Sin embargo, somos seres que disfrutamos –o deberíamos disfrutar-
todos los sentidos y con ello ser capaces de sumergirnos en esos estímulos que
son capaces de hacer la desnudez que llegará tenga un camino que nos haga
sentir que todo es parte de un lujo de poder compartir.
En ese camino obviamente los fetiches tienen un lugar preponderante.
Aclaro fetiches es una forma de incluir cosas (detalles, vestimentas,
accesorios) que no son juguetes sexuales sino que estimulan el deseo desde el
atractivo visual, principalmente, aunque no el único sentido en juego.
Entre los fetiches que siguen teniendo un peso enorme en la relación
heterosexual (en este lugar me posicionó y lo hago desde el lado masculino,
valga aclararlo) anoto -sin pretender ni ser exhaustivo, ni ordenado- lo
siguiente: los tacos agujas (sandalias o botas indistintamente, pero estas
últimas mejor bucaneras), la lencería provocativa, las tobilleras, las transparencias
y las faldas cortas -aún más cortas de esas que te imaginas- y las largas que
tienen ese tajo imposible, las prendas que muestran un hombro, los colores
vivos, salvo el cuero que puede ser cualquier color, el látex (con limitación puesto que es más para otras
fantasías), las medias negras de seda (¡cómo pude olvidarme!). Comprendo claramente que es una concesión de la otra persona y por
ello parte de tres cuestiones muy concretas. Esas son las cosas que debemos
tener en cuenta antes que nada:
3-
Esto nos da el tercer elemento. Debemos pensar
que al pedir (sea con palabras, con sugerencias o con la disposición del otro
para saberlo) también debemos estar dispuestos a hacer lo mismo. O sea, también
hagamos concesiones. Esto es lo que se da cuando la intimidad es una forma de
estar con el otro, de buscarse y de permitirse ser.
Pues en esa lógica, quizás el gozo del sexo, sea algo tan lógico como
obvio cada vez que lo hagamos.
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