Un año
nuevo empieza. Lo sabemos, no es otra cosa que la continuidad del tiempo vital.
Ayer fue miércoles, hoy jueves y la diferencia está en ese número final de una
fecha que se modifica. Es algo obvio y, todo lo sabemos. Pero, ese mínimo cambio,
en este año un 5 por un 6, como pasa todos los años, nos general el impulso
vital de pensar que las cosas se van a modificar de algún modo porque,
independiente de tus creencias, algo diferente puede pasar. Un año nuevo es una
esperanza y con ello se van colando deseos, deudas impagas, explicaciones no
dadas y también las que necesitamos con urgencia, ansias de lo diferente o de
lo mismo que ya tenemos, pero más fuerte. Un año nuevo es una promesa imposible,
pensada como algo real. Un año nuevo es, básicamente, una nueva función que nos
permitimos. No es magia, no es destino, ni otra cosa que el renovar esfuerzos,
tal vez, no insistir en tonterías, o desafiar nuestra lógica y hacer lo diferente
esta vez.
Es la posibilidad que nos damos cada mañana de hacer algo mejor con lo que
tenemos o buscar lo que nos falta. Por alguna rara ilusión pensamos que esa posibilidad
se da cada vuelta de la tierra (365 días y horas), porque así podemos creer que
es real. Pero, aunque nos cueste la única verdad que nos cuesta, somos nosotros siempre, en cada instante, porque podemos
hacer las cosas mejores o cambiar el rumbo de lo que estamos haciendo y
sintiendo que es incorrecto. No creo en esta magia del cambio de año (Aclaro: si creo en la magia que dos
personas pueden creer y crear, eso siempre), pero no en la magia que dice que las cosas sólo pasan son
porque nos proponemos: la tonta ley de la atracción. Yo le doy mucha importancia a la vida real y sé que,
objetivamente, hay circunstancias que nos rodean y nos generan, en ocasiones, muchas dificultades. Cada uno sabe los escenarios donde están, las circunstancias que lo
rodean y, en ocasiones, lo ahogan. No existe ley de la atracción que nos
defienda de lo cotidiano. Pero si creo que hay otros que nos rodean y que en
ello hay una realidad que nos permite pensar en esperanzas. Creo,
definitivamente, que la palabra puede ayudar, que la mirada del otro es algo
que puede ofrecer fuerzas y entusiasmo. Que los abrazos son un súper poder, que
las caricias son energía en estado puro. Que los besos pueden ser el aire que nos falta en momentos. Que aun cuando la soledad te rodea inmutable,
no estamos solos, aunque no seamos capaces de crear puentes. Por eso, estoy
completamente persuadido, que un año nuevo es igual a un día nuevo, una ocasión
maravillosa para intentar nuevamente ese baile de ayer. Vivir es sólo intentar
con convicción, a pesar de otros fracasos, de habitar el mundo, siendo siempre
ese otro que alguien necesita y esperar que ese otro también esté presente para
ti. Sea jueves 1 de enero o jueves 17 de septiembre, la función puede empezar nuevamente.
1° /enero
/2026
