lunes, diciembre 07, 2015

Silencios

La vida está plena de silencios. Cohabitamos con ellos y ellos nos permiten universos. No hay como un silencio para definir encuentros, distancias, sentimientos, situaciones. Un silencio es, muchas veces, esa línea que separa lo imprescindible de lo innecesario. Una delgada línea que nos acerca a lo profundo de nosotros mismos y de los demás. Pero también puede ser, el silencio, un flagelo, el castigo brutal que no deja marcas pero desangra. Aquel que nos quita el aire, nos sumerge en la desesperación. 
Por ello silencio es, sin dudas, un arte difícil de manejar. Será porque el silencio es aquel prisma que permite que lo que lo atraviesa se convierta en tantas cosas. Un silencio es pacto, es entrega, es necesidad, es voluptuosidad y, en ocasiones, lo contrario; en su interior puede albergarse el frio de la distancia y la secreta intimidad que pocos elegidos pueden alcanzar.
Hay en el silencio espacio suficiente para manifestar con toda amplitud la virtud y el vicio; el pecado y la redención; el interés y el desprecio. Convive en su sutil arquitectura el diálogo y la negación del otro. No existe, quizás, algo que pueda hacer más esencial el compromiso con el otro que el uso consciente del silencio, en la medida que usarlo nunca acalla ninguna voz. Porque el silencio es válido cuando es decisión, cuando es manejo, cuando es libertad y cuando permite que su existencia sea también bálsamo para el otro y para uno. 
Dejemos que el silencio nos acompañe como una forma más de acercarnos al otro, nunca de alejarnos, de perdonarnos, recibiendo perdón, de permitir que sean la arquitectura donde los sonidos nos deleiten y nos permitan el lujo de estar acompañados.

Entrada destacada

Deseos 2020

Este año es bisiesto. Como cada 4 años, dirán, pero esta vez lo noté. Un día más, un año diferente. Una ilusión de creer que lo excepcio...