Ya es conocido –o debiera serlo- que en el mundo de las parejas
saludables deben existir un mínimo de tres espacios: el mío, el tuyo y el
nuestro. La existencia de esos tres espacios es, sin dudas, uno de los seguros
más importantes que tiene una pareja para mantenerse de manera satisfactoria,
constructiva y en movimiento positivo. Esto, lo señalemos, incluye una obviedad
previa: debe haber una capacidad de comunicar optimizada en ello. Esta
capacidad es sustento, definitivamente, de una pareja que es saludable. Aunque,
valga decirlo, existen muchas parejas estables que se mantienen a pesar de sus
severos problemas de comunicación, tanto los de siempre como aquellos que
surgen en algún momento para alguno de los miembros de la misma, sin embargo,
no se puede hablar en esos casos de una pareja saludable.
a-
Deben existir en sí mismo. No es una ficción que
nos contamos o contamos para responder a un nuevo paradigma moderno de parejas.
Existe porque lo decidimos, lo pensamos, lo sentimos y lo realizamos. No es
como un hobby que los jubilados quieren aprender porque no saben qué hacer. No
es algo que existe porque tienen entidad en sí mismo. No es una obligación
contractual. Es, simplemente, un compromiso real con uno mismo primero. Los
espacios existen porque nuestra claridad en el autoconocimiento, en la
autoestima y en la asertividad son concretas y reales
c-
Deben contener las tres “c”: comprendidas,
consentidas y comprometidas. Señalo que no son “toleradas”, sino consentidas
como tales. No digo escuchadas, sino
comprendidas y son comprometidas, no soportadas. Estamos hablando que la
esfera cognitiva, emocional y volitiva dan un “sí”. Esto es lo que las
transforma en un seguro para la pareja.
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