martes, noviembre 24, 2020

Consentimiento

Consentir es uno de los actos humanos más desarrollados que existe. Su aparente simplicidad dada por el decir “si”, incluye la noción de complejidad que E. Morin puso en evidencia. Creer que es un instante es una ignorancia que desconoce la increíble articulación que está en el proceso del consentimiento. Consentir implica alteridad en su esencia más humana, conocimiento en la certeza del descubrimiento personal, comunicación como derecho inalienable de toda persona y el deseo como norma estricta para la satisfacción. Creer que el consentimiento que se debe manifestar por un “sí” sea simple y superficial habla de nuestra incapacidad de comprender el hecho humano, de desconocer la dignidad del ser humano y ser incapaz de ver lo obvio: el otro es tan importante por ser otro (no me canso de repetirlo, y yo soy el otro también).

Entonces, consentir no es simple, pero es imprescindible. No es innato, sino que es una construcción basada en una pedagogía que aliente el conocimiento, el autoconocimiento, las habilidades para la vida (concepto de la Organización Mundial para la salud) y los valores más concretos para este siglo XXI: el paradigma de los Derechos Humanos.

Consentir es, estoy convencido, la piedra angular para construir relaciones de cualquier tipo. Como tal precisa de varios elementos no se consigue solo porque querer, se debe no sólo desear, pensar, intentar, sentir, decir, revisar, expresarse, preguntar, responderse, aceptar, establecer, reconocer, percibir, disfrutar, satisfacer, satisfacerse, amigarse, disponerse, entregar, entregarse, recibir, recibirse. Una lista larga pero también inacabada.

Si, consentir será decir “si” o decir “no”, sin otro límite que la convicción y sin otra razón que la convicción o la duda. Pero llegar a hacerlo de modo que el consentimiento sea lo que nos permita estar, sentir y compartir de la mejor manera posible y que redunde en beneficios para uno y, por ende, para los demás, es una artesanía que se debe aprender, se debe realizar, se debe perfeccionar y se debe respetar.

Así que nuevamente, pidamos educación sexual para que haya más posibilidades que la violencia no sea tan fácil, para que la satisfacción sea un cotidiano y para que los encuentros sean lo que siempre deben ser: la certeza de algo bueno.

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