“O valor das coisas, não está no tempo em que elas duram. Mas na intensidade com que acontecem. Por isso existem momentos inesquecíveis, coisas inexplicáveis e pessoas incomparáveis....” Atribuido a Fernando Pessoa
lunes, noviembre 21, 2011
Niños en la calle
Nuevas notas sobre el amor
El amor, ese sentimiento que todos ansiamos. El amor, con sus
variantes, con sus diferentes formas de expresarse, de sentirse, de vivirse. La
variedad de la comunicación humana le da un abanico a sus manifestaciones que
parece infinito (jamás es infinito, nuestras maneras de manifestarnos es
limitada, aunque, curiosamente, sea infinita la combinación posible).
El contacto con el otro, tanto en su necesidad como en el deseo, exige
que uno reconozca dos o tres cuestiones, en muchos casos implícitamente. La
primera, elemental como precisa: no soy tú, no eres yo. Esto, que se conoce
como alteridad, es la base primera que define la humanidad. Darnos cuenta que
entre yo y el otro –aquí es importante el “yo” primero- no puede haber nunca
continuidad, sino existe una imprescindible contigüidad. La segunda cuestión
que surge es, a partir de la conciencia de esa alteridad, es la necesidad de
algo que pueda hacer que en esa contigüidad se pueda encontrar maneras de
producir acercamientos, también vital, para el encuentro permanente con el otro.
Aquí surge la comunicación –en su variada, creativa y compleja manifestación
humana- como el recurso de la especie para hacer de la contigüidad inevitable
un aliado. La tercera cuestión que surge, es la renuncia. Como elemento
metafórico, principalmente. Ciertamente, frente a la inevitabilidad del otro,
que se transforma en necesidad, y la necesidad de comunicación, que se
transforma en inevitabilidad, la renuncia aparece como hecho ineludible.
Simplificando, para poder comunicarnos, en cierto momento debemos renunciar a
hablar, debemos renunciar a monopolizar la palabra. Para encontrarme con el
otro, necesito renunciar a ciertas cosas.
El otro implica renuncia, lo que no implica mutilación. Esto vale
decirlo. El amor como lo que surge y se muestra en nosotros en relación al otro
conlleva sensaciones de las más diversas: somos diversos, para sentir, para
vivir, para experimentar, para comunicar. La renuncia tiene el valor real de lo
que uno hace. No hay que creer que los demás pueden llegar a comprender el
nivel de renuncia que uno hace por causa del amor. Ni siquiera el amado, la amada.
Es importante, entonces, comprender que no ama más quien más renuncia pero
quien nunca renuncia realmente no ama.
viernes, noviembre 18, 2011
Mantra
Sólo crecemos cuando nos
liberamos. Liberarse es el desafío más grande que tiene el ser humano desde que
nace. Un desafío al que no puede renunciar. Me resuena, en esto, el “estamos
condenados a ser libres”. Sin embargo, sabemos que el ser humano toma, en
ocasiones, una vida entera para asumir ese desafío, el paso anterior a la
posibilidad de ganarlo. Efectivamente, sólo se puede vencer ese desafío cuando
lo encaramos.
Sin embargo, lo sabemos, el
ser humano toma atajos, caminos impredecibles, resguardos necesarios. Uno va
por la vida sin un GPS que nos guíe, sin unas indicaciones claras de muchas
cosas. Vamos descubriendo la senda que nos conduce a un destino que se va manifestando,
develando y reescribiendo en la medida que queremos y que avanzamos. En el
medio, deambulamos, caminamos, marchamos, avanzamos, descansamos y varias otras
cosas. Esto lo hacemos aún cuando estamos convencidos del destino, en
ocasiones.
Ho’oponopono significa
“corregir un error” o “hacer lo correcto” en la lengua original de los
hawaianos, me dijeron alguna vez. Es lo que debemos hacer para ser libres. Sin
embargo, hay veces que los errores son las elecciones que tomamos por los
demás. Esas veces en que aún acertando en la elección uno comete afecta a los
demás. Eso pasa, muchas veces, en relación al amor. Tal vez por ello, el amor,
siempre es tan complicado, incierto, difícil y, valga decirlo, tan misterioso,
necesario, innegable. Así funcionamos los seres humanos, a pesar, tantas veces,
de nosotros mismos. Eso es lo que hace que la experiencia de la vivencia humana
pueda ser inexplicable, misteriosa, compleja, profunda y única.
jueves, noviembre 17, 2011
Escultura
Algunos seres humanos somos como esculturas para los demás. Una metáfora
complicada, sin dudas, porque no es univoca en sus sentidos. La idea de la
escultura podría parecer algo inerte, pasivo, frío, superfluo, simplemente un
adorno que no tiene la prioridad del vínculo. Es verdad que se puede pensar en
eso. Pero pienso en la escultura como algo más complejo. De un lado ese proceso
creativo que surge desde la idea misma y que se debe confrontar con la
fortaleza del material y la fragilidad del material. Un proceso que nos pide
tiempo, nuestra pasión, nuestras emociones a flor de piel, nuestras
sensaciones, a veces, turbulentas, y otras cosas. No hay relación posible sin
la comprensión de ese instante de intimidad donde se desnuda ese mármol, donde
residen nuestras emociones.
También pensemos en la escultura que nos gusta, esa que conocemos los
detalles, las imperfecciones, la belleza que los demás no pueden ver, o si,
pero que la sabemos por habernos detenido a adorarlas a los pies, como se
adora. Ese vínculo que no pretendemos único pero que sabemos único puesto que
está construido desde esa distancia donde la desnudez es cercanía y no pudor.
Son esculturas, también, en el sentido que esas personas siempre nos perdurarán.
Están hechas de los componentes constantes que elaboran nuestros sentidos y nuestros
sentimientos; que, en definitiva, son aquellos materiales nobles que forman nuestra
propia esencia.
Sin dudas que habrá otras metáforas para pensar en el otro, en la
otra. Hoy acéptame esta ya veremos las otras.
Cumpleaños
Un cumpleaños es un día más en el calendario. Un simple día que le
damos valor especial. Un día, igual a otros que vivimos pero que intentamos y, algunas
veces, logramos que sea diferente. Un día único, particular y personal. Es como
si en ese día pudiésemos recordar con más certeza las maravillas que implican
que estemos vivos o, simplemente, que ser feliz necesita de un par de cosas y
no de mucho o, también, que nos merecemos celebrarnos por nosotros mismos. A
veces, ese esfuerzo lo hacen los demás, también es importante señalarlo.
También, en los cumpleaños, varias personas te saludan (hoy con la
magia de la web, muchos se enteran sin quererlo y como cuesta tan poco algunos
hacen algo al respecto). Lo cierto que de las personas que te conocen algunas
te agasajan, otras se olvidan y otras “hacen como”. La verdad que no considero
que el olvido de un cumpleaños sea un crimen. Es más lo considero hasta parte
de lo cotidiano. Es verdad que es lindo recibir el saludo de esas personas que
uno considera que son parte de nuestra vida o de aquellas con las que creer
tener un vínculo prioritario pero sé, también, que los vínculos, los
sentimientos, la cercanía se establece en un conjunto de cosas y no en hechos
puntuales. Estamos cerca de las personas que sentimos cerca. Ojalá que esas
personas nos sientan cerca. Ojalá que el esfuerzo que hagamos para ello sea
productivo. Pero también, vale decirlo, que las personas que, por las razones
que sean, están lejos –en cualquiera de sus variantes- en esos momentos tengan
ese instante mínimo para sentir que algo de lo compartido tiene valor, por más
que no lo digan.
Lo cotidiano tiene valor porque es lo que nos permite el día a día.
Porque en el día a día es donde se llora y se ríe –como síntesis de las
emociones que podemos vivir y, por lo tanto compartir-. Pero no quita, todos y
todas sabemos que siempre hay personas especiales, que independiente de tiempo,
cotidianeidad y circunstancias serán toujours
como una especie de Merlín, alguien como un mago que conoce lo profundo, esa
parte que está oculta en la piedra que nos forma y donde la espada queda
retenida en nuestro propia naturaleza.
lunes, julio 11, 2011
Congruencia
Uno ambiciona, generalmente, la congruencia. Muchas veces cree que la tiene ya conquistada. Casi siempre, se la exige con mano férrea al otro. Cuando nos afecta lo que el otro hace o deja de hacer somos, en ocasiones, más duros e inclementes con el pedido, léase la exigencia, de congruencia. Pero, ¿qué es ser congruente? El diccionario nos refiere tres ideas para congruencia: conveniencia, coherencia, relación lógica.
Conveniencia es un término que nos resulta duro de escuchar, pero que marca el comportamiento de las personas desde siempre. Hacemos las cosas por conveniencia. Esto no implica hacerlo interesado por sacar provecho ocultos, no implica mentir al otro. Implica pensar que el otro también nos ofrece cosas, nos da y que eso puede ser positivo para uno. Buscar lo que nos conviene no implica hacer daño, sino ser asertivos y procurar decir de forma clara lo que nos conviene y estar abiertos para otras opciones.
Sabemos, sin embargo, que muchas veces las personas a quienes queremos o que nos quieren nos pueden hacer daños o generar molestias por circunstancias y contextos. Sabemos que todos y todas tenemos defectos y que, tantas veces, debemos soportarlos, por la conveniencia de estar con esa persona y porque, en el fondo, hay cosas que esa persona nos ofrece y que son altamente positivas.
Coherencia. ¡Qué palabrita! Cuesta mucho mantenerla y encima, los demás, tantas veces, nos juzgan como se juzga tantas veces: implacables para algunos y permisivos para otros. El doble rasero es una constante humana, aunque no lo aceptemos. Ser coherente implica reconocer que el ser humano peregrina por la vida con muchas andares que, a veces, incluye zigzag y, siempre, algunas crisis que nos hacen rectificar rumbos. Ser coherentes implicaría, entonces, reconocer nuestros pasos en el famoso: “caminante, no hay caminos, se hace caminos al andar”, como Machado escribió y Serrat nos lo cantó.
Ser congruente, es el deseo que tenemos siempre. Es lo que intentamos tantas veces y es lo que, ojalá, podamos concretarlo algunas veces. Lo que importa, en el fondo, es recordar que la congruencia surge de conocernos, en primer lugar; luego hacer el esfuerzo –constante y dedicado- por conocer al otro, dejándole el espacio para que se muestre y en intentar ofrecer lo mejor que tenemos en cada momento. En definitiva, me pregunto, si ser congruente ¿es ofrecer u ofrecerse? Si es lo primero, vale exigir algo rígido, si es lo segundo, bien vale saber que somos humanos.
jueves, julio 07, 2011
Espejos
Otras personas son el reflejo de nuestras limitaciones. Ellos, sin la menor intención, nos muestran lo que nos falta, lo que nos hace ruido, lo que nos deberíamos cuestionar y no lo hacemos. Son personas que, lejos de ser perfectas -esto es importante- nos ponen en evidencia. Personas que son, vale decirlo, incomodas a tratar.
Personas que parece ser que sacan lo peor que tenemos. Personas que preferimos detestar, despreciar, alejar. Lo digamos, a veces, esas personas sufren nuestra violencia por el simple hecho de estar frente a nosotros, con su cortejo de “imprudencias”. Como si, en este caso particular, fuese válido -léase ético e imprescindible- matar al mensajero por lo que nos viene a decir.
Personas que parece ser que sacan lo peor que tenemos. Personas que preferimos detestar, despreciar, alejar. Lo digamos, a veces, esas personas sufren nuestra violencia por el simple hecho de estar frente a nosotros, con su cortejo de “imprudencias”. Como si, en este caso particular, fuese válido -léase ético e imprescindible- matar al mensajero por lo que nos viene a decir.
En realidad no es que sean un oráculo, simplemente son como superficies que reflejan, a veces sin intención, esa imperfección que nos cuesta aceptar como propia. Esas personas, en ocasiones, suman la capacidad –por llamarla de alguna forma- de encontrarnos, sin pretender hacerlo, los puntos débiles; son quienes hacen las preguntas inadecuadas o utilizan la entonación desacertada o mencionan el recuerdo que pretendemos olvidar; o aquellas que hacen el comentario serio en medio de la broma o la broma en medio de lo más fuerte de nuestra vivencia, sin ningún “timing”.
Esas personas incomodas, no siempre, pueden ser nuestros mejores aliados. Muchas de ellas son las que, también, pueden ser las que necesitan mucho más de nuestra tolerancia que, en definitiva, sería que asumamos que es verdad lo que solemos decir: no importa la imagen, sino la esencia de la persona.
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