolerancia sean los vectores de la misma. Se hace. Es innegable. Aún más, también podemos afirmar que existen algunas propuestas de educación sexual que se adecuan un poco más a la ley y que pretenden hacerla según los mejores estándares (sistemática, constante, científica, pedagógica, integral, activa). O sea, una educación sexual que se cimenta en el trípode: conocimiento veraz, desarrollo de habilidades para la vida y valores universales (en nuestra sociedad los DDHH como norte).
O sea, si se hace Educación sexual, algunas veces orientada por la ley, la mayoría de las veces por esfuerzos aislados, algunos comprometidos con ideas mejores, otras con buenas intenciones pero sin los basamentos mínimos y necesarios y, otras, valga decir, malísimos, sin ton, sin son, sin intención de dar una educación sexual.
Ahora bien, un año escolar comienza, el desafío se renueva y la pregunta sigue siendo la misma: padres, madres, educadores, profesionales, políticos: ¿este año nos haremos cargo de la educación sexual integral o seguirá siendo una de las deudas con aquellos que en cualquier discurso siguen siendo “la prioridad”? Nuestros niños, niñas, adolescentes y, valga decirlo, adultos, no deben esperar más. Casos durísimos como los que mantuvieron en vilo a nuestra sociedad los últimos días exigen una respuesta inmediata de soluciones urgentes pero también marca un tema insoslayable: la prevención es la deuda urgente a saldar. Una prevención que parte de un trípode excelso. Así es, porque la prevención optimiza los recursos, minimiza los daños, promociona lo calidad de vida de manera pragmática y potencia las posibilidades que nuestra propia diversidad como humanidad nos ofrece.
Que este año nuestra sociedad se haga cargo de la educación sexual integral de manera más constante, ejecutiva y sistemática no sería innovador, sería lo que nos debemos. Aprovechemos lo que se hace bien, cultivemos lo que se puede hacer mejor y breguemos porque la justicia educativa sea la herramienta de la independencia que anhelamos donde el sufrimiento de los menores, cuando es inevitable, sea una realidad. No hacerlo, estoy seguro, implicaría para los que creen, que serán demandados por Dios y la patria con el peso de la humanidad toda.




[1] https://www.lagaceta.com.ar/nota/799271/actualidad/segun-manzur-tucuman-si-se-brinda-educacion-sexual.html 

Entrada destacada

Deseos 2020

Este año es bisiesto. Como cada 4 años, dirán, pero esta vez lo noté. Un día más, un año diferente. Una ilusión de creer que lo excepcio...