jueves, septiembre 08, 2022

Sexo oral

 

Esta semana pasó el 6/9 que fue elegido como el día internacional del sexo oral, por razones, digamos, obvias. En estas épocas, todos sabemos que hay días para todos, como una de las formas de señalar la importancia que tiene lo celebrado para la vida humana porque, en definitiva, por eso se anotan estos días “especiales”. No es para circunscribir las cosas a un día, en este caso, el placer, sino para recordar lo importante que puede ser como parte de las actividades sexuales consentidas que un ser humano deseante puede realizar para el bienestar
compartido.

Quisiera señalar dos cosas sobre el sexo oral. La primera es que, si bien se usa la boca, obviamente, no es para priorizar la palabra, sino la acción. Lo segundo, que es una de las actividades lúdicas del sexo que siempre incluye a otra persona, es decir que se comparte. Esto me lleva a un punto importante: el sexo oral puede ser visto como una comunicación, lo que implica varios elementos. Señalemos que, a diferencia de la información, la comunicación tiene condiciones específicas que la definen.

La primera condición es que es interrelacional. Funciona con otro que participa del instante comunicativo. Como sabemos –o deberíamos reconocerlo sin problemas-, el hecho interrelacional es un encuentro con alguien con la intención que ese proceso comunicativo sea positivo. Así, la comunicación se da porque dos personas participan activamente en ese momento. Que el otro participe implica una decisión relacionada con saber cómo queremos que participe y también que lugar le vamos a dar para la participación. Esta obviedad conlleva que, por más que haya monólogos que digan tanto, la comunicación se orienta más al diálogo, lo que incluye el decir y el escuchar. Tan obvio, como olvidado muchas veces.


Pero volvamos a lo que nos interesa, la comunicación, la cual es compleja, que puede hacerse simple o complicada. Esa comunicación tiene puntos específicos que son los que la potencian. Partiendo que el sexo oral es una forma de comunicarse, podrían pensarlo a partir de los tips necesarios para una buena comunicación. Veámoslos:

1. Mirar a la persona que está hablando, es decir quien participa del encuentro es importante en ese momento, ocúpate de buscar la mirada en medio de la acción.

2. Hacer preguntas. Mostrar interés capta interés. Para eso recordemos que la otra persona sabe más de sus propias sensaciones que tú, así que escuchar sus indicaciones te ayudará a hacerlo mejor.

3. No interrumpas; reconoce el momento adecuado para intervenir, lo que está asociado con aprender el ritmo que el otro, quien lo recibe, necesita para disfrutar mejor.

4. Dado lo anterior, recuerda no cambiar el tema de improviso, traducido en nuestra analogía, busca el ritmo adecuado y mantenlo.

5. Muestra empatía por la persona que habla. Estar atento a lo que el otro percibe es esencial, más cuando se ofrece algo.

6. No controles la conversación. Permite la retroalimentación y diversidad de opiniones. Básicamente es el mandato esencial en toda relación: aprende de lo que está pasando.

7. Comunica tus emociones y opiniones: el placer se vive mejor cuando se expresa y eso se hace aún mejor cuando somos capaces de poder hablar con la mayor libertad posible.

7- “Escucha” al cuerpo, es decir prestar atención al otro. Eso ayuda a encontrar el ritmo adecuado. Finalmente, lo más importante que tantas veces olvidamos:


8. Evita el daño. Una actitud que debería ser permanente, en cualquier comunicación. Pero puntualmente señalemos dos daños a evitar en esta práctica que nos ocupamos hoy: a)- el físico para eso tener en cuenta el uso del preservativo o del campo de látex para practicarlo (lo que no saben lo que es porque aún no tuvieron educación sexual integral, se resuelve fácilmente con la información precisa que da el ministerio de salud sobre esta temática (www.msal.gov.ar ), también es importante y recomendable realizar consultas médicas para descartar enfermedades o infecciones presentes; b)- Nos preocupemos en evitar el daño al resto de la persona, evitando vulnerar los derechos, evitando toda violencia, coerció.

El sexo oral es una práctica sexual y, como tal, sólo es válida cuando se la consiente. Sin consentimiento es un crimen. Pero también señalemos otra obviedad, consentir es el punto inicial de todo el placer. Cuando lo comprendemos, lo asumimos, nos damos cuenta que toda práctica es mejor cuando la elegimos libremente, la hacemos con deseo de participar, nos disponemos a escuchar a quien nos acompaña, decidimos hacerla con la mayor dedicación que podamos en ese momento y procuramos que nos genere placer. Al hacerlo, el bienestar necesariamente se puede potenciar. Milenios de historias e infinitas pequeñas historias lo avalan. 

jueves, septiembre 01, 2022

Hablemos de placer

 

Este 4 de septiembre se celebra el día de la salud sexual. Esto está impulsado, desde el 2010, por la
Asociación Mundial para la Salud Sexual (WAS). Con este día se busca promover la conciencia, y generar acciones, tanto a nivel personal como de políticas sanitarias, educativas y sociales, para promocionar que la salud sexual sea considerada como un elemento axial para las personas y, por lo tanto, para la sociedad. Cada año se elige un slogan particular para generar esa conciencia, a través de diferentes actividades. El de este año es: Hablemos de placer. Eso se asocia con la Declaración sobre el Placer Sexual como un llamado a la acción que la Asociación mencionada impulsó en el 24 Congreso Mundial de Salud Sexual de la Ciudad de México.


En dicha declaración, en primer lugar, se define al placer sexual, diciendo que es “la satisfacción y disfrute físico y/o psicológico derivado de experiencias eróticas compartidas o solitarias, incluyendo pensamientos, fantasías, sueños, emociones y sentimientos”. Luego se subraya que son factores clave para que el placer contribuya a la salud y el bienestar sexual que existan “la autodeterminación, el consentimiento, la seguridad, la privacidad, la confianza y la capacidad de comunicarse y negociar relaciones sexuales”. Luego se expone claramente que “el placer sexual debe ejercerse dentro del contexto de los derechos sexuales, particularmente los derechos a la igualdad y la no discriminación, la autonomía y la integridad corporal, el derecho al más alto nivel posible de salud y libertad de expresión. Las experiencias de placer sexual humano son diversas y los derechos sexuales garantizan que el placer sea una experiencia positiva para todos los interesados y que no se obtenga al violar los derechos humanos y el bienestar de otras personas”.

Todo esto es algo que, seguramente, podemos entender fácilmente. Es más, ¿cómo estar en contra de
algo que promueva el consentimiento, la seguridad, la igualdad, la autonomía, la integridad de las personas, la no discriminación, la no-violencia? Sin embargo, lo sabemos, aun coincidiendo, todavía no hemos logrado que los derechos sexuales estén presentes siempre, ni que el placer sea una opción para todas las personas. Porque, lamentablemente, todavía vivimos en una sociedad donde se produce daño por la intolerancia, por la negación del otro, por la violencia, entre otras cosas.


Lo curioso es que podemos saber –por la propia experiencia- que el placer, aun siendo tan personal, cuando lo vivimos, nos genera, claramente, una mayor tranquilidad lo que repercute sobre los otros aspectos de la vida cotidiana. Podríamos decir, sin temor, que cuando disfrutamos –el placer implica eso- nos sentimos más tranquilos para el resto de las cosas. De alguna forma era la premisa simplista de “hacer el amor y no la guerra”.

Entonces, la pregunta sería ¿Cómo potenciarlo? Pues lo primero sería lo primero: darle alguna importancia de modo personal. El placer es uno de los recursos necesarios del ser humano, al alcance de las posibilidades, la mayor parte del tiempo y que podemos usufructuar con mayor o menos facilidad, canalizando nuestros deseos pero precisa que lo tengamos en cuenta y que lo busquemos.

Lo segundo, reconociéndolo. Es decir, saber lo que nos produce placer y lo que no lo produce. El conocimiento de nosotros mismos en el mayor grado posible es condición indispensable. Lo que incluye, en el caso de la vida sexual, tener nuestro propio mapa erótico. Lo tercero, comprender que el placer se comunica y también se lo procura, comunicando, una actividad que se aprende y se perfecciona. Lo cuarto, recordar que el placer se optimiza mucho cuando sigue un circuito, llamémosle, circular. Porque el otro siempre es importante (recordando siempre, que uno es el otro de alguien). Por ello, generar placer es una de las formas de crear espacios donde este se desarrolle más.

Simplificando, como una suerte de ecuación: el placer es siempre mejor cuando comprendemos que es un derecho que tenemos, que somos quien posee la mejor guía para mi placer y que comunicando –con cualquiera de las formas de hacerlo- siempre es necesario para conseguirlo. Lo obvio, pero no menos importante, que aun debemos señalar es que el placer se potencia cuando el consentimiento está presente. Es la forma que en el espacio del erotismo estemos tan presentes, de modo tan integral, que no haya forma que eso no nos lleve hacia el séptimo cielo. Simbólica y realmente. Quizás, de ese modo, las promesas del cielo puedan ser vividas en esta tierra, como dijo algún cantautor.

 

 

 

domingo, agosto 14, 2022

Kamasutra


Pocos libros tienen tanta fama y tan pocas lecturas como el Kamasutra. El famoso tratado del sexo suele ser mencionado tantas veces y, sin embargo, en muchos casos forma parte de un mítico saber y no del haber sido leído. Veamos un par de detalles. El Kamasutra (De 'Kama', placer sexual, y 'sutra', hilo, regla o frase corta) es un antiguo texto hindú, escrito por Mallinga Vatsayana (entre los siglos I y VI. d.C.), erudito bráhmana, es decir, perteneciente a la casta sacerdotal. Es menester recordar que una fina línea divide el sexo y la religión en el carácter de la India. En esta tradición, la ley señala que una relación sexual debe ir más allá del mero acto de la procreación: de ella debe orientarse al máximo placer. El libro, después de haber permanecido como olvidado en manuscritos escritos en sáncristo, paso a otra instancia cuando fue traducido por Sir Richard Burton en 1889, para comenzar allí su divulgación sin límites en occidente.


A pesar que lo primero que evoca la mención de este libro es la práctica libre del sexo y, por lo tanto, un número “loco de posturas sexuales” (para aclarar el libro habla de 64 posibilidades), en realidad el libro es un tratado complejo sobre la unión erótica entre un hombre y una mujer, incluyendo las esferas del amor, la utilidad de la pareja y la ley sagrada para quien lo escribió. Es más, el libro original plantea 7 temas concretos: 1- la vida del ciudadano (en cuanto a cuestiones materiales:  el patrimonio, la decoración sensual de la casa), 2- se exponen técnicas sexuales como acariciar, morder, besar y hacer el amor, poniendo énfasis en el placer de la mujer) , 3- se explica el arte de la seducción, 4- el matrimonio y la creación de la familia (donde se expresa con más énfasis la visión patriarcal inherente al tratado ya que da, sobre todo, instrucciones de cómo ser una buena esposa), 5- las esposas de otros hombres (se da indicaciones sobre la seducción de las mujeres de otras hombres y las consecuencias de eso), 6- la cortesana, es la otra parte y se orienta a una profesión muy activa en esas épocas donde el tratado fue escrito y, finalmente, 7- se habla de los filtros del amor y de los afrodisiacos.

Aunque es un tratado complejo donde se lo debe ver como una guía para comprender una
sociedad específica en un momento histórico, ha quedado en el imaginario como un libro que potencia la vida sexual y nos habla de todo tipo de proezas posibles en una cama. Digamos que, si uno lo lee, vería que no es solo está las sugerencias sexuales, sino un modo de comportarse y esos elementos no sólo nos podrían aparecer como anticuados, sino hasta inaceptables. Pero seguimos con la fantasía que ese libro puede generar el infinito placer. En esta lógica nos podríamos preguntar si ¿es importante usar el Kamasutra que imaginamos en una pareja? Pues la respuesta obvia es no. Pero es simplista. La propuesta mejor sería que cada pareja establezca su propio libro de amores, si uno quiere montarlo como quiera y de ese modo establecer las posiciones sexuales que quiera experimentar. Pero eso, ¿para qué? Porque el sexo es una de las formas que tienen las parejas para construir intimidad, compromiso y potenciar la pasión. Algo esencial para que la pareja funcione mejor, porque esas son las aristas que definen, en la teoría del amor de
Robert Sternberg
, el mejor triángulo posible. Pero, además, porque, como insistimos en otros momentos, la salud sexual favorece el bienestar de las personas. ¿Cómo lo debo hacer? Pues la manera simple sigue siendo el poder hablar, que es más que decir palabras, es buscarlas para que reflejen lo que uno cree, siente, necesita o piensa. Todos sabemos que no es tan fácil para todos hablar de lo sexual pero, además, lo más importante, el escuchar no sólo las palabras sino lo que se expresa en el cuerpo. Por eso no debemos cansarnos de insistir, lo que hace que nuestra vida sexual mejore siempre es la comunicación. Con ella, nuestro kama-sutra será siempre capaz de hacernos disfrutar y, como sabemos, eso es una de las mejores formas de vivir.

 

viernes, agosto 05, 2022

¿Qué sostiene el deseo?



Esta pregunta nos interpela. La escuché por primera vez en alguna discusión nocturna y luego planteada por la terapeuta americana Esther Perel (altamente recomendable su libro “El dilema de la pareja”). En esa pregunta se muestra uno de los problemas modernos más acuciantes que viven muchas personas en su vida de parejas: que el deseo se perdió o disminuyó muchísimo. Esto, obviamente, genera que sea difícil disfrutar la vida sexual y, en ocasiones, eso lleva a cuestionar el vínculo que los une. No por nada la falta de deseo es una de las consultas más constantes que existe actualmente en el campo de la salud sexual. Recordemos que el deseo sexual se produce cuando el cerebro interpreta determinado estímulo como sexual. Para eso se basa en el imaginario que uno tiene, la experiencia que ha vivido y, en ocasiones, con algo que no pensábamos que podía ser un estímulo pero que nos genera deseo.  Algo de ello desencadena una serie de estímulos neurológicos y que nos motiva a ciertos comportamientos sexuales. Así, el deseo es una combinación de mecanismos genéticos, neurotransmisores variados y de información aprendida a través de experiencias personales. Porque más allá de la explicación fisiológica que tiene el deseo, este se vive en el aquí y ahora donde podemos sentirlo y experimentarlo.

Por eso, valga insistir que el deseo al ser un impulso que tenemos los seres humanos que se basa no tanto en nuestro sentimiento –maravilloso que se asocien, eso si- sino en nuestra propia capacidad de crear estímulos a partir de nuestro imaginario sexual y asentado en nuestro propio mapa erótico. El deseo, diciéndolo simple: se lo puede estimular a partir de uno mismo como también comprender que el deseo tenga sus propios enemigos o inhibidores que, no pocas veces, uno mismo genera.

Entonces, ¿cómo hacemos para mantener el deseo encendido? En primer lugar, tomarlo en serio, que no significa otra cosa que darle importancia, o sea tiempo. Esto implica lo obvio, tiempo de calidad. Desear es sumergirse en escuchar los estímulos que nos gustan y buscarlos en la medida de lo posible. Me estoy refiriendo específicamente a las imágenes que nos estimulan nuestro propio imaginario. De más está decir que eso siempre partiendo de dos límites que siempre señalamos: no producir daño y el consentimiento como hilo rector de todo comportamiento sexual.

Darle tiempo implica dos tiempos importantes: el primero para escucharse uno, que es una forma de decir, descubrir lo que nos estimula el deseo, o sea el autoconocimiento. El segundo, escuchar a nuestra pareja, porque hoy es sabido que uno de los estimulantes mayores del deseo es notar la mirada de excitación en la persona que tienes enfrente, si tú la recibes bien, claro. Esto conlleva dos herramientas esenciales para poder sostener el deseo: la comunicación –que ya insistimos muchas veces- y el autorizarnos a disfrutar. Esto incluye recuperar lo lúdico que tiene el sexo también.

El deseo no sólo es algo humano, sino que es imprescindible para nuestra felicidad. Sostenerlo no sólo es posible, sino necesario. No es una posibilidad arbitraria, sino algo que se puede estimular, se puede generar y, cuando está indicado, se puede tratar. Para ello, recordemos la clave humana: lo que es bueno se debe estimular, cuidar y ocuparnos. No hay otro camino para que el disfrute sea lo que corresponde, una de las tantas formas de encuentro que la humanidad tiene y necesita siempre.

sábado, julio 09, 2022

Independencia

 

Los 9 de julio se evoca la independencia de mi país, Argentina. Muchas personas harán mención a la fecha patria, con más sapiencia y con más claridad. No es lo que me toca hacer, pero la palabra independencia si evoca mucho de lo que intentamos hablar en esas columnas: la relación con el otro. Recordemos lo obvio y necesario en primer lugar: la definición.  El diccionario nos refiere que es la cualidad de ser independiente y esta palabra nos remite a 4 significados según la real academia, de los cuales retengo dos: “Que no tiene dependencia, que no depende de otro” y “Dicho de una persona que sostiene sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena”. Básicamente se asocia con la idea de autonomía. Un valor revindicado por la ética, como también uno de los componentes necesarios de la autoestima.

Lo cierto que la independencia tiene que ver con la construcción personal de una identidad propia, con la delimitación individual de lo que se quiere, se desea para uno, con la convicción personal de lo que es lo mejor para la construcción de las relaciones que ambicionamos y, finalmente, con lo que nos autorizamos a hacer –que incluye lo que pensamos, lo que ansiamos, lo que nos comprometemos, lo que aceptamos- en pos de la noción de bien que creamos. Porque lo cierto que la noción de independencia no es declarativa, sino que es operativa y por lo tanto activa.

Ahora bien, la construcción de una independencia precisa de una especie de plan, que no quiere decir otra cosa que hay algunos pasos a tener en cuenta:

1-      La convicción de lo que se quiere: esta no surge de la nada, sino del autoconocimiento. Que es lo que me hace bien y preciso. A veces olvidamos que saber nuestros propios límites, deseos, habilidades, necesidades y certezas es el primer paso. No es sólo reflexivo, sino completamente educativo. El autoconocimiento es un trabajo que no siempre se realiza, pero que es esencial.

2-      Lo segundo es clave: Comprender que la independencia no es un hecho individual, sino compartido. El otro es importante, por lo tanto, la forma de relacionarnos, la forma de expresar lo que deseamos y lo que no deseamos no es un tema menor. La comunicación es parte constitutiva de la independencia. Expresar en términos claros los límites que no queremos pasar o que los demás pasen, expresando con decisión lo que deseamos y/o necesitamos tiene que ver con un concepto comunicativo fundamental a aprender y enseñar: la asertividad.

3-   

Lo tercero es aprender que nuestras convicciones se deben mantener y para ello las debemos elegir dentro del abanico más concreto y amplio. Nuestro país eligió hace tiempo, con buen tino, la noción de Derechos Humanos como un paraguas donde orientar las acciones. Es un marco lo suficientemente amplio como, también, es muy concreto para orientar nuestras acciones.

Esta propuesta de un plan tiene un trasfondo muy concreto: la independencia se construye día a día, se sostiene con las acciones y evoluciona con nuestro compromiso. Eso es lo que se hace cuando la educación está en el centro de las políticas públicas.  El famoso “educar al soberano” no es más que apostar a lo seguro: una educación positiva sólo puede generar beneficios. He aquí la cuestión que este 9 de julio pasado nos debe interpelar, quizás.

 

jueves, junio 30, 2022

¿Qué hace un profesional de la sexología?

 

Cuidar la salud sexual, sería la respuesta corta, correcta y directa. Pero, sabemos que a pesar de ser corta y correcta, no es directa. Las personas no tienen muy en claro lo que es salud sexual (lo digamos, ni los médicos, muchas veces, tienen la certeza sobre esto). Si lo pensamos un momento, nos damos cuenta que es lógico que sea así. La idea de salud es compleja, incierta e intangible para todos. Funcionamos mejor con la idea de la enfermedad. Esto tengo, esto no tengo, esto lo evito, lo sé evitar, etc. La enfermedad parece, tantas veces, el camino donde el profesional de la salud es el Moisés que nos llevará hasta la tierra prometida, pero sin entrar: la tierra de la salud.

Sumemos a ello que la sexología fue una especie de tierra de nadie durante tanto tiempo. Vista, en ocasiones, como un lujo que sólo pocos podían permitirse y donde las soluciones no eran todas contundentes, a pesar que podían ser muy eficaces en ciertos casos. Luego, podemos afirmar, llegó el vértigo. Así desde los años noventa todo surgió con una rapidez inusitada. Así, pasamos de la época del miedo por el VIH, a nuevas discriminaciones, terapias anheladas, nuevos fármacos -efectivos y eficaces-, un resurgimiento de la problemática de la anticoncepción por la consecuencia lamentable de su uso errado: el embarazo adolescente, la asunción de una vieja situación humana como un problema real –la violencia contra la mujer-, lo que mostró, por varias cuestiones, otro problema silenciado durante siglos y aceptado como natural: el abuso sexual en todo su espectro; también surgieron la reivindicación social y postergada durante tanto tiempo de los derechos de las minorías sexuales y el anhelo de los derecho sexuales como una utopía necesaria. Todo eso, en conjunto, hizo que la sexualidad adquiriese una presencia contundente a nivel social, más allá de su vivencia cotidiana innegable, lo que aumentó la visibilidad de sus dimensiones, y con ello sus opciones y sus requerimientos.


A todo ello se agregaron una suerte de erotización “en estéreo” lo que posibilitó que la moral sexual se modificara, en ocasiones para bien y otras de modo discutible, quizás, sobre todo cuando todo parece válido, o por lo menos defendible. Efectivamente, la manifestación periodística de la liberación sexual como una opción para todas las personas, la publicidad de la diversidad de comportamientos sexuales, todo acelerado a partir de la exacerbación de medios de intercambio de información y contactos. Es una nueva forma de exigir que el ser humano se adapte a lo que no desea, en ocasiones. En ese caldo definido por adelantos sociales, culturales, biológicos y psicológicos se podría pensar que es el marco donde la problemática sexual y la búsqueda de soluciones para ella debería ser una alternativa no sólo válida sino también solicitada fácilmente, exigida sanitariamente e impuesta como parámetro de la salud de la población.

Pero aún se resiste. La sexología aún busca su espacio profesional. Su identidad está dividida entre una suerte de biologicistas del pene –viagra mediante- y unos tantristas de lo holístico –esotéricos mediante-. Sin que esto implique decir que ni “viagra” ni el “tantra” no sean opciones válidas, necesarias, disponibles, exigibles y eficaces.

La sexología es la ciencia que estudia el sexo. De esta simplicidad podemos partir para comprender. Es decir, que consultamos a un sexólogo cuando nuestra actividad sexual no es la que deseamos tener, no es la que pensamos que debemos tener o esa actividad sexual nos interpela por algo. A partir de esas cuestiones debería nacer la consulta con un sexólogo.

Este profesional debería poder orientar a la persona en esas situaciones, según el problema, para procurar una respuesta a ese pedido partiendo del hecho concreto: ¿es realmente esa la queja? Es, en definitiva, lo que hace todo profesional de la salud. Escuchar, evaluar y proponer. En nuestro caso, sobre la actividad sexual procurando hacer que el consultante adquiera herramientas para encontrar satisfacción en la misma o señalándole los caminos a hacer para ello.

La sexología seguirá siendo tierra de nadie mientras los sexólogos no asuman que su actividad profesional sólo alcanzará su verdadera dimensión cuando sea capaz de contribuir en el proceso donde el otro aumenta las dimensiones de su vida sexual, en el sentido que la sexología le da a sexualidad, o sea, como cuestión integral de la persona. Esto, obviamente, dista mucho de una simplificación mecánica o un simple listado de posiciones, aunque esto sea más sencillo de presentar como campo de acción.

 

martes, junio 28, 2022

Día del orgullo gay

 

El 28 de junio se celebra el día que se conoce como del orgullo recordando lo que pasó en los "disturbios de Stonewall" (Nueva York), que sucedieron en 1969. Fue la primera vez que la comunidad gay se alzó contra una redada que la policía de Nueva York realizó en el bar Stonewall Inn, en Manhattan, un lugar de encuentro entre la comunidad homosexual. Este día hoy se conoce como día del orgullo LGBTIG+. Este es un acrónimo de las palabras Lesbianas, Gay, bisexuales, Transexuales e Intersexuales Queer y, donde el “+” es por otras posibilidades no contempladas en las letras anteriores. Que no es otra cosa que expresiones humanas a partir de una identidad personal.

Hay tres elementos transversales para pensar este día ya que son claves para toda nuestra humanidad. El primero señalar la importancia de lo que nos define como especie: la diversidad. Una diversidad que existe, aunque nos afanemos para no verla, despreciarla o ignorarla. Esta diversidad humana no sólo que no es un problema, sino que es una riqueza. Sin diversidad, podemos afirmar, no hay humanidad posible, ni crecimiento espiritual, ni desarrollo social, ni nada. Porque la piedra angular de la humanidad es el encuentro con alguien que es otra persona, la diferencia es inevitable, como que ella nos obliga, nos exige y nos da la maravillosa posibilidad de buscar consensos para construir puentes y espacios para encontrarnos.

La segunda cuestión elemental es que la eliminación de toda forma de violencia es una utopía (lamentablemente) que nos obliga a buscarla y, en ocasiones, concretar medidas concretas para disminuirla, limitarla, evitarla y controlarla. La violencia es el lado oscuro de la humanidad. Nuestro cotidiano lo muestra con tanto énfasis. Claramente la peor violencia es la que se hace contra el otro porque simplemente es otro, más cuando esa violencia se asienta en un odio que, como emoción, se funda en un sinsentido infernal, dado que el odio nunca es inocuo para quien lo tiene.

Lo tercero es uno de los recursos más brillantes que hemos logrado como comunidad, comprender que las personas tenemos derecho y por ello debemos perfeccionar nuestra forma de pensar, de observar el mundo, de escuchar al otro para dar una respuesta colectiva a favor de lo que es necesario. Otorgar derechos, permitirlos, legislar y actuar para ellos, no es otra cosa que una respuesta positiva de las personas para poder crear una sociedad que facilite el bien común que, lo subrayemos, debe evitar todo tipo de violencia.


Pero más allá de las utopías, sabemos que no todos comparten, sienten o ven esto como “normal” (las comillas se imponen, porque se trata de una palabra que la usamos no como reivindicación de una búsqueda necesaria que sería normal que toda persona tenga derecho a expresarse en libertad y que sufra ninguna violencia por ello, sino es utilizada como método coercitivo para marcar a las personas y generar discriminación).  Una sociedad que se empeña en eliminar la violencia, generar derechos y disfrutar la expresión de la diversidad estoy convencido que es una sociedad que busca realmente desarrollarse y aspirar a ser saludable. Los testigos de aquel día mencionan que los que se alzaron contra la redad entonaron la canción «We shall Over come» (En español, Venceremos), lo que nos recuerda una de las evidencias más intensas en nuestra cultura: la música (el arte), sigue siendo una de las formas más sensibles, fuertes, conmovedora y humana de cambiar el mundo. Porque, tal vez, como humanidad estamos llamados a hacerlo: el cambio siempre es ahora.

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